EL PUNDORONOSO NIÑO JUANITO
La Codorniz
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para el lector más inteligente
¡VOLCAN!
¡VOLCAN!
Abuelo mío severísimo:
Sabrá usted que, días pasados, siendo la estación favorable y los días harto templados, quiso mi padre invitarme a un paseo instructivo, no solo a mi, sino tambien a unos cuantos condiscípulos míos y al buen maestro don Domingo, como el más docto de los hombres y bravísimo en la explicación de las flores, fauna y volcanes que pudiésemos topar en nuestro camino. Se convino que la hora del encuentro sería la novena del día como la más propicia para el paseo, y ya para los ocho estábamos todos en el lugar indicado, como conviene a quienes observan la máxima precisión en sus citas, y todo ello por correción y urbanidad.
Saludáronse mi padre y y Don Domingo con cuadruple agitar de chisteras y besamanos y besapies y entrelazamiento de barbas; nosotros, como escolares, y por ello subalternos ignorantuelos, solo fuimos admitidos al besapiés. Y cumplido que hubimos con las conveniencias, pusímonos en marcha hacia las afueras de la ciudad, y no habíamos avanzado de un tiro de revolver que ya se veían los volcanes, con sus humos y lavas, y las masas que salían del centro de la tierra y llegaban hasta cerca del cielo movidas por ferzas misteriosas. Y aquí se alzaban árboles bellos y corpulento, allí descendían los torrentes de cimas excelsas y acá y acullá cogíamos bellísimas flores con sus pistilos y sus estambres y su polen, todo lo cual nos explicaba concisamente nuestro buen maestro, mientras mi padre lloraba de emoción al verme tan aplicado y tan afanoso por instruirme. Y he aquí que llegamos cerca de los volcanes.
---Escolares, niños dilectísimos -exclamó el señor maestro- en el nombre del cielo os conjuro a que miréis a los volcanes, los cuales, por la compresióm del centro y la fuerza del fuego y del humo, lanzan hasta el cielo sus masas, piedras, lava y cenizas. Y así diciendo lloraba.
Y yo os digo, bienhechor nuestro , que iniciose aquí una doctísima disputa entre mi padre y el señor maestro. Y, en vista de lo cual, rodeámoslos todos rápidamente, puesto que nada en el mund considero yo más útil que una disputa científica. Dijo mi padre.
---Maestro, ¿estáis vos completamente seguro de que lo que envía al cielo la lava y las piedras es la compresión del centro? ¿No será, antes bien, obra de los demonios,los cuales, siendo maravillosa y misteriosamente fuertes, pueden lanzar dichas masas hacia el infinito?
---Muy respetado señor mío, yo os aseguro, y a las tumbas de mis padre pongo por testimonio, que nada o menos que nada, tienen que ver los demonios en el lanzamiento de las masas, y esto lo sé por larguísimos estudios que hice yo en mi juventud sobre tomos de miles y miles de páginas y por lustros y más lustros de escrutar atentísimamente los mapamundis.
---Maestro -replicole mi padre-, yo opino, sin embargo, que obra es de los demonios, y bbien sabe Dios cuanto me duele y me amarga contradeciros a vos, el más docto de los hombres y el más digno de fe.
---¡La comprensión de los centros! -repitió el maestro una y otra vez con los ojos que echaban chispas.
---¡Los demonios, los demonios! -replicaba mi padre.
Y nosotros, pequeños escolares, agitábamos la chostera complacidísimos, pues en verdad era esta la más maravillosa de las disputas científicas.
---Por todos los muertos, señor mío, ¿será posible que tan obstinadamente insistáis en vuestra opinión sobre las masas y los demonios?
---En verdad que sí -respondió mi padre. Y revolcóse por el suelo. Tambien don Domingo echóse al suelo y revolcóse en la tierra, a pesar de su grave enfermedad, no del todo curado. Y así hasta que vimos que mi padre gritaba: "¡Duelo, duelo!, por ser esta la mejor cosa que puede poner un fin honorable a toda disputa científica.
---¡Duelo tendremos! -replicó nuestro querido maestro-, aun cuando es esta una constumbre contraria a mis sentimientos religiosos, como posible causa de derramamiento de sangre. Y habiendo dicho esto saludáronse urbanísimamente los dos gentilhombre, con agitación de chisteras, pero no se entrelazaron las barbas ni se besaron los pie, y todo ello por desdén. Su afectísimo nieto.
JUANITO
Ashes & Steel
Chris
Stapleton ft Jelly Roll


