“CON
CAJAS DESTEMPLADAS”
Con gran enfado y enojo.
“Cajas”
eran llamados los tambores, y siempre estaban “templadas”, es decir, con los
parches tensos, salvo en actos envueltos en tristeza, como imposición de
castigos o ceremonias fúnebres. Hoy en día aún pervive parte de esta antigua
tradición cuando en Semana Santa, como evocación de dolor por la muerte de
Cristo, “se destemplan los tambores”.
“VETE
A LA PORRA”
Despedida de malos modos
a alguien que nos ha contrariado
La
"porra" era el bastón que portaban los tambores mayores, encargados,
entre otras cosas, de regular los
arrestos por faltas leves. El bastón se clavaba en el centro del campamento y
cuando un mando quería corregir una
falta mandaba al soldado “a la porra”, donde debía aguardar hasta que se
decidiese el castigo correspondiente.
"VÁYASE
AL CARAJO"
Despedida con desprecio a
alguien que molesta.
Los
mástiles de las antiguas carabelas tenían una cofa en forma de canastilla desde
donde se observaba el horizonte. Los marineros asociaban el mástil y su cofa
con el órgano sexual masculino por lo que terminaron llamando a ésta
"carajo". Permanecer en la cofa un par de horas, aguantando frío,
lluvia, viento y grandes balances, era un verdadero suplicio. De ahí surgió el
castigo que se imponía con la orden
"¡Váyase al carajo!".
“CAMBIAR
DE CHAQUETA”
Tomar una postura distinta a
la que antes se defendía.
En
el siglo XVII, durante las guerras religiosas sostenidas en Europa entre
católicos y protestantes, las casacas que llevaban unos y otros se
diferenciaban por el color, mientras que los forros eran todos similares. Así,
cuando les convenía, las tropas daban la vuelta a las casacas e iban
trampeando hasta salir del apuro,
llegando a combatir contra sus correligionarios
y a favor del otro bando.
“A
MI PLIN”
Me importa muy poco.
El
General Prim, personaje popular y de gran prestigio, estaba hacia 1.868
implicado en la lucha política. Cuando a alguien se le preguntaba “¿A quién
prefieres para sustituir a Isabel II?", la respuesta común y evasiva, como
queriendo decir que les llegaba con el General, era: “A mí, Prim”.
“ESTAR
BAQUETEADO”
Sentirse maltratado o
cansado.
Proviene
del antiguo castigo militar denominado “carrera de baquetas”, aplicado por
falta grave. Consistía en hacer pasar al penado entre dos filas, de hasta 100
soldados cada una, que portaban las baquetas o varillas de acero de atacar la
pólvora en los fusiles. El castigado, con el torso desnudo, corría entre las
filas mientras era azotado. Esta cruel corrección fue abolida en 1821.
“DE
TIROS LARGOS”
Con atavíos especiales para
asistir a actos importantes.
En
el ámbito militar se denominaban "tiros" las correas o tirantes que
sujetaban el sable a la cintura. Solo cuando se quería hacer ostentación se
dejaban los tiros sueltos o "largos".
“METERSE
EN CAMISA DE ONCE VARAS”
Complicarse la vida sin
necesidad.
Una
"camisa" o cortina era, en la antigüedad, un lienzo de muralla entre
dos torreones o fuertes, batido por las armas de fuego desde éstos. Si, además,
tenía una altura respetable, sobre los
diez metros (11 varas), atacar o combatir por ese lugar era tarea imposible por
arriesgada y casi inútil.
“SE
ARMÓ LA DE SAN QUINTÍN”
Se desató una pelea, reyerta
o disputa violenta.
Alusión
a la célebre batalla de San Quintín (1.557) en la que las tropas españolas de Flandes invadieron el norte de Francia y
derrotaron al ejército francés causándole 10.000 bajas. Posteriormente, la
ciudad gala fue violentamente saqueada. San Quintín quedo así como sinónimo de
violencia furiosa e incontrolada.
“SE
LE VE EL PLUMERO”
Se notan las verdaderas
intenciones de alguien.
Alusión
al penacho de plumas que coronaba el morrión o sombrero de los miembros de la
Milicia Nacional a partir de 1820. Esta fuerza liberal fue disuelta por los absolutistas y, en esta época
conservadora, cuando alguien descubría sus pensamientos o mostraba ciertas
tendencias liberales, se decía que se le veía el plumero.
“PERDER
LOS ESTRIBOS”
Perder el control sobre uno
mismo.
En
Caballería, los "estribos" son los apoyos de los pies del jinete
cuando está montado. Si se pierden los estribos, se pierde el modo de sujetarse
en la caballería con la seguridad debida y el cuerpo queda incontrolado sobre
la montura.
“SER
UN VIVA LA VIRGEN”
Ser persona despreocupada e
irresponsable.
En
nuestros antiguos buques de guerra, los marineros de guardia, al cantar el
turno asignado, gritaban sus nombres. Al último que había formado le
correspondía la última guardia y, además de su nombre, debía exclamar
"¡Viva la Virgen!". Como los que solían dar este grito eran casi
siempre los mismos, es decir, los más holgazanes, torpes o indolentes, se les
fue asociando con esta expresión que ha perdurado en el tiempo.
"PONER
UNA PICA EN FLANDES"
Llevar a cabo con esfuerzo
algo complicado.
Durante
la Guerra de Flandes, la mayor dificultad para el ejército español era enviar a
sus soldados hasta aquellos territorios, ya que estaban rodeados por naciones
enemigas. Los tercios debían viajar por el Mediterráneo hasta Italia para
enlazar con el llamado Camino Español que recorría éste país y cruzaba los
Alpes para llegar hasta el norte de Europa. Este colosal esfuerzo de cruzar
unos 1.000 Km, cargados con todo el equipo, entre el que se incluían las picas
que portaban los soldados, hacían de este viaje una gran proeza.
“DEJAR
EN LA ESTACADA”
Abandonar a una persona en
una situación comprometida.
"Estacada"
se llamaba el palenque o campo de torneo donde peleaban los caballeros en la
Edad Media. Después de la lucha, solo quedaba dentro de la estacada el
malherido o el que había tenido problemas.
"TENER
UN OJO A LA FUNERALA”
Tener un ojo morado y
semicerrado por una contusión.
“Funerala”
es el modo de llevar las armas en señal de duelo, es decir, apuntando hacia el
suelo. Se entiende que un ojo contuso con el parpado caído, que parece mirar al
suelo, está “a la funerala”.
“APAGA
Y VÁMONOS”
Calificar de disparatada o
ilógica una decisión.
Se
cuenta que, como la vida militar en campaña requiere brevedad y diligencia, se
hizo un concurso para ver cuál de los dos candidatos a sacerdotes castrenses
decía misa en menos tiempo. Subió el primero al altar, saludó a los soldados,
dio a todos la bendición y pronunció el
“ite, misa est” de conclusión de la misa. Tras esto, el segundo cura se acercó
al altar y le dijo al monaguillo: “Apaga y vámonos”.
“DE
PUNTA EN BLANCO”
Impecablemente vestido para
asistir a algún acto.
Tiene
su origen en la forma de presentarse de los caballeros medievales, que vestían
la mejor armadura que tenían para ir al combate o a los torneos, actos para los
que además sus armas, lanzas, espadas, etc., iban con las puntas descubiertas,
libres de sus fundas y vainas, para intimidar a sus rivales.
“ESTO
ES UNA BICOCA”
Es algo fácil de lograr y
muy beneficioso.
Proviene
de la batalla de la Bicoca (Italia) sostenida en 1522 entre las tropas
imperiales de Carlos I y las francesas. La rápida, aplastante y rentable
victoria de España, que quedó dueña de Lombardía casi sin esfuerzo, hizo
difundir la palabra “bicoca” asociándola a algo fácil de conseguir y muy
rentable.
“A
MANSALVA”
Con abundancia,
pródigamente.
Proviene
del antiguo término militar “disparar a mano salva”, que se utilizaba cuando el
tirador artillero podía efectuar gran cantidad de disparos desde un lugar
seguro.
“A
BOMBO Y PLATILLO”
Llamando mucho la atención.
La
frase proviene de la ostentación y sonoridad de los desfiles militares, en los
que tenían y tienen gran protagonismo las bandas de música con sus grandes
bombos, platillos y percusión, utilizados no solo para mantener el ritmo, sino
para captar la atención del público.
“PASARLAS
CANUTAS”
Tener grandes problemas y
dificultades.
La
“canuta” era un pliego manuscrito, sellado y firmado por su jefe, que el
soldado recibía al finalizar su servicio militar, acreditando sus datos,
destino y vicisitudes en campaña. Se le entregaba dentro de un canuto o
cilindro estrecho y de mediano tamaño. Esta licencia absoluta suponía el
principio de una nueva vida llena de dificultades y penurias si el ex soldado
no poseía oficio ni medios para sobrevivir.
“OIDO
AL PARCHE”
Prestar atención.
El
parche es la piel o membrana del tambor. Había que estar atento a su sonido
pues se utilizaba para trasmitir órdenes del mando.
"ESTAR
OJO AVIZOR"
Estar atento.
Avizor
es corrupción de la palabra francesa “aviseur” que designaba al vigilante o
centinela, que tenía que la obligación de mantenerse alerta.
Francisco Javier de la Uz Jiménez

























