El
creador del mortal Kaláshnikov volvió a la fe cristiana y se cuestionó su
legado antes de morir
El
General Kaláshnikov recobró la fe
cristiana siendo anciano y se redoblaron sus preguntas
¿Cuántas
personas han muerto por el fusil Kaláshnikov, con 80 ó quizá 100 millones de
unidades repartidas por el mundo, creado en 1.947 y aún
utilizado? En el ejército actual de Afganistán, que están formando la OTAN y los países aliados, han tenido
que ceder a la pasión que el AK-47 (acrónimo de Avtmat Kaláshnikova modelo 1.947)
sigue despertando: un arma “anticuada, aunque no obsoleta”, dicen las revistas
especializadas.
Su creador, el ingeniero
militar soviético Mijail Kaláshnikov,
fallecido a los 94 años en diciembre de 2013 tras una larga enfermedad, creó
un fusil ligero, fácil de usar, muy resistente, de alta efectividad y bajo
costo. Lo usan 50 ejércitos del mundo y luce en la bandera nacional de Mozambique.
En el mercado negro de Siria se vende por 2.400 euros.
Sin
nazis ¿Lo habría inventado?
Kaláshnikov
diseñó
el arma cuando se recuperaba de una herida sufrida en combate en la Segunda
Guerra Mundial. En 2.007, con motivo del 60 aniversario de su invento mortal, dijo que los nazis así fueron los
responsables de su invento, que su verdadera vacación era “diseñar maquinaría
agrícola”. Presumía de su eficacia técnica: un arma al que le lanzabas
arena en su mecanismo y seguía funcionando.
Pero aunque como técnico, Kaláshnikov estaba orgulloso del
mecanismo, espiritualmente sufrió mucho, sobre todo en sus últimos años, aunque
dice que la herida de su alma se abrió
ya en 1.941.
Ahora aparece una carta
emotiva que escribió y firmó en mayo de 2.012, enviada al Patriarca
Kirill de Moscú, 19 meses
antes de morir y ahora publicada íntegra
en Izvestía. Pese a tantos homenajes
y celebraciones, se sabía vinculado a la muerte de millones de personas, aunque
no directamente responsable de ellas.
Kaláshnikov, por
lo vivido en los años 40, quizá no pudo haber hecho otra cosa. En su
carta expresa dolor, duda, inquietud, humildad… no un arrepentimiento directo.
Es un hombre, un General
del Ejército Rojo, también un hijo de campesina, que ha vuelto a la fe
cristiana en su ancianidad y ha reflexionado sobre el bien y el mal, que no
están en las líneas del frente de batalla, sino mezclados en el corazón de cada
hombre.
“Mi dolor espiritual es insoportable”, escribe al Patriarca este anciano General retirado
de 92 años. Estos son algunos de los párrafos de su carta de mayor contenido
espiritual”.
Mi
herida del alma abierta en 1.941 no me deja en paz ni de día ni de noche. ¿Cómo
pudo ser que un gran país, una potente industria de defensa, una fuerte escuela
de constructores que tenía muchas muestras de ramas ejemplares en la etapa de
desarrollo, cuando llegó la hora del combate, no pudo proveer a sus soldados
con nada para defenderse? No teníamos
armas automáticas, ni ametralladoras, y sólo el legendario rifle de Mosin, uno
para cada tres.
“Y el destino dispuso que un
muchacho de Altay, hijo de los antiguos kulaks deportados a
Siberia, tanquista y sargento, se convirtiera en constructor de armas que
pudo, en los más difíciles cuatro años, plasmar su sueño en un arma
maravillosa, AK-47…”
“…Mi dolor del alma es
insoportable, me atormenta siempre la
misma pregunta sin respuesta: si mis armas quitaban la vida a las personas,
¿significa eso que también yo, Mijail
Kaláshnikov, hijo de una campesina, creyente, cristiano y ortodoxo, soy
culpable en la muerte de las personas, aunque fueran enemigos?...”
“Mi dolor espiritual es insoportable”, escribe al Patriarca este anciano General retirado
de 92 años. Estos son algunos de los párrafos de su carta de mayor contenido
espiritual”.
“…En los duros años de la II Guerra Mundial, cuando los hombres soviéticos como nunca
necesitaban firmeza interior, el estado
ateo cambió su actitud respecto a la fe ortodoxa. En la ciudades y aldeas se
abrieron los templos, el repicar de las campanas llenaba el aire, de la
boca de un pueblo ateo salieron las oraciones……”
“…Ya hace 20 años que vivimos en un nuevo país. Como si se
hubiera roto algo por dentro, hay un gran vacío en el alma, y el corazón sufre
una pérdida irrecuperable…”
“Además
de las preocupaciones sobre los hijos y los nietos. Y otra vez, como en los
años tormentosos de la guerra, el pueblo se acerca Dios, intenta entender su
lugar en la Tierra y ene el Universo. La Iglesia y la fe se arraigan en la
sociedad rusa. ¡Y esto está muy bien! Pero hay algo que no puede sino
preocupar: Crece el número de los
templos y monasterios en nuestra tierra, ¡pero el mal no disminuye! El mal
adquiere otras formas más sofisticadas…. El bien y el mal conviven, son
vecinos, luchan el uno con el otro y, lo
más terrible, se reconcilian en las almas de las personas – eso es lo que
he alcanzado en el ocaso de mi vida terrenal…”
“…A
mi también el Señor me vio acercarme, ya mayor y con ayuda de unos amigos, a
los santos misterios de Cristo, confesarme
y comulgar con el Cuerpo y la Sangre de Cristo de mano del padre Víctor, el
párroco del templo de San Miguel Arcángel
en Izhevsk”.
“Cuando
yo, a los 91 años de edad, traspasé el umbral del tiempo, mi alma temblaba y me
sentía que ya había estado allí. Quizás, así se siente sólo un bautizado, y yo
sí que fui bautizado en 1.919, en una Iglesita
del pueblo de Kuria, en Altay”. Gloria a Dios, ahora el templo de mi
bautizo en mi Patria se reconstruye, y estoy agradecido de que puedo apoyar
esta obra santa… Y estoy alegre porque me había negado a que se construyera un
museo dedicado a mí mismo en aquel preciso lugar, donde ahora se erige el templo de San Miguel, volado por los aires en los 30”.
“Y
especialmente me agrada que se me haya dado la posibilidad de plantar al lado del templo un cedro traído
desde mi patria, el pueblo de Kuria.
Si Dios quiere, de lo que hoy es un palito crecerá un árbol digno que adornará
la vida espiritual de los pianos. La gente mirará al Templo y el Árbol y
pensará en la proximidad de estos eternos símbolos del Bien y de la Vida”.
La carta,
escrita en papel personal de Kaláshnikov,
acaba firmada así: un siervo de Dios, el diseñador Mijaíl Kaláshnikov.
Los
misioneros bajo el Kaláshnikov
Uno
de los colectivos que durante 60 años han sufrido una y otra vez ser
encañonados por el AK-47 es el de
los misioneros.
Al
cumplirse su aniversario en 2007, José
Carlos Rodríguez, que fue misionero
Comboniano muchos años en Uganda explicaba en su blog que al ser un arma ligera y fácil se entregó
sistemáticamente a los ejércitos de niños soldados en África. En los años
80 en África eran mucho más baratos, estaban de saldo: se vendían a veces a 20 euros.
“En
los años 1980, durante el régimen de Obote en Uganda, que combatía a la
guerrilla de Museveni, los nerviosos y desarrapados soldados con el Kaláshnikov al hombro era una estampa
de la vida cotidiana en Kampala”, recuerda Rodríguez.
“En 1.986, Museveni tomaba el poder con un ejército compuesto en su gran parte
por niños. La silueta de chavales de
apenas diez años con chaquetas de uniforme demasiado grandes para ellos con el
AK-47, con la mirada perdida, es una de las imágenes que no se me borrarán
nunca […]. El nuevo gobierno insistió en que había que “desmitificar el fusil”, como elemento
ideológico fundamental del nuevo partido del Movimiento de Resistencia
Nacional. Recuerdo cómo la prensa de
aquellos años publicaba tristes fotos de sonrientes monjas (directoras de
escuelas) que se entrenaban en el desmonte de las armas”.
Y la
combinación de AK-47, niño-soldado y
droga y alcohol era mortal. Muchos grupos drogaban a sus chicos para que
luchasen sin miedo, de forma suicida.
“Donde me harté de la sombra del AK-47
fue durante mis 18 años en el norte de Uganda, en
la zona de guerrilla. Los ataques mortíferos, sobre todo realizados de noche
contra aldeas y ciudades, se realizaban al son del ruido ensordecedor de de los
fusiles que escupían su carga mortífera. No
recuerdo la de veces que me he visto delante de un guerrillero, casi siempre
niños, que me encañonaba con el AK-47 y me hacía pensar que aquel era el
último minuto de mi vida”, recuerda el misionero español.
“Cuando
acudíamos al ejército para pedir protección en nuestras escuelas, hospitales y
misiones, más de una vez el comandante nos ofrecía la posibilidad de prestarnos
unos cuantos fusiles para nuestro propio uso, gentileza acompañada de un
cursillo rápido de manejo del arma. Huelga decir que siempre nos negamos en
redondo. Una vez que me vi delante de un grupo de guerrilleros para una
negociación de paz en el bosque y me
espetaron: “¿Dónde has dejado tu fusil?”, me limité a meterme la mano en el
bolsillo y mostrarles el rosario que llevaba sin decir una palabra”.
“Cuando
pienso en los millones de inocentes que
han perdido la vida en África al ser disparados por esta verdadera arma de
“destrucción masiva”, recuerdo los pocos momentos felices en que hemos
podido convencer a un grupo de
guerrilleros que se entregaran, y les hemos montado en el coche, donde han
depositado los fusiles, les hemos llevado a la Misión y tras contactar con los
militares del gobierno y decirles que podían llevarse las armas les hemos
pedido: “Destrúyanlas, por favor”. Es el
mejor destino que puede darse a un fusil Kaláshnikov”.
P.J. Ginés.-
Francisco Javier de la Uz Jiménez




