LA CODORNIZ
La
revista más audaz,
para el lector más inteligente.
EL CATACLISMO BENEFICIOSO
En el diario Madrid del 5 de abril hace Cristóbal de Castro la crítica de un libro, recopilación de los discursos de Ramón Serrano Súñer, "De la victoria a la posguerra", título. dice C. de C., alto, sonoro, significativo, lo que ya anuncia el estilo literario del crítico, que dice en la mayor impunidad: Ahora la emoción es meditación. Y el Movimiento, masa cósmica, nebulosa de sensaciones ante el micrófono, ofrece ahora ante el libro sistema y órbita planetarias. La siembra es cosecha y el grano espiga. Después de semejante rimbombancia resulta gratificante leer en La Codorniz el reglamento de un juego de prendas inventado por Tono, en el que los jugadores son penalizados por decir que los bueyes vuelan, cuando es bien sabido que las que vuelan son las vacas. Y pagará prenda el jugador al que le caiga encima un queso de bola que tira al aire la dueña de la casa, que no me extrañaría que le cayera al mismísimo Cristóbal de Castro quien, a juzgar por su estilo literario, fue posiblemente un entusiasta jugador de prendas en su alocada juventud.
Se ordena la recogida de mendigos, tal vez para desinfectarlos en la lucha nacional contra el "piojo verde", al que, según el poeta Emilio Carrere, no hay que dar demasiada importancia y hay que salir al paso de los alarmistas de mala fe que son ellos mismos un poco piojos verdes. Ya se ve cómo podía manifestarse la desafección al Régimen: simplemente desaprobando el tifus. Incidiendo en el tema de la pobreza, escribía Tono:
El reloj seguía dando la hora a todos los pobres que pasaban.
- Tenga usted, buen hombre, para que tome usted café.
Y le daba las tres y media.
Algunos socios de algunos casinos rugían indignados. Sobre todo los socios a quienes no les afectaba el anuncio del suministro de patatas: un kilo por persona, previo corte del cupón número uno de la cartilla de racionamiento, al precio de 1,05 pesetas kilo (16 de junio). Del corte del cupón y el pago de las patatas, cada vez más caras, les compensaban a los españoles los versos heroicos de los poetas que cantaban las glorias del momento, como Federico Urrutia, autor del romance del "Cesar Visionario". Se estremecieron los montes, sonaron gritos de imperio, cosas así, que emocionaban a cualquiera como aquellos versos:
...Y Adolfo Hitler, con su voz de historia
resucitó en la espuma su leyenda germana
y el mundo vio a Sigfrido nuevamente
bañarse con la sangre de la bestia inmolada.
Les hacía ilusión a los viejos señores que mientras Hitler resucitaba las espumas y Sigfrido aparecía haciendo de las suyas, Inglaterra la pobre, estaba dando las últimas boqueadas.
Oculto entre la niebla, junto al Támesis
el dragón de Britania dormitaba.
Como dormitaba la señorita cuya foto publicaba La Codorniz: una señorita con pantalón corto, no demasiado corto, ojo, aunque poco después hubieran obligado a alargarlo, porque la censura fue a peor. Y bajo la foto de la señorita de veinticinco años tendida en la hierba, estos versos firmados por Vate Pérez:
NANA DE LA NIÑA MAYOR
Duerme, niña mayor.
No te canta la nana el ama
que la canta un señor.
Ya no sueñas en hadas cuando sueñas
que sueñas en amor.
Y, sin embargo, tu expresión, dormida,
es de candor.
¿Cómo será el señor?
(Tal vez se trate d un cunicultor.)
Duerme, niña mayor,
aunque te cante nanas
un tenor.
Duerme mi niña duerme,
haz el favor.
Que si no vendrá el coco y será peor.


