No se hace uno viejo por haber vivido muchos años,
se hace uno viejo por haber defraudado su ideal.

Gral. MacArthur.
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9/2/25

UN SEÑOR PESADO



 EL DIARIO DE UN SEÑOR 

PESADO


La Codorniz

La lectura más audaz 
para el lector más inteligente




 14agosto 1942.- Hace ya un mes que llegó a l finca de los señores de Cortés, a pasar unos días, mi amigo Saturnino.
    Resulta que una tarde, encontrándose en la ciudad, Cortés cometió la imprudencia d decirle:
    ---Venga usted este verano a mi finca. Pasará unos días con nosotros.
    Pues bien: Saturnino no se hizo repetir la invitación y se presentó aquí con sus maletas
Los Cortés lo han intentado todo para inducir a su huésped a marcharse, pero Saturnino no s mueve. Respira aire puro, toma baños de mar, pasea en barca, se maravilla con la puesta de sol y, mientras tanto,, los dueños de la casa están que trinan. El señor Cortés ha tenido ya dos ataques de bilis. Y también conmigo está haciendo verdaderas tentativas de despido.
      ---No quiero entretenerle más -me dice de vez en vez-. Si tiene usted algo que hacer en la ciudad, puede usted marcharse sin cumplidos.
    ---No -le suelo contestar en estos casos-. No tengo absolutamente nada que hacer.
    En cuanto al sin par Saturnino, ni siquiera ha pensado un momento en marcharse.
    Hace unos días, pude escuchar el siguiente diálogo entre Cortés y su mujer:
    ---¿Pero es que no pensarán marcharse nunca estos pelmazos?
    ---Habla más bajo que te pueden oír -dijo la señora.
    ---Y el caso es que no podemos echarlos a patadas
    ---Sin embargo, hay que encontrar el modo.
    ---Ya está; ya lo tengo. Diré que tengo que partir de improviso. Así se irán.
    ---Comprenderán que es un pretexto.
    ---Nada de eso. Hay que saber hacer las cosas. Escribiré a un amigo mío para que este, a su vez, me escriba reclamando mi presencia en Madrid.
    ---¡Y así se pasará una semana! Es mejor hacer eso mismo, pero telegráficamente.
    ---Muy bien. Entonces telegrafiaré a un amigo en estos términos: "Ruégote me telegrafíes reclamando urgentemente mi presencia en esa"
    ---¡Estupendo! Y él se creerá que con ese telegrama tratas de engañarme a mí. No. Nada de eso. Es mejor que telegrafíe yo diciendo: "Ruégole telegrafíe mi marido que urge su presencia en esa."
     ---¡Muy bonito! ¡Y así creerá mi amigo que lo que quieres es quedarte sola!
     ---Pues entonces telegrafiemos firmando los dos y precisando algo más: "Con objeto podernos librar dos grande pelmazos, rogámosle telegrafiarnos siguientes términos: "Urge presencia Carlos, etc."
     ---Pero qué tontería! Estoy pensando que el telegrama "Urge tu presencia..."  lo podemos poner nosotros mismos por conferencia.
     ---¡Es verdad! Ahora mismo voy a telegrafiarme
     Dos horas después llegó el telegrama, y los cónyuges Cortés representaron la comedia a la perfección.
      ---Elvira -dijo Cortés abriendo el telegrama en presencia de Saturnino y de mí-. Un contratiempo! ¡Debo partir inmediatamente!
    ---¡Oh, qué lástima!-dijo ella-. ¡Tan tranquilos y tan bien que estábamos!
    ---Esperamos que vuelva usted en seguida -dijimos Saturnino y yo.
Cortés  se puso como la cera.
    ---¡Cómo! -murmuró-. ¿Se quedan ustedes?
    ---Naturalmente exclamó Saturnino-. Le esperaremos. No podemos dejar sola a su familia.
    ---No se molesten... -balbució el pobre Cortés.
    ---No es molestia. Al contrario. Váyase tranquilo, que aquí estamos nosotros para lo que pueda ocurrir.
    ---Son ustedes muy buenos, pero no puedo abusar...
    ---Ni una palabra más. Nuestro puesto está aquí hasta su regreso.
    Y el señor Cortés, siempre tan delicado de sentimientos, para que nosotros no sospechásemos que el telegrama era un pretexto, se marchó de verdad.
    Y así, mientras el pobre Cortés pasa la canícula en Madrid, nosotros estamos disfrutando de los baños de mar y de su formidable villa.                                              ¡Qué injusto es el destino!
    15 septiembre 1942. Las tentativas de los señores de Cortés, después de la vuelta de éste, para inducirnos a parir de su villa, donde el amigo Saturnino y yo estamos pasando unas vacaciones maravillosas gratis, han sido infructuosas. Los dueños de la casa han simuladoenfermedad, y hasta han empezado a convalecer. En vano. La señorita 
Cortés se ha puesto a estudiar canto en el cuarto contiguo al mío durante las horas de siesta Yo sufro. pero resisto. Naturalmente, sufren también los dueños de la casa, porque los agudos de la señorita Cortés se oyen a gran distancia.

    Visto que el canto ha demostrado ser inútil, los señores de Cortés  también han probado a hacernos creer que la villa está infestada de espíritus, y hasta el dueño de la casa ha hecho de fantasma durante un par de noches. Pero nosotros, los huéspedes, hemos saludado a las blancas apariciones con clamores y aclamaciones. Y nos hemos quedado. La anciana abuela de la casa propuso hace unos días envenenarnos. Pero el señor Cortés es demasiado hombre de mundo para no saber cuantas molestias le hubiera ocasionado una cosa semejante. ¡Me gustaría que lo hiciese de todos modos! Treinta años de cárcel a cada miembro de la familia no habría quien se los quitase.
 Saturnino y yo hemos formado una "Liga de resistencia entre huéspedes". Saturnino es el presidente. Ahora, precisamente, acabamos de llevar a cabo la "broma de la partida", que es graciosísima. Uno de nosotros, Saturnino, por ejemplo, sale y telefonea a casa, alterando la voz.
    -Pronto -dice-. Habla un amigo de Celestino desde Madrid. Haga el favor de decirle que el asunto que él conoce requiere su presencia en la capital. Pero que venga esta misma noche. No deje de decírselo.
    -Descuide
    La familia Cortés está encantada. Me dan el recado y, fingiendo mucha pena, me dan el recado y, fingiendo mucha pena, me hacen la maleta. Llega la noche; todos me saludan, se carga la maleta en el auto, y los dueños de la casa se ponen en la puerta, esperando que me vaya y ocultando, a duras penas, su alegría. De pronto, suena el teléfono:
     -¿Está don Celestino?. Que se ponga, por favor.
    Voy al teléfono. Al otro extremo del hilo está Saturnino, y se inicia la conversación. Yo contesto adecuadamente y disfruto viendo como según voy hablando, cambian las caras de los dueños de la casa.
    -¿Cómo?... ¿Que ya no es necesario que vaya?... ¿Está usted seguro?...Pues me alegro... Eso quiere decir que ahora mismo deshago la maleta. Hasta la vista. Adios.
    Cuelgo el aparato y anuncio a los dueños de la casa, que están próximos a desmayarse:
    -Una buena noticia: ya no me marcho.
    Y enseguida pido la cena.









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