Peripecia de una Cruz,
llamada de Nóvgorod, que data del
siglo XIX, rescatada en territorio soviético durante la Segunda Guerra Mundial por los Soldados
españoles de la División Española de Voluntarios —popularmente denominada
la División Azul— en lucha contra la
tiranía
comunista y la expansión socialista que detuvimos en España tras mil
días de batallar y vencer. Muchos episodios heroicos, hechos de armas y
humanitarios, honran, enaltecen y dignifican para siempre a los divisionarios y
el nombre de su mítica Unidad,
reconocidos también por el enemigo en multitud de informes y testimonios.
Este
es el relato de un episodio sentimental:
Durante la Segunda
Guerra Mundial, al estabilizarse el frente soviético a orillas del Río
Voljov y del Lago Ilmen, a la División
Española de Voluntarios, la 250ª División
de Infantería en el Organigrama Militar
alemán, le correspondió desplegar en la ciudad de Nóvgorod y localidades adyacentes. Al Batallón de Zapadores de la
División se le ordenó establecer su Puesto de Mando dentro del Kremlin de Nóvgorod, una especie de
fortaleza o reducto en cuyo interior resaltaba un edificio singular: la Catedral de Santa Sofía, el templo de
mayor antigüedad en territorio de la Rusia
moderna, con cinco cúpulas de bulbo rematadas con sendas Cruces. La cúpula
central de cobre dorado y las cinco Cruces, también doradas, reflejaban la luz
del sol como ascuas desde las alturas, iluminando el cielo con su resplandor.
El Ejército Rojo bombardeaba
frecuentemente el Kremlin de Nóvgorod,
sin que por fortuna, o mediación divina, los proyectiles alcanzaran Santa Sofía, testimonio secular de la
religiosidad del pueblo ruso.
Catedral
de Santa Sofía, Nóvgorod.
El 4 de julio de 1.942, día del Corpus Christi, el Comandante
Jefe del Batallón de Zapadores Divisionario, don Alfredo Bellod Gómez, convocó a sus Jefes de Compañía a una reunión
en la Plana Mayor del Batallón, situada en un edificio colindante con la Iglesia,
a unos 25 ó 30 metros de distancia. En esa circunstancia, uno de los cañones de
20,3 mm. de la Artillería soviética,
de gran precisión, emplazados a tal efecto, comenzó a bombardear la Catedral. Los dos primeros obuses
cayeron dentro del recinto del Kremlin,
muy cerca de la Catedral; el tercero impactó
directamente en ella. A partir de ese certero todos los disparos restantes dieron
en el significado edificio.
El intenso bombardeo hundió dos de sus cúpulas, la
central y una de las laterales, dañando gravemente las otras tres, lo que
provocó la caída de dos Cruces y el deterioro de las restantes.
No cabía duda que el objetivo a batir por los artilleros
era Santa Sofía, y únicamente
conseguido el propósito, la destrucción de la Catedral, cesó bombardeo. Fue entonces cuando los Zapadores del Comandante Bellod recogieron de entre
los escombros una de las Cruces caídas, visiblemente deteriorada.
Esta Cruz recogida entre los restos de la Catedral de Nóvgorod fue reconstruida
por el Batallón de Zapadores 250,
integrado en la División, y por ellos custodiada el resto de 1.942. Al cabo, el
Batallón decidió trasladarla a la Academia de Ingenieros de Burgos,
puesto que, según escribió el propio Comandante
Bellod al Coronel don Luis Troncoso
Sagrado, Jefe de la citada Academia:
"Los que supieron respetarla y
defenderla, quieren ahora conservarla y elevarla de nuevo como símbolo y guía
de las futuras generaciones de oficiales".
El 3 de febrero siguiente, ya en 1.943, el Comandante Bellod ordenó directamente
al Brigada don Bernardo Álvarez Iglesias,
perteneciente a la 3ª Compañía del Batallón, que trasladase la Cruz hasta Burgos aprovechando su viaje de repatriación
a España junto con otros Suboficiales y Tropa de la Unidad.
El Brigada Álvarez
Iglesias fue repatriado portando la Cruz
de Santa Sofía, que iba debidamente despiezada, el 20 de febrero, llegando
a la Academia de Ingenieros de Burgos
el día 5 de marzo. A las once de la mañana del día siguiente, el Brigada se presentó ante el Coronel Troncoso, le dio cuenta de la
misión encomendada por el Comandante
Bellod y le comunicó que la Cruz se encontraba depositada en la estación de
ferrocarril de Burgos. Nada más
recibir la novedad, el Coronel
ordenó que se efectuase el traslado de la
Cruz a la Academia, situada a la sazón en el Convento de los Jesuitas de la Merced.
A las cuatro de la tarde de ese 6 de marzo, el Brigada Álvarez Iglesias efectuaba la
entrega oficial de la Cruz de Nóvgorod
al Coronel Troncoso delante del
cuadro de profesores de la Academia de
Ingenieros.
Desde ese 6 de marzo de 1.943 la Cruz de Nóvgorod ha dispuesto de un lugar preferente en la Capilla de la Academia de Ingenieros,
entonces en Burgos; posteriormente en
Hoyo de Manzanares, donde se
encuentra la Academia hoy en día; y desde
el primer momento se convirtió un símbolo moral para todos los Ingenieros
militares que entre sus muros se han formado.
La Cruz ha sido devuelta recientemente al patriarca de la Iglesia Ortodoxa Alexis II para
proceder a su ubicación original en nombre de los españoles que han sabido
protegerla y honrarla.
Distintivo
de la División Española de Voluntarios
El
Teniente Coronel Ángel Cerdido, me hace llegar esta fotografía de la Cruz de Nóvgorod demostrando que aún
sigue en la Academia de Ingenieros,
en Hoyo de Manzanares. El patriarca
de la Iglesia Ortodoxa Alexis II, se
habrá llevado una réplica.
Cruz de Nóvgorod
Francisco Javier de la Uz Jiménez







