No se hace uno viejo por haber vivido muchos años,
se hace uno viejo por haber defraudado su ideal.

Gral. MacArthur.
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27/8/21

MI VIAJE POR ÁFRICA LXI




MI VIAJE POR ÁFRICA LXI


Como esta era la etapade nuestra expedición que siempre me habían descrito como la más peligrosa y malsana, me había figurado ocho días de dificultuosas marchas a tavés de pantanos y bosques , entre miasma y mosquitos. Pese a ello, las previsiones no se cumplieron. No me voy a explayar sobre los inconvenientes de caminar siguiendo la orilla del rio, pero sí apuntar que la carretera que recorre la cima de las colinas es, sin duda, excelente y saludable, discurriendo todo el titmpo sobre firmes y secas ondulaciones de un brillante terreno acariciado por constantes brisas y cubierto de arbustos.

En Nimule vovimos atener acceso a la línea telegráfica y, por las señales de Reuter que estuve examinando, me enteré que el Parlamento no se reuniría hasta el 19 de enero. Eso me daba otros diez días de margen. Entonces empecé a ser consciente de que el espíritu de estas fértiles tierras se había apoderado de mi por completo, solo con la mayor desgana y contrariedad había conseguido forzarme a emprender el camino de regreso, en lugar de dar marcha atrás para circunnavegar en lancha el lago Alberto. Ningún esfuerzo o inconveniente me parecía demasiado grande con tal de captar unas cuantas imágenes de aquellos fascinantes mares y bosques que quizás no vplvería a contemplar, pero cuyo hechizo nunca me abandonaría. Sin embargo, la idea de los porteadores demandando su sustento día tras día, del varco de vapor del Sirdar (Oficial británico del Ejército egipcio que ejercía como gobernador de Sudán) esperándonos en la frontera del Sudán y de las reuniones políticas que se cernían en la distancia, me indujeron a vanzar hacia delante y, aun sintiendo un agudo y genuino pesar, emprendí la marcha hacia Gondokoro.

Nativas de Gondokoro


Realizamos el viaje sin novedad en seis etapas, tres de las cuales fueron dobles. El terreno era despejado y agradable, el paisaje impresionante y, bajo el implacable sol, corría una fresca brisa. Cada mañana nos poníamos en camino antes del amanecer y para medio día ya estábamos acampados junto a uno de los ríos  tributarios que fluyen hacia el Nilo.
El más importante de estos era el Asua 

Río Asua

y la imagen de un largo safari vadeándolo hasta llegar a un campamento ubicado entre las palmeras de su margen sur, permanecerá en mi memoria como una de las más fascinantes. Pero debo señalar que, de alguna manera, el encanto se rompe más allá de Nimule; ninguna otra de las regiones que el viajero atraviesa en el largo descenso del Nilo reproduce esas deliciosas sensaciones de sorpresa y maravilla que se asocian con los grandes lagos y los reinos de Uganda, Usoga y Unyoro, por no hablar de lo que no he tenido la suerte de conocer, como Toro, Ankole, el Semliki y las Montañas de la Luna (Nombre utilizado por Tolomeo para referirse a la sierra Ruwenzori, donde  suponía que se hallaban las fuentes del Nilo).

Al final del sexto día llegamos a Gondokoro. La última caminata había sido larga y abrasadora. Era como si la humedad hubiese abandonado el aire, y la vegetación, aun siendo abundante, apareciera resca y raquítica. Los accesos a Gondokoro están bloqueados por una manada de trescientos unos elefantes de particular mala reputación. Casi todos los machos que ostentaban colmillos aceptables han sido abatidos. Las hembras y los ejemplares jóvenes son cautelosos y fieros; habituados al frecuente contacto con los blancos y protegidos por sagradas leyes de caza, ejercen un tiránico e incontrolado poder sobre toda la región.


Por todos lados saltan ala vista los efectos de su depedración. Grandes árboles derribados solo por diversión, plantaciones nativas destruidas por sus pisadas, carreteras inserviblas para los viajeros, el correo interrumpido a menudo durante días y hasta ocasionales pérdidas de vidas: he aquí mlos resultados de su dominio. Y parece probable que se prolongue durante mucho tiempo pues, según me informaron, los jóvenes machos seguirán creciendo todavía durante unos cuarenta años y, aun entonces, como los dos funcionarios blancos del enclave no están autorizados para cazar más de un ejemplar al año, solo muy lentamente podrá ser abatido este obstáculo.


Los elefantes solitarios son, por el contrario, un blanco legítimo en cualquier momento y, el día anterior a nuestra llegada a Gondokoro, el joven funcionario encargado del puesto se había encontrado con uno en una situación que dificilmente iba a olvidar.


Cry-Baby 

 Johnny Depp Sings