No se hace uno viejo por haber vivido muchos años,
se hace uno viejo por haber defraudado su ideal.

Gral. MacArthur.
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26/6/24

NAUFRAGO (1948)




NAUFRAGIO

(1948)



LA CODORNIZ

La  revista más audaz, 

 para el lector más inteligente. 


    ¡Hay un náufrago en una balsa! -gritó el vigía al valiente almirante, sin poder contener la risa-. ¿Quiere verlo?                                                             -¡Cómo no! -exclamó el valiente almirante, divertido-. ¡Ohé! -gritó a los que estaban en la cabina-.              ¡Vamos, rápido! ¡Hay un náufrago!

     -¡Buenos días -gritó el naufrago de la balsa-.
Hace una hora que estoy haciendo señales desesperadas... ¿Están ciegos todos?                                      - ¿Se está bien en la balsa? -preguntó, riendo, el valiente almirante.                                                      -¡Narices! -gritó el náufrago-. Tírenme una cuerda.
   -¡Ja, jaá -rieron todos
  -¿Quién tiene un pedazo de madera? -preguntó febrilmente el valiente almirante, mirando a su alrededor.
   -Yo tengo esto -sugirió uno, mostrando una gruesa estaca. 

 -Bien..., bien -exclamó el valiente almirante, muy contento, arrebatándole la estaca de la mano y tirándola con fuerza en dirección al náufrago.                              
   -¿Pero...? -gruñó el náufrago, esquivando rápidamente-. ¿Se están quietos o no?                                          -¿Qué he hecho yo? -protestó el valiente almirante, haciendo esfuerzos para no reírse; y, cogiendo disimuladamente un grueso tarugo de madera que le entregaron, lo lanzó rápidamente al náufrago de la balsa-. ¡Apunta bien! -añadió, poniéndose serio, mientras alentaba con la mano a un marinero para que lanzase una gruesa piedra.


   -¿Quieren acabar de una vez? -gritó el náufrago d la balsa, haciendo un ágil quiebro.                                   -¡Ahí va eso! -gritó un marinero, tirándole un grueso clavo, que fue a golpear al náufrago en una espinilla.
  -¡Imbéciles...! -gritó el náufrago de la balsa, buscando febrilmente un objeto para arrojar.
  -¡Ja, ja, ja! -rieron todos.
 -¡Pobrecillo! -intervino un viejo marinero, sonriendo.
  -¡Lárgate! -exclamó el valiente almirante, dando un empujón al viejo marino.- ¡Toma! -gritó después, lanzando un grueso bastón.
  -¡Asquerosos! -rugió el náufrago de la balsa, fuera de sí.
  -¡Tontaina! -gritaron todos los de la nave, lanzando piedras, clavos y palos al náufrago de la balsa, que daba grandes saltos y trataba de poner su embarcación en movimiento!
   -¡Ja, ja! rió un joven marinero, lanzando un trozo de madera.
 -¡Basta he dicho! -cortó secamente el valiente almirante-. ¡En marcha!
  -¡Bandidos! -gritó todavía el náufrago de la balsa, amenazando con la mano.                                      El valiente almirante rompió a reír, mientras la nave se alejaba rápidamente.                                             -¡Os acordaréis de mi! -gritó el náufrago de la balsa, extendiendo la mano-. ¡Mira que la porquería que me han tirado...! -exclamó después, moviendo la cabeza y contemplando la balsa cubierta de los objetos que le lanzaron.
ROSSI

-Yo siempre me suicido así para evitar una desgracia.