NAUFRAGIO
(1948)
LA CODORNIZ
La revista más audaz,
para el lector más inteligente.
¡Hay un náufrago en una balsa! -gritó el vigía al valiente almirante, sin poder contener la risa-. ¿Quiere verlo? -¡Cómo no! -exclamó el valiente almirante, divertido-. ¡Ohé! -gritó a los que estaban en la cabina-. ¡Vamos, rápido! ¡Hay un náufrago!
Hace una hora que estoy haciendo señales desesperadas... ¿Están ciegos todos? - ¿Se está bien en la balsa? -preguntó, riendo, el valiente almirante. -¡Narices! -gritó el náufrago-. Tírenme una cuerda.
-¡Ja, jaá -rieron todos
-¿Quién tiene un pedazo de madera? -preguntó febrilmente el valiente almirante, mirando a su alrededor.
-Yo tengo esto -sugirió uno, mostrando una gruesa estaca.
-Bien..., bien -exclamó el valiente almirante, muy contento, arrebatándole la estaca de la mano y tirándola con fuerza en dirección al náufrago.
-¿Pero...? -gruñó el náufrago, esquivando rápidamente-. ¿Se están quietos o no? -¿Qué he hecho yo? -protestó el valiente almirante, haciendo esfuerzos para no reírse; y, cogiendo disimuladamente un grueso tarugo de madera que le entregaron, lo lanzó rápidamente al náufrago de la balsa-. ¡Apunta bien! -añadió, poniéndose serio, mientras alentaba con la mano a un marinero para que lanzase una gruesa piedra.
-¡Imbéciles...! -gritó el náufrago de la balsa, buscando febrilmente un objeto para arrojar.
-¡Ja, ja, ja! -rieron todos.
-¡Ja, ja, ja! -rieron todos.
-¡Pobrecillo! -intervino un viejo marinero, sonriendo.
-¡Lárgate! -exclamó el valiente almirante, dando un empujón al viejo marino.- ¡Toma! -gritó después, lanzando un grueso bastón.
-¡Asquerosos! -rugió el náufrago de la balsa, fuera de sí.
-¡Tontaina! -gritaron todos los de la nave, lanzando piedras, clavos y palos al náufrago de la balsa, que daba grandes saltos y trataba de poner su embarcación en movimiento!
-¡Ja, ja! rió un joven marinero, lanzando un trozo de madera.
-¡Basta he dicho! -cortó secamente el valiente almirante-. ¡En marcha!
-¡Bandidos! -gritó todavía el náufrago de la balsa, amenazando con la mano. El valiente almirante rompió a reír, mientras la nave se alejaba rápidamente. -¡Os acordaréis de mi! -gritó el náufrago de la balsa, extendiendo la mano-. ¡Mira que la porquería que me han tirado...! -exclamó después, moviendo la cabeza y contemplando la balsa cubierta de los objetos que le lanzaron.
ROSSI


