LA CODORNIZ
La
revista más audaz,
para el lector más inteligente.
CARMEN SEVILLA
--- Que le pasaría -me abro camino entre la nube de periodistas que rodea a Carmen Sevilla - si hubiera nacido con dos palmos de narices, bizca y con las piernas torcidas?
--- Muy sencillo --- me saca la lengua la guapa---: que me hubiera dedicado al estudio de la cibernética, y los periodistas pelmazos me dejarían en paz.
--- Pelmazo, pelmazo - rezongo disgustado -. Pero yo vengo a darle coba y no le enseño las uñas como Luis Lucía su director.
--- ¿Enseñarme las uñas? - ríe Carmencita, sarcástica -. Si no las tiene... Como se las siga comiendo, va a dirigir con los codos.,
--- Bueno - le disculpo - los tíos talentudos pueden hacer con sus uñas lo que quieran. Como si se las comiera Jorge Mistral. ¿No es talentudo también?
--- Según - se muerde el labio la niña también -; si para calcular el talento se aplica esa fórmula de volumen craneano que lleva dentro la letra <<pi>>, entonces Jorge Mistral es más listo que Ortega y Gasset.
--- ¡Lo dudo! -exclamó, inclinándose con reverencia ante el nombre del filósofo-. Pero hablemos de usted -doy a mis palabras un dejo de ternura-. ¿Es inteligente también?
--- ¿Se cree usted lo bastante despejado para preguntarme eso? -se me pone en jarras esbeltísima.
--- Pues y tanto que lo soy -arguyo-. Como que no he picado en la propaganda y no he visto <<Duelo al sol>>. A propósito, cuándo va a dejarse de folklores y de bobadas, y va a hacer algo que merezca la pena?
--- Cuando dejen de rodarse películas ñoñas -replica Carmen.
--- Ande, ande -murmuro, cazurro-, que buenos cuartos le saca al <<cine>>.
--- ¿Conque quiere sacarme lo que gano, picarón? -me da la <<estrella>> un papirotazo en la nariz-. Pues sepa que es más de lo que la gente se cree, y menos de lo que creo merecer.
Me han cogido del cuello de la chaqueta y me han echado hacia atrás. Estos escribas son unos impacientes demonio.
UN MISTERIO ACLARADO
EL NOBEL DE CHURCHILL
La concesión del Premio Nobel de Literatura a Mister Churchill, llenó de perplejidad a los más duchos especialista en premios y concursos. Durante unos días el mundo cultural anduvo trastornado: ¿por qué extraña regla de tres se le concedía aun político el máximo galardón literario? Se dieron muchas explicaciones: hubo quien volvió a repetir que eso de la política es más sucio que un partido de fútbol de tercera división; hubo quien trató de relacionar el signo de la victoria y el puro habano con el corte de la péñola.
Sin embargo, nadie dio en el blanco; la prueba está en el hecho de que, después de un millar de artículos sobre el tema, el público, la afición, siguió pensando que en el Nobel de este año había habido un tongo más grande que en un partido de pelota vasca.
Hoy este asunto está aclarado: en algunos periódicos ha venido una noticia pequeñita, pero sabrosísima: Winston Churchill adeuda al Estado sueco 3.066 coronas, importe de sus derechos de autor, devengados por la venta de sus obras en la nación sueca. La noticia agrega que se le ha reclamado a Mr. Churchill este débito en numerosas ocasiones y que el mister se ha hecho el sueco galantemente.
No creemos que sea aventurado deducir que el Estado sueco le ha dicho a la Academia: <<Denle ustedes un Nobel a Mr. Churchill, porque si no, nos vamos a ver negros para cobrarle>> ¿No les parece convincentísima esta explicación? A nosotros sí.
Y se nos ocurre una cosa: no hay duda de que don Pío se merece un Nobel. ¿Por qué no compra Baroja algo en Suecia, y lo deja a deber? Seguro que al año siguiente le largan un premio con todos los honores.