VIVA EL EJÉRCITO ESPAÑOL
Una historia
real:
Bosnia, hace 20 años, por Antonio
Villegas González
Estos actos para algunos no interesa
publicarlos, pero muchos españoles, como yo, están muy orgullosos de nuestro
Ejército y de nuestros militares, “nuestros porque son nuestra gente”
Hoy les contaré la hazaña de
unos hombres que estuvieron dispuestos a morir por defender al débil y al
desamparado.
Una historia de héroes
españoles que, como casi todas, permanece arrinconada en el olvido que no
sucedió hace siglos, ni la protagonizaron los rudos arcabuceros y piqueros del
Rey… Bueno, en definitiva, son los mismos hombres, la vieja y fiel Infantería.
La ciudad de Konjic
está a unos cuarenta kilómetros de Sarajevo. Allí los musulmanes bosnios que no
eran unos santos, puesto que allí ninguno lo eran, pues allí nadie respetaba al
contrario y todos cometían salvajadas inenarrables, seres humanos al fin y al
cabo con una metralleta entre sus manos.
En la zona la limpieza
étnica la perpetraban los seguidores de Alá, los muyahidines de pañuelo verde en la cabeza y barbas
cerradas como las del profeta que degollaban a los infieles y crucificaban a
los curas ortodoxos o católicos mientras metían fuego a las Iglesias… Igualito
que otros pero con mucha menos propaganda.
Era
abril y apenas había puesto la Agrupación los pies en la zona de Operaciones, y
ya desde el primer momento supimos que allí no habíamos ido a rascarnos la
barriga y que las bombas y los tiros no sonaban igual que en las películas.
La situación en los Balcanes para que
les cuento, aquellas gentes se desjarretaban a base de bien todos contra todos,
serbios, croatas y musulmanes, todos
bosnios y odiándose a muerte. Todos tratando de exterminar al otro con saña
y esa mala leche tan espantosa que sacamos los seres humanos en tales
situaciones. Menos mal que también afloran otros sentimientos.
La columna de Cascos Azules españoles
avanza hacia la ciudad de de Konjic y ya se ven las primeras casas
derruidas y se oyen muy cercanas las detonaciones de las granadas y los
rafagazos de fusil, se oyen también gritos desgarradores y llanto de niños.
De pronto saliendo de entre el polvo y
el humo aparecen las figuras de ciento y pico civiles aterrorizados que son en
su mayoría mujeres y niños croatas habitantes de la ciudad que huyen
despavoridos, detrás de ellos una docena de Soldados de las Milicias croatas
protegen la retirada de los civiles, y los bombazos y los disparos empiezan a
llover alrededor de unos y de otros.
Los civiles entonces se
refugiaron en los costados de los blindados españoles, los famosos BMR,s y se arrojaron bajo ellos
implorando la protección de los Soldados de la UNPROFOR.
Después de disparar sus
últimos cartuchos defendiendo a su gente los Soldados supervivientes llegan
hasta los blindados, arrojan sus armas y se entregan manos en alto a los Cascos Azules.
Asoman entonces rematando
fríamente a los Soldados croatas que hay en el suelo, aparecen los combatientes
de Alá, son los llamados “Cisnes
Negros” que han jurado morir defendiendo el Islam. Tienen fama en toda Bosnia de ser sanguinarios y
crueles.
Son unos trescientos hombres
armados con fusiles de asalto AK, ametralladoras y los terribles RPG-7 que son
capaces de abrir un BMR como una
lata de sardinas.
Exigen de inmediato a los
españoles de muy malas maneras que entreguen a los civiles y a los Soldados
croatas y que se vayan y miren a otro lado o de lo contrario abrirán fuego y
los matarán a todos, que para el caso también son infieles.
El Jefe de la Columna
española que forman cuatro BMR y un VCZ, que es lo mismo pero con una pala
y que usan los Zapadores, es un joven Teniente
de la Legión. Y de inmediato
ordena a sus hombres desplegarse y a los tiradores de las “máquinas”, las
terribles Browning de 12,70 mm. de calibre que apunten a los
lanzagranadas y que al más mínimo gesto hostil abran fuego.
Pero son muchos los que les
apuntan con ellos. La tensión crece y las mujeres y los niños croatas lloran
aterrorizados, los muyahidines gritan y enseñan los dientes y se pasan los dedos
por el gaznate los hideputas. Todo el Convoy español tiene un solo pensamiento: ¡No os los llevaréis, antes tendréis que
matarnos a todos!
Desde el Cuartel General al conocerse la
delicada situación de la Columna, se le ordena al Teniente que regrese y que abandone a los civiles y que sin mirar
atrás se repliegue…
¡De
aquí no se va ni Dios! – es la respuesta del Teniente Monterde, una respuesta para
enmarcar en la Academia de Infantería. Y
se pasa por el forro las órdenes y se queda allí plantando cara a los “Cisnes
Negros”
A estos al menos no los vais
a degollar – piensa Monterde.
Los bosnios impresionados y
convencidos de que los españoles aquellos están dispuestos a morir y a matar
por aquella gente, se arrugan y envían emisarios…
No es lo mismo perseguir
mujeres y niños que liarse a tiros con aquellos tíos de los blindados y la cara
de pocos amigos, que les regalaban a los niños sus raciones y sus chucherías.
Había algo noble y valiente
en la actitud de aquellos Soldados.
¡Moriremos
matando! – parecían decir. Y lo habrían hecho.
Estoy seguro de que aquel
día de abril del año noventa y tres, si los de los pañuelos verdes se hubiesen
echado adelante ante ellos se habrían encontrado con las viejas picas y los viejos arcabuces y con los viejos redaños de
la leal y feroz Infantería española.
Porque hubiese sido un
deshonor y una vergüenza abandonar a aquellas madres y a sus hijos. Y así lo
entendió el joven Teniente Monterde y
los hombres que salieron con él aquel día de patrulla.
No
somos héroes, dijeron después, sólo cumplimos nuestro deber, nuestra
obligación.
Para
las doscientas personas que salvaron y para mi, si son héroes… Por
supuesto olvidados. Y como tal les rindo el tributo que se merecen. Por
valientes, por humanos, por Soldados.
Este
artículo, me lo enviaron a mi correo particular, lo publiqué y más tarde, brujuleando
en Internet, me encontré con lo siguiente:
Respuesta al
artículo Los niños de Konjic
Enrique
Alonso Marcili
Coronel de
Infantería (R)
Con enorme
sorpresa y cierta incomprensión leo en la página WEB de la Fundación un
artículo titulado“Los niños de Konjik” escrito por Antonio Villegas
González y publicado en un medio de internet cuya URL es http://amviglez.wordpress.com/2013/04/02/los-ninos-de-konjic/
En el año 1993 yo mandaba la Bandera expedicionaria de
la legión encuadrada en el GT“Canarias” y el Tte. Monterde pertenecía a
mi Unidad.
Es absolutamente falso que este Oficial recibiera
orden de abandonar a los civiles que le pidieron protección. Todo lo contrario,
no solo se esperaba de él esa protección, sino que las órdenes que se cursaron
fueron dirigidas a darle protección. Yo mismo me traslade urgentemente con una
Unidad de refuerzo desde Dracebo a Jablanica. Tras entrevistarme con el mando
Bosnio musulmán en esta ciudad, se resolvió el asunto garantizando la
protección de estos bosnio croatas que huían de dos pueblos de la zona llamados
Ostrozac y Celevici.
El mando de UMPROFOR felicitó al Tte. Monterde
por su firme actuación que sin duda actuó correctamente en una situación muy
tensa, larga en el tiempo y de gran incertidumbre. La Zona de responsabilidad
desde Dracebo a Konjik sobrepasaba los 130 Km de longitud y esta sección se
encontró ciertamente aislada casi en el extremo norte de la misma.
Desconozco la intención del Sr. Villegas cuando
manifiesta que desde el Cuartel General se le ordeno al Tte. Abandonar a esos
civiles, tampoco si es suya o no esa manifestación, pero les aseguro que es
absolutamente falsa. El Cuartel General del GT transmitió sus órdenes a través
del PC de la Bandera y yo no recibí en ningún momento instrucción alguna en ese
sentido. Todo lo contrario.
Ni mucho menos, esto desmerece la actuación del
Teniente Monterde, pero en honor a la verdad, me veo obligado a publicarlo. Y
dicho sea de paso: ¡Tus hechos, te honran mi Teniente!
Francisco Javier de la Uz Jiménez

