No se hace uno viejo por haber vivido muchos años,
se hace uno viejo por haber defraudado su ideal.

Gral. MacArthur.
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2/9/25

FRACTURAS Y DISLOCACIONES - EL SUEÑO --- La Codorniz






MEDICINA

FRACTURAS Y DISLOCACIONES

PREOCUPEMONOS hoy de las fracturas y las dislocaciones. Pongamos que a quien le suceda esa desgracia sea aun amigo o conocido vuestro y no a vosotros. Ahora bien, yo os aseguro que sería inúyil y hasta perjudicial que os precipitáseis sobre el desventurado y la obligación a levantarse inmediatamente, amenazándole con martillos o bastones para aseguraros de que, efectivamente, se ha roto algun hueso importante.                                              En el caso de que cualquier amigo o pariente se caiga por las escaleras y se rompa una pierna, es inútil y hasta súmamente peligroso coger el tozo fracturado y correr a esconderlo, riendo, e invitar después al herido a buscarlo, prometiéndole, si lo encuentra, grandes sumas de dinero y objetos artísticos.                                     

   Todo lo cual, a pesar de ser grandemente divertido, haría un grave daño al herido, que, tal vez vez, quedase mutilado para toda la vida.                        En estos casos es aconsejable unir el tozo lo más cerca posible de su sitio primitivo, mediante costuras a mana.                                                    La costura a máquina, preconizada por algunos cirujanos americanos, no ha sido todavía introducida en la práctica y está, por ahora, completamente descartada.                                                                              Tampoco es aconsejable la soldadura autógena, debido a las quemaduras que, inevitablemente, se producirían.                                                  Utilísima es, por el contrario, en estos casos, la pieza triangular de Esmarch, de la que hablarems en el próximo número.

       

EL SUEÑO
    He aquí un artículolleno de poesía, lleno de literatura, lleno de humor y lleno de sueño. 
  VIENE todas las noches a una hora determinada, y nunca he logrado comprender por donde viene. Quizás sea por la ventana, por la puerta o por algún obscuro agujero de la casa, donde ha permanecido oculto todo el día. No lo sé.                                                                               Solo sé que a una cierta hora llega y se acurruca junto a mi. Y también sé que muchas veces me gustaría mandarlo a paseo.                              Entonces parece alejarse un momento; tal vez se esconda detrás de la puerta o se refugie detrás de mí; pero, poco a poco, vuelve, echa una ligera niebla sobre las cosas que me rodean e intenta abatir mis párpados con insistencia.          El Sueño es un pariente lejano de la Muerte. Mucho más gordo que ella, llega todas las noches a distintas horas. A veces viene tambien de día, y entonces se divierte haciéndonos bostezar. Se agarra a la mandíbula y tira de ella con todas sus fuerzas hasta que consigue hacernos abrir la boca.  

    Ayer, el Sueño no llegaba. Se retrasaba mucho; tal vez había perdido tiempo con otras personas; tal vez se había olvidado de mi.   
    Yo le esperaba en la oscuridad; pensaba que tenía que llagar de un momento a otro y acercarse a mi cama sobre la punta de los pies y posar ligeramente las yemas de los dedos en mis párpados para cerrarlos.
    Pero el sueño no llegaba



    ---Sueño -le dije-: ven pronto. ¿Qué esperas? Quizás me stés escuchando escondido allí, detrás del armario. Ven; no tengas miedo.                        Cerraba los ojos, pero los volvía a abrir con facilidad.                             El Sueño debía tener ganas de broma. Me agarró la mandibula, me hizo abrir la boca, y entonces comprendí que ya estaba a mi lado, que, al fin, se había decidido.                                                                              Pero no se había decidido todavía.                                             Oí voces en la calle, pasos en la escalera, puertas que se erraban...Y entonces el Sueño, asustado, huía de nuevo.                                        ---¿Qué temes? -dije-. Al más pequeño ruído huyes como el relámpago. Las puertas están cerradas, las ventanas, también; nadie viene a molestar tu trabajo.

          El Sueño volvió andando despacio, sobre las puntas de los pies. Sentí que los párpados se me cerraban pesadamente. Pero una motocicleta pasó por la calle, y el Sueño se volvió a marchar.
    ---No puedo -me dijo-. Me molestan los ruídos. Así no puedo trabajar. Necesito el silencio más absoluto.                                                   Metí la cabeza debajo de la almohada, y entonces el Sueño vino despacito, despacito, y yo cerré los ojos para no volver a abrirlos hasta la mañana siguiente.
C. M.







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