
LA CODORNIZ
La
revista más audaz,
para el lector más inteligente.
¡DESENLACE FELÍZ
DE UNA POLÉMICA ESPINOSA!
Querido niño y Director: Si Mihura es el padre de LA CODORNÍZ, yo soy su tío natural, como lo es Herreros, que es un tío bajito, y como lo es Tono, que es ese tío que emigra a América y unas veces deja una herencia fabulosa y otras vuelve sin una perra y con siete mestizos que le llaman papá. Pues bien, como tío de LA CODORNIZ, quiero terminar esta discusión familiar que habéis armado tu venerable padre político y tú, y he de principiar por decirte que estoy totalmente de acuerdo con la maravillosa carta que te escribe mi querido hermano, y en desacuerdo con el tono irrespetuoso que tienen, ¡oh zangolotino amado!, algunos párrafos de tu contestación.
Mihura, como humorista auténtico y natural, es sobre todo un poeta y le molesta que te ocupes de las lentejas, como me molesta a mi.

Comprendo, ¡oh impetuoso adolescente, que te sientas con ánimos de arremeter con todo lo que te parece mal, y yo te acompaño en tus rencores, en todos tus enojos, y posiblemente voy más lejos que tú en cuanto al número de enconos y de <<noes>> posibles; pero precisamente por la eficacia de esas diatribas quisiera decirte, esbozarte mi opinión sobre ello, no pretendiendo que sigas el consejo de tu casto y venerable tío, sino que hagas lo que te venga en gana. Yo creo que pretender que la opinión odie a la vez a las verduleras,, al pimentón, a la Compañía de Tranvías, a las señoras que levantan el dedo al beber, a los automóviles que corren demasiado, a los ascensores, a las porteras y a esas otras mil cosas que no andan como es debido, es un esfuerzo vano, porque la gente es muy dada a no tener tiempo para odiar en una semana a todas esas cosas a la vez, y por lo tanto preferiría que fueras más poquito a poco señalando con el dedo a cuatro o seis defectos cada semana; y así es posible que fueras más eficaz.
Pero te repito, ¡oh mancebo incipiente, que como tu eres el que pulsas mejor que nadie lo que opina
la gente que nos lee, puedes, o no, hacerme caso, y por eso me limito a regañarte por lo respondón que nos has salido. cuando eras pequeño no eras así, y te dábamos un corcho atado a un hilo, y con él te divertías toda la tarde en el suelo de la Redacción, y no llorabas nunca, y a Mihura se le empañaban los ojos de emoción al ver lo bien que te ibas criando, sin poder adivinar que un día te calzarías ese trapo negro que tiene forma de barba y apuntarías con tu dedo, que tan bien corría por tus narices de infanzón, contra nosotros.
Vuelvo a decirte que lo que más me molesta de tu contestación es el tono irrespetuoso hacia tu suegro; y eso me parece mal porque tu suegro fue también literariamente tu padre, el que te recogió en la más tierna infancia, cuando andabas con otros pequeñuelos de tu edad, y te llevaba el café, donde lo rompías todo y lo ponías todo perdido con tus pañales, mientras él celebraba todo lo que hacías y te señalaba como el niño prodigio. Gracias a su cariño y a su desvelo por ti, consiguió que te apartaras de casi todas las malas sendas que hay en la literatura, que no te perdieras en el pantano del chascarrillo en el alcornocal de lo <<festivo>> y en la estufa de la cursilería. Él fue quien te llevó a nuestra meseta soleada de la sátira, de la alegría burlona, de la ironía. Cuando Mihura vio que habías madurado, fue cuando dejó a nuestro querido pájaro; pero lo dejó sabiendo que iba a tus manos, prometiendo echar un vistazo de vez en cuando para que no te desviases. Él no echó el vistazo, porque sabe que tu eres muy capaz de llevar a este pájaro y a dieciocho pájaros más, y tanto él como tus tíos te hemos seguido observando con la admiración y el cariño que te mereces; y por eso, cuando creemos que te apartas un poco de que tus mayores creemos ser la buena senda, te damos unos azotitos que tú nos agradecerás cuando se te pase la rabieta.
Piensa en todo esto y haz lo que te dé la gana con los <<noes>>; pero, ¡oh extraviado pequeñuelo!, vete inmediatamente a postrar de hinojos ante tu venerable padre literario, recordando que gracias a él y a sus enseñanzas posees la vena del humor auténtico, como lo pruebas en tus estupendas parodias de libros, de comedias, y en eso de venir a decirnos que recogiste por piedad a nuestro pájaro cuando estaba triste y abandonado en el suelo, y que aceptaste dirigirlo casi a regañadientes. Queda, pues, terminado este parricidio; póstrate ante tus mayores para que te demos la bendición y aquí no ha pasado nada. Y el día de tu santo te llevaremos una tarta con velas y al cine por la tarde, y acuérdate siempre del dicho latino que tanto te habrán repetido en la escuela: <<Agnosco veteris vestigia fiammiae>>,
Reconozco los signos de la antigua llama
que dijo Virgilio un día que no le salía una consonante de la Eneida. Tu furibundo y cariñoso tío:
EDGAR NEVILLE
Juan Antonio Cortés