TEATRO DE "LA CODORNIZ"
En las largas veladas invernales, cuando la nieve azota las ventanas de vuestra vieja casa de campo, os halláis siempre aburridos. No trepáis por las cortinas, porque os cansa.. No hacéis emocionantes ejercicios acrobáticos en la araña del comedor, porque es este un entretenimiento sobradamente conocido que ya no divierte. No encendéis hogueras en el salón, porque el fuego quema las alfombras. ¿Qué hacer? LA CODORNIZ os trae la solución. LA CODORNIZ ha descubierto un moderno entretenimiento honesto y alegre: "Haga usted por un duro, una bonita función en su casa."
El argumento ha de ser sencillo, como cumple a gentes honradas que solo aspiran a pasar un buen rato. En el primer acto, don Clodoaldo, señalado con el número 1, está metido en la chimenea de su casa. Entra Carlota muy agitada, se acerca a un gran recipiente de barro y comienza a preparar la comida para las vacas. Entra luego Arnoldo (3), que se sienta en la mesa del centro a tomar una taza de buen vino. Eugenio (4), que quiere bien a Arnoldo, por haber sido en la infancia hermanos de leche, le dice que no beba tanto vino. Y entonces entran las dos aldeanas (números 5 y 6), que comienzan a hablar de los encajes y a cantar hermosas canciones de su pueblo.
En el acto segundo, Arnoldo se bebe el vino de un solo trago, ante el estupor de su hermano de leche. Don Clodoaldo permanece metido en la chimenea, como siempre, y el resto de los personajes discurren apaciblemente por la escena hablando de las coliflores. El tercer acto es igual que el segundo, pero al revés y mucho más despacio.
PERSONAJES
Usted mismo puede representar todos los personajes de esta interesante función. Bastará para ello con que se gaste un duro en corcho quemado y en unas viejas servilletas. Usted mismo puede entrelazar las servilletas para confeccionar los atractivos trajes que lucen en esta bonita obra teatral. El reparto, por lo tanto, se hará en la siguiente forma:
Don Clodoaldo, usted; Carlota, usted; Eugenio y Arnoldo, usted; las dos aldeanas, usted; coros, usted. La caracterización es sencilla; todo a base de corcho quemado y no frito, como muchos pudieran pensar. Don Clodoaldo, por ejemplo, tendrá mucho corcho quemado por todo el cuerpo para dar sensación de que es viejecito. Carlota, poco corcho quemado. Eugenio y Arnoldo, más corcho quemado quemado y unos sombreritos de niña, pintados también con corcho quemada. Las aldeanas se pueden hacer sin corcho quemado, para ahorrar.
DIALOGO
El diálogo es sencillo y fácil, huyendo siempre de enojosas complicaciones de carácter literario. La sencillez más absoluta deberá guiar siempre nuestros pasos. He aquí el diálogo, que se distingue de los diálogos corrientes en su extremada agilidad y gran nervio dramático:
Don Clodoaldo.- Es una lata estar metido siempre en esta chimenea, mientras la gente va y viene a las carreras de caballos.
Carlota.- La vaca debe estar descompuesta, porque hace días que no nos da de desayunar. Tendré que llamar a un mecánico para que venga a arreglarla.
Arnoldo.- Estos bichos modernos se descomponen a cada momento. ¡Donde esté un diplodocus!...
Eugenio.- ¡Esos sí que eran bichos buenos! Duraban años y años y jamás había que arreglarlos.
Aldeana 1ª.- Mi abuelo tuvo un diplodocus, y dice que no recuerda haberle visto en la cama un solo día.
Aldeana 2ª.- En cambio, las vacas siempre están estornudando o tosiendo.
Don Clodoaldo.- Si yo pudiera salir de la chimenea es indudable que haría algo útil.
Coros (desde dentro con voces vigorosas y varoniles).- "No hay nada como el diplodocus...No hay nada como el diplodocus... Queremos un diplodocus con cintas..., con cintas..., con cintas de percal..."
(Este hermoso diálogo deberá repetirse hasta el final de la obra sin ninguna interrupción ni pausa.)
Que se me va de las manos


