FILIPINAS
1571-1898, 327 años de
permanencia española en Filipinas. 1492-1898,
406 años de colonización española en América.
Tengo que decir que siempre me
han impresionado sobremanera estas cifras, y también que me entristece la forma
que tenemos los españoles de enfrentarnos a nuestra historia. ¿Será por la
educación recibida o tendremos algún complejo sin diagnosticar?
Es probable que la forma de
estudiar historia en la escuela y particularmente la historia contemporánea española
de finales del XIX y principios del XX, con sus grandes turbulencias e
inestabilidades políticas de aquellos tiempos, no nos haya permitido visualizar
con más recorrido los desastres del período.
Esa fatal característica de
nuestra idiosincrasia tan especial, nos distingue de nuestros vecinos ingleses
y franceses. En ningún caso se regodean de sus propias derrotas, desastres y
desgracias. Con algún punto positivista se tratan y se valoran, puesto que de
ellas han aprendido algo. Y si no es el caso, sencillamente las olvidan o las
niegan. En cambio sus victorias son proclamadas, publicitadas y alardeadas, a
veces en exceso, sin complejos.
La historia, nuestra historia,
mal o bien que nos pese, es el bagaje que nos acompaña y es la razón de ser de
nuestra existencia, nos da forma a lo que somos y a lo que tenemos y por tanto
ha de ser motivo de orgullo y nunca de pesar, sea cual sea el resultado.
En este punto me gustaría
reflexionar sobre algo que debería llamar nuestra atención. Por un momento imaginemos cuál sería
la magnitud de una organización
administrativa, política y militar necesaria para crear, desarrollar y
mantener, durante cientos de años, un imperio como fue el español. Perdonen
que repita, cientos de años.
Militares, ingenieros y
científicos diseñaron, mantuvieron, defendieron y perfeccionaron: industrias,
fortificaciones, ciudades, infraestructuras y redes de transporte; políticos y
administradores redactaron un enorme tinglado de leyes, reglamentos y normas, para
dar soporte a la gestión de un imperio.
Fueron invertidas grandes
cantidades de recursos económicos, humanos y materiales. Se explotaron los
recursos, materias primas y productos manufacturados. Se perfeccionó la ciencia
y la técnica en el doble sentido Occidente Oriente; la navegación, la
construcción naval, la industria, el arte de la fortificación y el armamento.
Se establecieron batallas y guerras, armándose barcos, flotas, ejércitos y pertrechos.
Se organizó un sistema de
transportes y comunicaciones, por primera vez de dimensiones planetarias, espectacular
e impecable para mantener unidos y en comunicación el vasto imperio español en
todas sus direcciones.
Todo esto fue posible gracias a
la existencia de personas al servicio de la Corona Española, civiles y
militares, con una especial preparación e inteligencia, dotadas de valentía,
arrojo y espíritu aventurero y, también, con políticos arriesgados y osados;
estrategas con pensamiento universal.
Y así se formó un imperio de más
de cuatro siglos.
No olvidemos además dos factores
importantes que engrandecen aún más la gesta: la época y su tecnología, cuya
magnitud se empequeñece con la distancia en el tiempo y su comparación con el
actual.
El Descubrimiento de América es
comúnmente aceptado como el inicio de la Época Moderna. Las tecnologías de la
Época Medieval tardía fueron llevadas a América, y prontamente, y gracias a la
explosión tecnológica que supuso la industria y el comercio establecido,
regresaron a España como tecnología de vuelta.
Los 21 libros de los Ingenios y la Maquinas. Máquina para moler caña de
azúcar. Manuscrito anónimo. Finales Siglo XVI .
Nuevos cultivos y mayores
cosechas, los retos ingenieriles para la transformación de un nuevo territorio,
clima, orografía, etc desarrollaron el
conocimiento tecnológico de los españoles y por ende de España y Europa,
mejorando además la calidad de vida de los indígenas, preocupación constante de
la Corona Española durante la colonización. Leyendas negras aparte, alimentadas
Plano de uno de los molinos de pólvora de VillaFeliche (Zaragoza)
con los relatos escritos por personas interesadas en versiones sesgadas, la
legislación española colonial está llena de ejemplos en ese sentido. Las
barbaridades relatadas lo son desde la perspectiva actual pero no con el prisma
de la época.
Por poner ejemplos relacionados
con el trasiego tecnológico, la caña de azúcar no existía en América, fue una
aportación del Viejo Mundo llevada por Colón en su segundo viaje, pero es en
América donde la explosión de sus cosechas produce también una explosión
tecnológica en la industria del azúcar que retornó a Europa en forma de
tecnología del nuevo mundo. Los estudios desarrollados en Filipinas por
ingenieros españoles en relación con la resistencia de los edificios a resistir
huracanes y terremotos así como la construcción de campos de espigones para crear
playas artificiales para proteger las defensas del puerto del Callao en el
Perú, son ejemplos que abundan en esa
afirmación.
Canal del Dique de la Barranca, para transporte fluvial en el río
Magdalena, desembocando en Cartagena de Indias. (1794)
Estudio de viabilidad de un paso interoceánico Atlántico-Pacífico.
1781.
Sierra Hidráulica del astillero de la Habana (Cuba) (1752)
El magnífico artículo de Francisco
Javier de la Uz Jiménez, dedicado a
Filipinas me brinda la ocasión para abundar en ésta no tan
recordada página de la historia colonial española y su presencia en aquellos
lares.
La primera
visita occidental a las islas data de marzo de 1521 con la llegada de
Magallanes y su pequeña flota a lo que llamó las islas de San Lorenzo. El Rajá
de Cebú, impresionado por las grandes naves consintió en convertirse a la fe cristiana
y ponerse bajo la protección del Rey de España. Sin embargo, su vecino el Rajá
de Mactán no pareció convencerse por las mismas razones, razón por la cual
Magallanes trató de reducirlo de modo temerario con 50 hombres, pereciendo en
el combate. El resto de la historia de la vuelta al mundo la completó nuestro
Juan Sebastián Elcano a bordo de una de las dos embarcaciones restantes, la
Victoria, siendo los primeros en realizar esta gesta. Gómez de Espinosa, al
mando del segundo barco, la Trinidad,
trató de regresar a Nueva España (México), constituyendo el primer intento de
encontrar el llamado tornaviaje por el Pacífico sin conseguirlo, aunque sí
consiguió el descubrimiento de otras islas del inmenso océano. Su navío la
Trinidad fue la primera nave occidental en alcanzar los 42º de latitud Norte en
el Pacífico.
Cuadrante y Ballestilla. Siglo XVIII.
Los primeros
asentamientos occidentales del archipiélago los constituye Miguel López de
Legazpi en 1565, en lucha con nuestros vecinos los portugueses.
La
expedición cumplía diversas misiones, descubrimiento y conquista de nuevas
islas, comercio de especias en resumen, y sobre todo la búsqueda de la ruta del
tornaviaje por el Pacífico, para lo cual contaba con las propuestas de Andrés
de Urbaneta, integrante de anteriores expediciones por la zona y enrolado en ésta,
como asesor en sus teorías sobre los vientos favorables. El 13 de febrero de
1565, después de pasar entre numerosos islas, tomaron posesión de la de Samar
entre otras y se establecieron en Cebú, donde fundaron la villa de San Miguel.
Una de las embarcaciones de la expedición, un patache de sólo 40 toneladas, al
mando de Alonso
Regimiento de Navegación de Pedro de
Medina 1563.
de Orellana, regresó a Nueva España, tras un durísimo viaje,
encontrando la ruta del tornaviaje. Esta derrota para atravesar el Pacífico en
sentido oeste este ha servido durante siglos de navegación a vela, incluso la
aplicación del vapor en la náutica, a finales del XIX, no interrumpió el uso de
dicha derrota. Aun así es la ruta más utilizada, puesto que viento y corriente
acompañan a las embarcaciones en esa dirección, con un considerable ahorro de
energía. Hace pocos días la prensa ha emitido noticias relacionadas con la
aparición de grandes restos flotantes en la costa oeste de los EEUU,
pertenecientes al desastroso tsunami que asoló las costas de Japón.
Mapa General de las Islas Filipinas.
Pedro Murillo Velarde.
Legazpi
llega a la entonces ciudad de Maynila y consigue del Rajá Sulayman una parcela
para iniciar el asentamiento español en la isla de Luzón. Poco a poco se
convirtió en la primera ciudad del país. La capital se convierte entre 1571 y
1898 en el punto de encuentro entre el occidente europeo y la cultura oriental.
Con algo más
de siete mil islas el archipiélago conocido como Filipinas se sitúa como uno
menor entre el gran archipiélago formado por Borneo, Sumatra, Java y las
Molucas en el sur y China continental en el norte y se constituye como un lugar
de contacto entre pueblos y religiones antiguas, hasta que en él surgieron
otras dos que surgen casi simultáneamente: el islamismo desde la gran isla de
Borneo creó estructuras políticas y militares que emprendieron la ocupación de
las islas del norte, estableciéndose en Mindanao y prosiguiendo su ocupación
hasta las islas Bisayas y Luzón, hacia los siglos XV y XVI del calendario
occidental.
Entonces una
decisión política tomada desde el lejano reino de Castilla, ya presente en
América, determinó, a partir de 1560 la ocupación de las Bisayas y de Luzón,
por parte de los españoles, a lo que siguió el dominio, pero apenas ocupación,
dela islamizada isla de Mindanao, que permaneció ocupada por los llamados moros, malayos mahometanos. Hoy en
día existe esa denominación y se reconocen fácilmente por su tez morena y
rasgos orientales.
El total del
espacio controlado por los castellanos cristianos desde Manila recibió el
nombre de Filipinas, denominación que permanece hasta hoy.
Rutas del Pacífico según Morales
Padrón
Bahía de Manila. Rafael Cerero.1888.
En Sevilla
se iniciaba el viaje, que durante siglos, llevaba de Occidente a Oriente, por
la ruta del Atlántico, de América, del Pacífico. Sevilla la puerta y puerto del
Nuevo Mundo, se convirtió durante los siglos XVI y XVII en el centro del
comercio europeo y monopolio español de la comunicación interoceánica, difusora
del arte, la técnica y la cultura occidental, y como puerta de entrada
receptora de los mismos términos orientales.
En el siglo
XVII toma el relevo Cádiz. La difícil navegación por el Guadalquivir nunca
perdono, arrebatando el protagonismo a Sevilla y otorgándosela a la Tacita de
Plata.
La red de
comunicaciones establecida por España se conoce como la Carrera de Indias, la
cual permitía recorrer cada año las decenas de miles de millas que separaban
las Filipinas de Europa. De Sevilla a Cartagena de Indias (actual Colombia) o
Portobello (actual Panamá), navegación por el Atlántico. De Veracruz a Acapulco
por el Camino de los Virreyes o por los diversos pasos interoceánicos del Istmo
de Panamá, prolegómenos del Canal actual y anticipado por algunos proyectos
coloniales españoles de construcción de tal canal. Desde Acapulco a Manila
mediante el galeón del mismo nombre por la ruta sur de los alisios. Regreso por
la ruta descubierta por Urbaneta y retorno a Sevilla por el norte del
anticiclón de las Azores hasta Sevilla.
Corrientes y vientos.
Hasta las
primeras décadas del siglo XVI la navegación entre Sevilla y América se realiza
en buques aislados. A partir de 1526 la Casa de Contratación regula que los navíos
deben hacer el viaje agrupados en flotas. La Flota, con un recorrido único
hasta las Antillas, se dividía más tarde en dos convoyes: las Antillas y las
costas del Caribe y Veracruz. A la vuelta los galeones se reunían en la Habana
para volver a Sevilla. Hacia 1576 se establece la ruta del Pacífico que unirá
Acapulco con Manila. Se cierra así un ciclo de 30.000 kilómetros de ida y otros
tantos de vuelta, dos años por término medio. En 1789 desaparece el sistema de
flotas y se crea la estructura de los consulados y las compañías
marítimas incluida la de Filipinas. En 1815 se suprime el Galeón de Manila
y en 1869 se abre el Canal de Suez iniciándose otras rutas hacia el Oriente, uniéndose
los mundos a través de otros caminos.
Plano geográfico del reino de Nueva
España, con los caminos terrestres al final del Virreinato. Gonzalo Lopez de
Haro.1810.
Los barcos
se encargaban de la defensa de la mar y las fortificaciones de la defensa de la
tierra.
La
ingeniería española de ultramar ordenó el territorio, cuyo significado
incluye, además de las labores urbanísticas, de las que hay claros ejemplos de
la cuadrícula española, la construcción de redes de transporte; carreteras,
puentes, ferrocarriles, faros y señales marítimas. Contribuyó a la mejora de la calidad de vida y el bienestar mediante la construcción de una notable estructura; saneamiento y canalización del
agua, mercados, fábricas e industria, sin olvidar la cultura y la religión; la catedral de Manila, colegios y
Universidad.
Navío de 74 cañones de
bandera española
En Filipinas
los grandes edificios civiles, como el Palacio de Gobierno, el Ayuntamiento y
la Aduana representaban a las instituciones de Gobierno de la administración
española, formando parte del sistema administrativo adoptado por la Corona para
sus territorios de ultramar.
Desde el siglo
XVI estas islas se constituyen como un enclave dependiente del virreinato de
Nueva España. A su frente estaba un Gobernador que era además capitán General
de Archipiélago. Manila fue la sede del Gobierno Central y los municipios se
organizaron de acuerdo con el modelo peninsular.
Y con este bagaje
se desarrolló esta historia, brevísima y modestamente planteada en estas líneas y que
supuso un acercamiento cultural entre dos orillas, una historia común de más de
tres siglos y de un viaje a través de los océanos del espacio y del tiempo.
Fragata de 52 cañones
construida y aparejada a la inglesa. Diccionario demostrativo... del Marqués de
la Victoria. Cádiz, 1719-1756
Dibujo de un navío de finales
del siglo XVII, realizado sobre pergamino.
Navío español de 112 cañones. Siglo XVIII
Ciudad de Manila. Tomas Sanz. 1784.
Obras de encauzamiento contra los sedimentos que aterraban la desembocadura del río Pasig. 1757.
Proyecto faro metálico, bajo de San Nicolás, Bahía de Manila. 1876
Puerto y Arsenal de Cavite.1832.
Puente de España sobre el río Pasig.1876
Puente de la Convalecencia en Manila. 1876
Fachada principal de la catedral de Manila.
Reconstruida hasta siete veces a causa de los terremotos, incendios y
tifones. 1581-1592-1614-1654-1750-1870-1940.
Dicen los
que conocen la Filipinas actual que hay pocos recuerdos culturales de España y
casi ninguno de nuestra lengua. Viajemos nosotros de modo virtual aunque sea mediante
la lectura de la historia de aquella España Colonial, con un cargamento de
acercamiento cultural, que sirva para conocerse y
reconocerse.
Manila y sus cercanías en 1802.
Los días del futuro se alzan ante nosotros
Como una hilera de velas encendidas, doradas,
vivaces, cálidas velas.
Los días del pasado quedaron tan atrás,
fúnebre hilera consumida
Donde las más cercanas aún humean, velas frías,
torcidas y deshechas.
Miro ante mí las velas encendidas.
Konstantinos Kavafis
Que el Galeón
hinche sus velas encendidas y vuelva a navegar.
De Sevilla
salió el Azahar, en forma de esencia dulce… y amarga, de Manila volvió la
canela, en forma de sabor oriental.
Ángel González

























