LA CODORNIZ
La
revista más audaz,
para el lector más inteligente.
EL
REPELENTE NIÑO VICENTE
<<La Confederación Católica Nacional de Padres de Familia se ha dirigido al ministro de Educación felicitándole por la noticia del proyecto de nuevas normas que reglamenten los libros de texto. Le reiteran el ofrecimiento de su colaboración para solucionar este problema.
La Confederación ha anunciado al ministro un estudio sobre el valor pedagógico de algunos de los actuales libros de texto. Entienden los padres de familia que el libro de texto no es caro si es bueno; que la exposición de las materias debe ser adecuada a las inteligencias de los escolares, no tendiendo a abarcar toda la ciencia, sino la que estos pueden asimilar, y que el libro de texto deberá tener una duración o vigencia obligatoria de un determinado número de años como mínimo.>>
Esta nota; publicada en los periódicos, es el motor que nos mueve a gritar: <<¡Albricias!>> Sí. A lo largo de nuestra campaña en favor de los derechos del niño, hemos tratado el tema con bastante -y no es inmodestia- puntería. Prácticamente -y puede comprobarse repasando nuestra colección-, nuestros ataques se han dirigido exactamente a los vulnerables puntos flacos que los actuales libros de texto ofrecen. Nosotros hemos denunciado cómo el valor del libro de texto no guarda relación con su precio de venta, y por si esto fuera poco, hemos reproducido una carta en la que una editorial ofrecía el cincuenta por ciento del precio de de venta de cada libro a los profesores que se lo exigieran a sus alumnos. Nosotros hemos transcrito hermosas definiciones contenidas por varios textos, definiciones que brillan por su falta de sentido común, por su farragosa exposición, por su exagerada confianza en la capacidad de un cerebro de diez años. Nosotros hemos publicado cartas de padres de familia que explicaban como el presupuesto familiar resultaba una estupidez a la hora de comprar, al principio de cada curso, nuevos libros para cada uno de los hijos, aunque todos los hijos estudiaran lo mismo y en el mismo colegio.
La nota dada por la Confederación de Padres de Familia a la Prensa habla del acierto que ha informado nuestra iniciativa. Estamos muy contentos. La nueva ordenación de los libros de texto no es moco de pavo. Es, sencillamente, enderezar algo que algunos desaprensivos se habían encargado de torcer a su antojo. Es, en pocas palabras, devolver al crío estudiante uno de sus más inalienables derechos: el derecho a entrar en la cultura por el camino real y no por vericuetos vecinales.
¡Albricias!
Y adelante...Hay más problemas planteados que el de los libros de texto. Nuestra campaña sigue. A partir del próximo número nos dedicaremos a investigar en la vida de los colegios. Nuestros arrojados agentes se matricularán en diversos centros de enseñanza y, disfrazados de niños, meterán las narices en todo aquello que no huela bien, con la esperanza que un día suceda en este aspecto de la enseñanza lo que ya ha sucedido en el de los libros de texto. Que nuevas normas devuelvan al niño lo que es del niño: el derecho a respirar en un aula sin que conviertan su necesidad de aprender en un fabuloso negocio.
Y ahora viene la justificación de los piropitos que nos hemos dedicado en la primera parte de este artículo: LA CODORNIZ no ha hablado de su acierto para ponerse en su austero plumaje plumas de pavo real. LA CODORNIZ ha resaltado lo oportuno de su campaña -demostrada su oportunidad por la decisión ministerial- para recordar a sus lectores que también al tratar de los colegios empleará la misma circunspección, exactitud y puntería que utilizó en el <<tratamiento>> de los libros de texto.



