No se hace uno viejo por haber vivido muchos años,
se hace uno viejo por haber defraudado su ideal.

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27/4/20

A LA IZQUIERDA LE ENCANTA LA CENSURA

















A LA IZQUIERDA LE ENCANTA LA CENSURA




La izquierda ha vuelto a sacar su propia vara de medir para la libertad de expresión.  Quiere antes declaraciones falsas que la desagradable realidad. Quien diga la verdad, provoca desafección, desmoraliza y desgasta al Gobierno más progresista, más feminista, más numeroso y más inepto que ha padecido España.

En los últimos días, hemos sabido por boca de Ministros que se nos vigila y que el mismo Gobierno que es incapaz de contar los muertos por el Covid19 y de suministrar mascarillas y EPIs a los sanitarios no va a consentir que nadie le critique. Lo ha dicho Isabel Celáa: "No podemos permitir que haya mensajes negativos". Otro socialista, Alfonso Gómez Celis, encima vicepresidente del Congreso, acaba de decir estas palabras: "En esta pandemia tenemos que desechar a los que señalan con el dedo los errores". ¿A qué se refiere con ‘desechar’? Conociendo el pasado del PSOE, ese verbo produce miedo.

De momento, los socialistas se están contentado con manipular las ruedas de prensa para que nadie pueda preguntar por qué ha sido España durante semanas el país del mundo con más muertos por millón de habitantes y con denunciar a quienes refutan su discurso de "Sólo era una gripe", "Todos los países europeos están igual", "El Gobierno no tiene nada de lo que arrepentirse", "Hay que arrimar el hombro". Así, el PSOE ha denunciado a Vox y a la tertuliana Cristina Seguí por ‘delito de odio’, ese nuevo crimen político que sustituye al de ‘contrarrevolucionario’ aplicado en las tiranías comunistas.



"Envenenar el ambiente" en 1931



Azaña y Martínez Barrio

Por ahora, los socialistas y sus aliados morados no pueden cerrar los periódicos que molestan sus desayunos. Cuando en España las izquierdas en sus distintas manifestaciones han gozado de la facultad legal para hacerlo, se han quedado a gusto. El gobernante que más periódicos ha ordenado clausurar ha sido Manuel Azaña, cerró más de 100 periódicos de derechas.

Una vez nombrado Azaña presidente del gobierno de la II República por los diputados, fue presentado por este Gobierno el primer proyecto legislativo importante de la llamada Ley de Defensa de la República (LDR), con el que comenzaba lo que Carlos Seco Serrano calificó de "dictadura parlamentaria" de matiz jacobino.

El articulado lo redactaron Casares Quiroga, ministro de Gobernación, el subsecretario de este ministerio y Azaña. En el Consejo de Ministros del 19, el presidente dijo que el Gobierno quería contar con un instrumento legal para proteger el orden público -hasta entonces los únicos motines, algaradas y atentados los habían causado las izquierdas y los republicanos exaltados- y leyó el proyecto. Todos los ministros presentes (republicanos, radicales, socialistas y catalanistas) lo aprobaron.

El día 20, Azaña ordenó al presidente de las Cortes, el socialista Julián Besteiro, que el proyecto se tramitase por la vía de urgencia para que fuera votado esa tarde. Después de un corto debate, la LDR fue aprobada con sólo cinco votos en contra, aunque con numerosas abstenciones y ausencias, como la de Alcalá Zamora. Se publicó en la Gaceta el 22 de octubre.

El Debate, que había sido suspendido el año anterior, volvió a serlo el 19 de enero de 1.932 bajo la acusación de haber "menospreciado a las Cortes republicanas"; el diario, cuya situación fue objeto de burla para Azaña en un discurso parlamentario, reapareció el 20 de marzo, dos meses más tarde.

El ministro de Gobernación, Miguel Maura, convocó a finales de mayo a su despacho a los directores de los diarios de Madrid para pedirles que diesen la noticia de la muerte, por la Guardia Civil, de ocho miembros de la CNT que formaban parte de una columna que quería arrasar San Sebastián, a fin de demostrar a todos los españoles que él haría cumplir la ley.

Acudieron todos, incluso aquellos cuyos diarios estaban suspendidos desde el 12 de mayo (...). Les rogaba diesen a conocer la noticia del motín en San Sebastián. Ahora bien –continué-: el diario que utilice la noticia para su campaña política, o intente envenenar el ambiente con ella, será suspendido, y suspendido quedará mientras yo esté en este Ministerio.

"Envenenar el ambiente" de Maura no se distingue mucho de "los bulos y desinformaciones que generan un gran nivel de estrés y alarma social" de la Guardia Civil sumisa al Gobierno de Sánchez.

La Ley de Defensa de la República

El 10 de agosto de 1932, se produjo la “sanjurjada”, el último pronunciamiento antiguo. El mismo General que había contribuido a traer la República como Director General de la Guardia Civil se sublevó en Sevilla y Madrid. El Gobierno, presidido desde octubre anterior por Azaña, conocía los planes de Sanjurjo y venció sin problemas el cuartelazo.

Desde semanas antes de la “sanjurjada”, según el periodista Julián Cortés Cavanillas, estaban suspendidos La Correspondencia, El Imparcial, El Popular, El Mundo y Mundo Obrero, todos editados en Madrid. La lista de las publicaciones cerradas por orden gubernamental, sin que lo decidiera ningún juez, la hizo Justino Sinova (La Prensa en la Segunda República española. Historia de una libertad frustrada).

Azaña aprovechó la ocasión para aplicar la terrible Ley de Defensa de la República (vigente desde octubre anterior), que daba al gobierno un poder inmenso para reprimir a la oposición y perseguir a los ciudadanos que se le antojasen.

El artículo 42 de la Constitución establecía que "En ningún caso podrá el Gobierno extrañar o deportar a los españoles, ni desterrarlos a distancia superior a 250 kilómetros de su domicilio"; pero Azaña y su compañero Casares Quiroga, Ministro de Gobernación, amparados en la Ley de Defensa de la República, deportaron a sospechosos a Villa Cisneros, en el Sáhara. Meses antes habían deportado a varios anarquistas a Guinea Ecuatorial.

Respecto a la prensa, el Gobierno republicano, en el que había tres Ministros socialistas (Largo Caballero, Prieto y De los Ríos) y uno de ERC (Carner Romeu), ordenó el cierre de docenas de periódicos.

La excusa de la “sanjurjada”

Josep Pla afirma (Historia de la Segunda República) que entre "las primeras disposiciones" del Gobierno de Azaña contra los sospechosos de haber participado en la conspiración estuvo "la suspensión de algunos periódicos revolucionarios de izquierda y de muchísimos periódicos -más de un centenar- de derechas (entre otros ABC y El Debate)".

La primera lista de las cabeceras cerradas la elaboró el periodista Julián Cortés Cavanillas, de ABC, y la incluyó en su libro Acta de acusación; seguramente de aquí obtuvo Luca de Tena la cifra que él da. Antes del pronunciamiento fracasado habían sido suspendidos gubernativamente cinco periódicos en Madrid, y después se suspendieron un en total de 127. 

La mayoría, por no decir la totalidad, de las cabeceras eran de derechas, católicas, tradicionalistas/carlistas y monárquicas. El único punto común entre ellas no era su implicación en la rebelión militar (inexistente, como se comprobó al no producirse procesamientos), sino su línea editorial desfavorable al Gobierno de Azaña. Había semanarios de humor como Gracia y Justicia, revistas como Blanco y Negro (propiedad de Prensa Española, editora también de ABC) dedicadas a la moda, las variedades y el cotilleo, y publicaciones de pensamiento de difusión muy reducida como Acción Española.

La suspensión, que duró semanas y hasta meses, afectó a cabeceras que existen hoy. Se trató del mayor cierre de periódicos ordenado jamás por un Gobierno español. En la guerra civil cada bando cerró los periódicos que no coincidían con su ideología, pero no fueron tan numerosos. Se dieron casos como el de La Vanguardia, publicado en la Barcelona republicana y en la nacional, o el del ABC, el único periódico editado en ambas zonas (debido a sus ediciones de Madrid y Sevilla).

Se trató del mayor cierre de periódicos ordenado jamás por un Gobierno español. En la guerra civil cada bando cerró los periódicos que no coincidían con su ideología, pero no fueron tan numerosos. Se dieron casos como el de La Vanguardia, que pasó a publicarse entre el 22 de julio de 1936 al 25 de enero de 1939 con una línea editorial favorable al Frente Popular y la Generalidad de Companys a convertirse, después de un día de cierre para adaptarse, en partidario exaltado de Franco a partir del 27 de enero de 1939.

  

“ABC”, cerrado por más de cien días


Incautación del diario ABC en 1931

ABC, bestia negra de los republicanos por su carácter monárquico, fue suspendido el 10 de agosto por la noche y reapareció el 30 de noviembre. En el editorial de ese día, el periódico se quejó de la dureza de la medida, tomada por un Gobierno supuestamente democrático:

La suspensión gubernativa de ABC ha durado nada menos que tres meses y medio, ¡quince semanas! Ni en los tiempos de Calomarde, ni en los de Narváez, ni en los de Primo de Rivera... Durante todos los Gobiernos de seis Reinados y de dos Repúblicas se aplicó jamás a un periódico una sanción gubernativa tan dura sin justificación legal.

Las repetidas sanciones y persecuciones contra los periódicos por parte de los Gobiernos de la República, en su mayoría de izquierda, convirtieron en una burla el artículo 34 de la Constitución republicana:

“Toda persona tiene derecho a emitir libremente sus ideas y opiniones, valiéndose de cualquier medio de difusión, sin sujetarse a la previa censura. En ningún caso podrá recogerse la edición de libros y periódicos sino en virtud de mandamiento de juez competente. No podrá decretarse la suspensión de ningún periódico, sino por sentencia firme”.

La represión de la “sanjurjada” también afectó a particulares. El Gobierno aplicó la LDR a cientos de ciudadanos que consideraba sospechosos, de modo que el Ministro Casares Quiroga decidió, sin resolución judicial alguna, su encarcelamiento o deportación a lugares tan lejanos como Villa Cisneros, en la costa del Sáhara, con lo que vulneraba la Constitución (art.42), que prohibía los destierros a más de 250 kilómetros del domicilio del sancionado.

Como cuenta el socialista Juan Simeón Vidarte, "la derecha estaba aterrada. Esta vez se encontraba realmente frente a un Gobierno revolucionario". ¿Era éste, el terror, el efecto que querían causar Azaña y sus ministros republicanos y socialistas en la oposición a imitación de Robespierre?

Quizás por la omnipotencia gubernamental y la violación de la Constitución, las izquierdas son admiradoras de los años republicanos…


Maura, Largo Caballero y Alcalá Zamora

Censura del asesinato de Calvo Sotelo

La censura y las suspensiones continuaron en los años siguientes, incluso cuando se derogó la LDR. Cuando el Frente Popular tomó el poder, la censura se recrudeció para evitar la difusión de los atentados, asesinatos y motines. Los periódicos aparecían con recuadros en los que se decía: "Este número ha sido visado por la censura". Numerosos periodistas vieron tachadas o mutiladas sus crónicas, como Josep Pla.

Como recuerda el Marqués de Valdeiglesias (Así empezó), propietario de La Época:

Con la noticia del secuestro de Calvo Sotelo por un destacamento de la Guardia de Asalto a las órdenes del Ministro de la Gobernación, y de la aparición del cadáver en la puerta del Cementerio del Este con un tiro de bala en la nuca, llegó a la redacción del periódico, el lunes 13 por la mañana, la orden terminante del Gabinete de censura: prohibido terminantemente el empleo de la palabra asesinato, así como cualquier otro comentario sobre el suceso. Sólo podría darse la noticia escueta del "fallecimiento" del señor Calvo Sotelo.