No se hace uno viejo por haber vivido muchos años,
se hace uno viejo por haber defraudado su ideal.

Gral. MacArthur.
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29/9/19

POEMAS I - DESESPERACIÓN


















LA DESESPERACIÓN
JOSÉ DE ESPRONCEDA Y DELGADO


Espronceda nació en Almendralejo (provincia de Badajoz, Extremadura) el 25 de marzo de 1808. El nombre completo que le dieron al bautizarlo en ese mismo día fue «José Ignacio Javier Oriol Encarnación de Espronceda y Delgado».

 Era hijo del entonces sargento mayor del regimiento de caballería de Borbón Juan José Camilo de Espronceda y Fernández Pimentel, natural de Los Barrios y de cincuenta y nueve años, quien se desplazaba con su familia hacia Badajoz cuando advino el parto; su nacimiento en Almendralejo fue, pues, fortuito. Sus bisabuelos paternos eran comerciantes distinguidos establecidos en Tafalla (Navarra), y con antigua casa solariega allí, y su abuelo fue un militar competente que alcanzó el grado de teniente y dio a su hijo Juan José Camilo la misma carrera; este sirvió en la campaña de Gibraltar de 1782 a las órdenes del famoso escritor José Cadalso, quien murió allí, y se distinguió particularmente en la Guerra de la independencia, llegando incluso a conseguir la cruz y medalla de la Orden de San Hermenegildo y el grado de coronel. Fue destinado a La Coruña con su familia. Durante el Trienio constitucional (1820-1823) estuvo en Guadalajara, y luego, hasta su fallecimiento en 1833,


 DESESPERACIÓN
Poema atribuido a Espronceda

Me gusta ver el cielo
con negros nubarrones
y oír los aquilones
horrísonos bramar,
me gusta ver la noche
sin luna y sin estrellas,
y solo las centellas
la tierra iluminar.

Me agrada un cementerio
de muertos bien relleno,
manando sangre y cieno
que impida el respirar,
y allí un sepulturero
de tétrica mirada
con mano despiadada
los cráneos machacar.

Me alegra ver la bomba
caer mansa del cielo,
e inmóvil en el suelo,
sin mecha al parecer,
y luego embravecida
que estalla y que se agita 
y rayos mil vomita
y muertos por doquier.

Que el terreno me despierte
con su ronco estampida,
y al mundo adormecido
le haga estremecer,
que rayos cada instante
caigan sobre él si cuento,
que se hunda el firmamento
me agrada mucho ver.

La llama de un incendio
que corra devorando
y muertos apilando
quisiera yo encender;
tostarse allí un anciano,
volverse todo tea,
y oir como chirrea
¡qué gusto!, ¡qué placer!

Me gusta una campiña
de nieve tapizada
de flores despojada,
sin fruto sin verdor,
ni pájaros que canten,
ni sol haya que alumbre
y solo se vislumbre
la muerte en derredor,

Allá un sombrío monte,
solar desmantelado,
me place en sumo grado
la luna al reflejar,
moverse las veletas
con áspero chirrido
igual al alarido
que anuncia el expirar.

Me gusta que al Averno
lleven a los mortales
y allí todos los males
les hagan padecer;
les abran las entrañas,
les rasguen los tendones,
rompan los corazones
sin de ayes caso hacer.

Insólita avenida
que inunda fértil vega,
de cumbre en cumbre llega,
y arrasa por doquier,
se lleva los ganados
y las vides sin pausa
y estragos miles causa
¡qué gusto! ¡qué placer!

Las voces y las risas,
el juego, las botellas,
en torno de las bellas
alegres apurar:
y en sus lascivas bocas,
con voluptuoso halago,
un beso a cada trago
alegres estampar.

Romper después las copas,
los platos, las barajas,
y abiertas las navajas,
buscando el corazón;
oír luego los brindis
mezclados con quejidos
que lanzan los heridos
en llanto y confusión.

Me alegra oír al uno
pedir a voces vino,
mientras que su vecino
se cae en un rincón;
y que otros ya borrachos,
en trino desusado,
cantan al dios vendado
impúdica canción.

Me agradan las queridas
tendidas en los lechos,
sin chales en los pechos
y flojo el cinturón,
mostrando sus encantos,
sin orden el cabello,
al aire el muslo bello...
¡Qué gozo!, ¡qué ilusión!



ME HA DICHO LA LUNA
https://youtu.be/g-SY-icCSSE


 Chevi Sr.