No se hace uno viejo por haber vivido muchos años,
se hace uno viejo por haber defraudado su ideal.

Gral. MacArthur.
Poetas Muertos
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29/6/22

EL EXTRAÑO CASO

 




LA CODORNIZ

La revista más audaz,

 para el lector más inteligente.





EL  EXTRAÑO  CASO

DE LA CHICA QUE NO QUERÍA SER ESTRELLA DE CINE


 1 Y mira que el productor venía con buenas intenciones, que era casado y todo (Y ya tenía su amante, además) ¡Bueno pues que no! Yo me he propuesto no llegar a estrella de cine y no he de cejar en el empeño.

  A mí lo que me gusta es cuidar de mis pájaros y tocar “para Elisa” el piano.       No es que sea una ñoña, no, que lo mismo que toco “para Elisa” frio un huevo. Pero es que una es como es y no como todas las demás, que vaya usted a saber, como son, por otra parte.

 2 En mi pueblo todas las mozas quieren ser estrellas de cine y de ahí que haya en las casas los disgustos que hay, y que se oigan esas voces en las casas y esas bofetadas. Antiguamente todas querían ser doncellas y cocineras en casas bien de la capital y esto era mucho mejor para las casas bien. Hoy, ya digo, las cosas han cambiado mucho, y yo creo que la culpa la tiene la televisión. Antes cuando no había televisión ni cine parroquial, cada una se conformaba con su suerte, que venía a ser la del enano.


3 Hoy hasta las mujeres fuman en mi pueblo, con lo que el señor Cosme, el del estanco, ha decidido no marcharse a Alemania.                                                                                          Yo, en lo tocante a esto, tengo un vicio moderado, pero como no voy para estrella de cine, tampoco tengo por qué morir de cáncer por este respecto.                                         Barbitúricos tampoco tomo, no sé con qué se come eso de barbitúricos, y además en la botica de mi pueblo no se venden, que todavía somos gente decente, dentro de lo que cabe.                Y a propósito, no sé si les he dicho que me llamo Elisabeth, aunque los íntimos me llaman “Liz”.                                                                                                                             Cosa de mi marido, que era muy raro. A mí me gustaría llamarme Feliciana.

 


4 Con mi saco al hombro soy feliz, cada tarde bajo a la huerta y lo subo terciado de patatas para hacer una tortilla de muchos huevos, somos catorce de familia y yo la única chica. Un poco mimada, pero sin aspiraciones cinematográficas, después de todo, después de cenar, en la paz de la sobremesa, les canto a mis hermanos hermosas canciones que aprendí en el colegio. Ellos, que son hombres fornidos de pelo en pecho, lloran como muchachos, mientras repasan las cuentas del servicio nacional del trigo.


 5  Pero no vayan a creerse que soy una pobre chica indefensa, ignorante de los peligros que encierra el mundo y la carne.     

  Por si alguien, con más aviesas intenciones que el productor aquel, pretende convertirme de la noche a la mañana en estrella; yo guardo en un arca, entre sábanas de fina Bélgica, dos revólveres del nueve largo, con sus balitas dentro. 


  No ignoro que tengo mi aquel y otras cosas que me callo por pudor y podría haber algún desalmado que viese en mí condiciones artísticas.

  Más, no, ¡ea!, mi voluntad es indomable, he dicho que no seré estrella de cine y estoy dispuesta a todo, -hasta hacer pupa- con tal de salirme con la mía.

6 Cuidar mis ganados, ir por agua a la fuente, enseñar al que no sabe y dar posada al peregrino; he ahí mi programa. Y cuando sea vieja y todos mis hermanos hayan muerto, tampoco querré ser estrella de cine, sino que emplearé mi tiempo en cuidar mis ganados, ir por agua a la fuente, enseñar al que no sabe y dar posada al peregrino.                                                         Y así por los años de los años, y una vez muerta con la satisfacción de la vocación cumplida, podré ir con la calavera muy alta, orgullosa de no haber llegado a ser lo que no me propuse.



  FIN

máximo

 









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