SANZ-ORRIO
"Nos cuenta esto"
EL SACERDOTE DE LAS VÍCTIMAS
(Bárbara Barón)
Corrían los años 80, los
asesinados por ETA se contaban por decenas al mes y la mayor parte de la
sociedad vasca no se inmutaba al ver el cuerpo de un policía con un tiro en la
nuca.
Los obispos de entonces no
hicieron mucho por aliviar el sufrimiento de las víctimas. Mujeres, padres e
hijos tenían que enterrar a sus seres queridos de forma clandestina. En las
misas jamás se nombraba la causa de la muerte y solo se pronunciaban las iniciales
del fallecido. Para muchos, el asesinato iba incluido en el sueldo.
En medio de esta situación vivió
Javier Mendizabal. Era sacerdote en la iglesia bilbaína de San Nicolás. Fue el
único párroco que dio a las víctimas lo que hasta entonces se les había negado:
la dignidad que merecían.
Celebró los funerales de todos a
los que los terroristas arrebataron su vida. Pronunció sus nombres completos y
afirmó sin miedo que eran héroes. Y como tales los trató.
Esto fue más de lo que el obispo
de Bilbao pudo soportar. Le apartó de su parroquia y le recluyó en su casa. Las
víctimas reaccionaron pronto. La Policía, la Guardia Civil y el Ejército le
acogieron y se convirtió así en el Pater. En el que oficiaba todas las misas
para estos Cuerpos.
Se le veía por los pasillos de
las comisarías, con sotana, txapela y las condecoraciones al valor que se había
ganado a pulso, siempre con una palabra de aliento y consuelo para los que no
se atrevían a tender su uniforme por miedo a una muerte por la espalda.
Javier Mendizabal murió el
viernes en Bilbao. La parroquia de San José se llenó de gente que no ha
olvidado que él fue el sacerdote de las víctimas. El que alzó la voz para
denunciar lo que estaba pasando, para desenmascarar a los que asesinaban a inocentes,
para ofrecer su hombro al que sufría por culpa del terrorismo.
ETA se ha acabado. Pero no
debe hacerlo a cualquier precio. Muchos están intentando pervertir la palabra
“víctima”. Igualar al que muere asesinado con el que lo hace porque la bomba
que iba a poner debajo del coche de un inocente estalló antes de tiempo.
Quizá la historia de este sacerdote sirva para no
olvidar que no todos los muertos son iguales, nunca lo fueron. Para recordar a cada hombre que dio la vida
por defender la libertad. Para entregar a las víctimas lo que nunca les debió
ser arrebatado: dignidad y justicia.
Chevi Sr.

