LA CODORNIZ
La
revista más audaz,
para el lector más inteligente.
DON VENERANDO
Llovía a cántaros. Don Venerando abrió el grifo del agua y se asomó a la ventana.
-¿Por qué has abierto el grifo del agua? -le preguntó la mujer.
- Llueve -contesta don Venerando.
- ¿Y qué tiene eso que ver?
- Siempre es agua -afirmó don Venerando-. Si yo cierro el grifo del agua, no por eso va a dejar de llover.
- Pero dejará de salir el agua del grifo -razonó la mujer.
- ¿Y qué si no vamos a salir? -dijo don Venerando.
- No sé qué quieres decir con esto.
- Quiero decir que si saliéramos, tendríamos que coger el paraguas -explicó don Venerando-. De lo contrario nos mojaríamos. Está lloviendo.
- ¿Y qué tiene que ver eso, te repito, con el grifo del agua.
- Sencillamente que no vamos a ser tan tontos que nos vamos a poner debajo del grifo para tener que abrir el paraguas en casa. Para usar el paraguas, tendríamos que salir.
- Y quién ha hablado de abrir el paraguas en casa? -preguntó la mujer.
- Nadie -respondió don Venerando-.
Yo he dicho que para abrir el paraguas necesitaríamos salir, porque fuera llueve y en casa no.
- Pero... ¿y si grito? -tartamudeó la mujer, que ya empezaba a hacerse un lío.
- El grifo puede estar cerrado o abierto sin que influya para nada en el tiempo. Si cerrando el grifo dejara de llover, yo lo cerraría rápidamente.
- Si cerraras el grifo dejaría de salir el agua -dijo la mujer.
- ¡Bueno bueno! -terminó don Venerando, perdiendo la paciencia- Yo lo cerraré y luego saldremos sin paraguas. Verás como nos mojamos lo mismo.
Don Venerando cerro el grifo y se marchó murmurando a su habitación.
Don Venerando entró en una lechería.
- Buenos días -dijo el lechero- ¿no tiene usted la botella?
- ¿Cómo, cómo -preguntó el lechero.
- He dicho repitió don Venerando -que si no tiene usted la botella.
- Ya lo he oído. Pero, qué botella?
- No le pregunto por ningún tipo especial de botella -dijo don Venerando-. No es una botella para vino, sino para cerveza. Lo único que pasa es que no tengo botella de leche y por eso he venido.
- Pero, ¿usted quiere leche? -preguntó el lechero que, que no entendía bien todo aquello.
- Yo, no: si no tiene usted botella, ¿cómo voy a querer leche? ¿Dónde la voy a a meter? ¿En los bolsillos? ¿Es que usted les vierte la leche en los bolsillos a los parroquianos?
- No no, dijo el lechero-; la vierto en la botella.
- Exactamente -resonó don Venerando-. Y como yo no he traído botella, es natural que no quiera leche, ¿no es eso?
- Pero ¿no tiene usted siquiera una botella de vino? -preguntó el lechero por decir algo.
- ¿Es que vende usted vino? -preguntó don Venerando.
- Yo, no -contestó el lechero. Ni vino ni cerveza.
- Entonces a usted le interesa tan solo el hecho de que yo no tenga la botella para la leche. Si yo no tengo botella para el vino o para la cerveza, es cosa que no le importa nada.
- Pero... bueno -balbució el lechero, que ya estaba hecho un completo lío-, Si usted se quiere comprar leche...pues...no...sé...
- ¡Basta! -gritó don Venerando, perdiendo la paciencia-. ¡Sí que está usted hecho un tipo raro! ¿Se puede saber qué diablos es lo que quiere usted decir, en resumidas cuentas? ¡No tengo ganas de perder el tiempo hablando de tonterías!
Don Venerando salió dando un portazo y se alejó murmurando.
LA TIERRA DE LOS SUEÑOS