LA CODORNIZ
La
revista más audaz,
para el lector más inteligente.
AMOR Y REALIDAD
La tarde tibia y luminosa de primavera era turbada tan solo por un ligero vientecillo sutil que movía las altas y puntiagudas copas de los árboles. Los cobres del crepúsculo hacían sangriento y flamígero el cielo. Un silencio augusto, casi sonoro de tan penetrante, lo envolvía todo como un periódico llenando de misterio y de infinita dulzura y el paisaje. Feliciano Moncada, profesor de Botánica, sentado junto a su Patrocito, la contemplaba en éxtasis. Sus manos trenzaban las de su amada, como tiernos pajarillos.
Feliciano Moncloa, profesor de Botánica, miró fijamente a su Patrocito y susurró:
- Te amo. Patrocito mía. Te amo con locura, con enajenación, con delirio, con frenesí, con afaria, con frenopatía, con fotofobia...Para mi, sólo tu existes en el mundo... Entonces -replicó Patrocito-. ¿para ti no existen los arrabales, ni la preponderancia, ni las ensaladillas de maríscos, ni la terapeútica, ni Bilbao, ni la difusión, ni la esgrima? - Sí. Patrocito mía. Todo eso también existe; pero quiero decir que no me importa nada, porque para mi lo más grande que existe en el mundo eres tu.
¿Yo soy lo más grande?
- Sí; tu eres lo más grande.
- Entonces, ¿soy yo más grande que los balnearios, y que las compañías de Teléfonos, y que Barcelona?...
- Para mí, sí.
- No te comprendo
- Acaso no sepa explicarme. Quiero decir que a mi todas esas cosas me tienen sin cuidado y que, en cambio por ti soy capaz de todo.
- Entonces, ¿eres capaz de sostener en la punta de la nariz un paralelogramo, y sobre él una silla, y sobre la silla una pelota amaestrada, en la cual esté subida María, la criada, mientras con tus manos vas tirando al aire múltiples platos que, después de describir una curva de de cuarenta grados, vuelvan a tus manos íntegros, alegres y felices, como platos con zapatos nuevos.
- Patrocinio mía...
- ¿Eres capaz, acaso, de inventar nuevamente el teléfono, o el perímetro, o el extracto de carne, o la dimetilaminofenildimetilpizazolona?...
- No, no. No soy capaz de eso; pero lo que sí puedo asegurarte es que tu, para mi, no eres como las otras mujeres.
- ¿Cómo que no soy como las otras mujeres? ¿Es que acaso, tengo tres piernas, o dos narices, o media cabeza, o un rabo?
- No tienes nada de eso, afortunadamente.
- ¿Tengo acaso, monos en la cara?...
- Tampoco tienes monos en la cara.
Exteriormente puede que seas como las otras mujeres; pero tu alma es diferente.
-¡Mi alma! ¡Mi alma!. ¿Vas a decir acaso, que tu has visto mi alma?... El alma es una sustancia espiritual, que constituye la esencia del hombre y algunas veces la de la mujer, pero no es visible.
-¡Claro que no es visible! ¡Pues apañados estaríamos si el alma fuera visible!...Pero... - Pero...¿qué?
Pero no sé cómo explicarte. Yo quisiera hacerte comprender que tú lo eres todo para mí. - Entonces, ¿yo soy para ti el pan y el vino, y el peluquero, y el reloj de pulsera, y el coche de caballos, y el energúmeno, y María la criada?...
- No, no. Claro que no es eso.
- Entonces, ¿qué es lo que quieres decir?
- No sé, porque todo me lo chafas: pero, en fin, el caso es que me gustas bastante.
- ¡Ah vamos! ¡Por ahí podías haber empezado!
- ¿Por donde?
- Por ahí.
-¡Ah!
TONO