Por qué la bandera tricolor de la
República «constituyó un grave error»
El general republicano Vicente
Rojo afirma en un artículo inédito que era sectaria y que divide estúpidamente
a los españoles
En el Congreso de los Diputados
se conserva esta bandera bicolor de la milicia de Cabezas de Buey de 1813
En este país, al que algunos nos
empeñamos en seguir llamando España, se produce un fenómeno tan significativo
como sorprendente: unsímbolo que debería ser común,
la bandera de España, se ha
convertido en bandería entre los que exhiben con orgullo la rojigualda
(derechistas) y los que exhiben la tricolor republicana (izquierdistas).
España es un viejo país, pero a
diferencia de todas las naciones (incluso las más modernas), las
manifestaciones denominadas «progresistas» se hacen bajo las banderas de los
partidos, de las Comunidades Autónomas (aunque algunas inventadas ayer mismo)…
o, en el mejor de los casos, con la tricolor republicana.
Así, exhibir la rojigualda
resultaría «cosa de derechas»… no de todos los españoles. Al respecto, desde el
exilio, un español escribió:
«La cuestión de la bandera es uno
de los motivos que estúpidamente dividen a los españoles y que tiene su origen
en la conducta mezquinamente partidaria de nuestros políticos.»
»El cambio de la Bandera hecho
por la República constituyó un grave error:»
»1º.-Porque no respondía a una
aspiración nacional ni siquiera popular. La Bandera Republicana era desconocida
por la inmensa mayoría de los españoles.»
»2º.-Porque se reemplazaba una
bandera nacional por una bandera partidaria y con ello se dividía a España.»
»3º.-Porque no era necesario y
consecuentemente solo podía producir complicaciones como ha sucedido.»
»La bandera (rojigualda) que
teníamos los españoles no era monárquica sino nacional. La bandera de los
Borbones fue blanca; la bandera real era un guión morado.»
»En cambio la bandera bicolor
como enseña nacional fue creada por las Cortes españolas en plena efusión de
liberalismo, constitucionalismo y democracia. Se tomaron colores españoles que
venía usando tradicionalmente la Marina de guerra que dieron tono a los guiones
reales de los Reyes Católicos (rojo) y de Carlos I (amarillo); que eran también
los colores de una enseña tradicional en Aragón, Cataluña y Valencia.»
»El pueblo no anhelaba incorporar
a la bandera el color morado de Castilla. No podía anhelarlo porque la masa del
pueblo español ignoraba que el morado fuese el color de Castilla (...).»
»Los republicanos de la 1ª
República quisieron introducir su bandera partidaria y crearon la bandera
llamada republicana. Esta no llegó a tener estado oficial y ni siquiera se
popularizó. Nació, según Castelar (último Presidente de la I República), en la
Universidad de Barcelona, fundiendo tres colores de tres facultades. No pudo
pues tener esa bandera un origen más arbitrario. Por eso no llegó a ser bandera
oficial, ni nacional, ni popular. Los primeros republicanos, más sensatos que
los segundos, no impusieron el cambio.»
»Ni inconmovible, ni imperdurable
ni eterna es la bandera tricolor porque no ha nacido del pueblo sino de una
minoría sectaria.»
»No crearon pues un símbolo
nacional que ya estaba creado con ese carácter sino uno de lucha partidario,
haciendo prevalecer a las ideas de Nación y Patria las de República.»
»Hoy los españoles están
divididos en torno a dos banderas: tal es el fruto de aquel error (...).»
»Hay un manifiesto artificio. La
injusticia de las persecuciones nada tiene que ver con los colores de la
bandera de España. Algunos se apoderaron del grito de ¡Viva España! y se
colgaron en sitio bien visible un crucifijo para proceder en nombre de Dios y
no por eso los españoles debemos dejar de gritar ¡Viva España! ni los que sean
católicos o sean protestantes deben renegar de la moral cristiana.»
Vicente Rojo
Nuestros progres tildarán este
texto de reaccionario o incluso fascistoide. Les aclararé quien es el autor: el
que fuera Jefe de Estado Mayor del Ejército Popular de la República,
condecorado con la Placa Laureada de Madrid (máxima distinción militar otorgada
únicamente en cuatro ocasiones). Se trata del Teniente General Vicente Rojo. Un
hombre honrado. Un militar ejemplar. Un español orgulloso de serlo y que en
este artículo reflejó no solo su sentimiento sino su conocimiento de la
realidad histórica.
Recordemos que la Constitución
gaditana de 1812 (ese revolucionario texto que estableció la soberanía
nacional, la igualdad entre los españoles y los principios básicos del Estado
moderno) creó una unidad cívica para defenderla: la Milicia Nacional.
Constitución de Cádiz
Pues bien, la bandera de esa
Milicia Nacional fue la rojiguada, 23 años antes que la estableciera el Decreto
de Isabel II. Esa fue también la bandera nacional de la I República presidida,
entre otros, por dos ilustres catalanes, Pi i Margall y Estanislao Figueras. Y
con esa bandera se envolvió a su muerte el cuerpo de su tercer Presidente,
Nicolás Salmerón… uno de los responsables, ¡¡lo que son las cosas!!, de
Solidaridad Catalana.
Rojo recuerda el discurso de
Azaña como ministro de la Guerra
El hecho nacional tiene un fuerte
componente sentimental, incluso irracional. Así, sentimos como propios hechos
ajenos tales como las victorias de Alonso en automovilismo (aunque no sepamos
conducir) o de la «roja» (aunque no nos guste el fútbol).
No tengo un criterio idolátrico
de la enseña nacional. Pero todas las sociedades precisan de símbolos de unión.
Y por ello envidio profundamente el respeto que, por ejemplo, en el sur de
Estados Unidos se tiene por su bandera (la de la barra y estrellas)… a la que
sus antepasados combatieron en la terrible Guerra de Secesión.
Asombra el grado de analfabetismo
histórico, de sectarismo primario, de ceguera política de nuestros próceres que
estúpidamente acomplejados desde 1975 por nuestra historia, bandera e himno,
también tiraron por la borda los criterios básicos de comunidad civil: la
educación, la lengua y la bandera. Pero «con la bandera del color morado se
efectuó la represión de Octubre de 1934. La bandera rojigualda es la bandera de
España y España no son los reaccionarios», afirmó Santiago Carrillo el 23/4/77,
Secretario General del PC, partido que fue el gran referente antifranquista (en
realidad el único operativo).
El nacionalismo disgregador,
digámoslo claramente, el separatismo, se fundamenta sobre tres pilares:
«escuela, lengua y bandera». Palabras de Jordi Pujol de hace 30 años, no
proféticas sino programáticas. Y de las que nadie se enteró o quiso enterarse.
Y, ¿qué quieren que les diga?,
yo, como Azaña, como Vicente Rojo, como Juan Martín «el Empecinado», como
Estanislao Figueres, como Unamuno, como Prieto y Besteiro, como tantos otros
olvidados o no leídos, pienso y creo en una sociedad con todos, en una familia
común que me empecino en seguir llamando España.
Y cuya bandera, no de la
Monarquía ni de los reaccionarios, sino de los españoles, es la rojigualda.
Rojo: Liberal, católico y
patriota
Vicente Rojo recibe el encargo de
defender Madrid en 1936, cuando las tropas franquistas iban a tomar la ciudad.
Su éxito le hizo cobrar cada vez mayor relevancia. Católico, liberal y
patriota, mantuvo su lealtad a la República, a pesar de que, como recuerda
Jorge Martínez Reverte, no le gustaban nada los desórdenes. Belchite,
Brunete,
la Batalla del Ebro,
son lugares donde demostró su genio militar. Pronto probó,
sin embargo, las fricciones con los nacionalismos. El presidente José Antonio
Aguirre se empeñó, contra su criterio, en mandar el ejército en el País Vasco.
La Generalitat permitía a la CNT en Aragón hacer lo que le diera la gana. Para
Rojo, profesional y patriota, eso minaba el esfuerzo de guerra.
En 1939 se exilia, primero en
Francia y después en Buenos Aires y Bolivia. De Argentina saldrá en 1943,
envuelto en el ostracismo del exilio español, después del escándalo que
causaron sus críticas del papel de los nacionalistas, cuando Aguirre llegaba a
Buenos Aires. Una oferta boliviana en 1943 le permite enseñar en la Cátedra de
Historia Militar en Cochabamba (de este periodo es el texto que reseñamos).
Enfermo, regresa a España,
donde es condenado a cadena perpetua, interdicción civil e inhabilitación
absoluta. Recibe un indulto para el primer cargo, pero se le mantienen los
otros dos. Hasta 1966, año de su muerte, vive en Madrid, escribiendo en esa
«muerte civil» a que Franco le había condenado.
Javier Nart
Jose V. Ruiz de Eguílaz y Mondría
De la XXX