LA CODORNIZ

La revista más audaz,
para el lector más inteligente.
CONSEJOS A LOS NAUFRAGOS II
(1949)
Puede suceder que sea usted nombrado comandante del bote por fallecimiento sucesivo de quienes le habían precedido en la jerarquía naútica. Arrostre el mandato con energía y con serenidad sin pensar siquiera en la parte que haya tomado en esa desaparición con su firme voluntad de no distribuir sus provisiones personales en ningún caso. No trate de tranquilizar su conciencia ante la sospecha de que puede haber cometido un error. Usted no comete errores. Recuerde que, durante su infancia, le enseñaron a desdeñar a Euclídes cuando era necesario decidir si el prestigio aritmético de Euclídes era o no mayor que el de don Félix Samaniego.


El hecho de que sus venerables y dignos progenitores ignorasen quién fue Euclides no varía la cuestión. Una vez que hya alejado cualquier preocupación de su cabeza., tome inmediatamente medidas relacionadas con el rumbo. Es prudente recomendar el estudio de la carrera de marino antes de subir a un barco.. Todo el mundo sabe que el Duque de Zaragoza, aun tratandose de un riesgo mucho menor, no consintió en realizar ningún viaje en tren sin haber aprendido a conducir una locomotora. Es prudente, pero quizás excesivo. Lo que sí debe usted conocer, cuando menos, es la navegación por gerundios: <<Paralelo corriendo, puerto encontrando>>. Gente de mar muy avezada asegura que no solo se descubrieron así las grandes tierras ignoradas, sino que ilustres marinos de hoy, a pesar incluso del radar, han gerundiado casi siempre en su larga vida marinera, para <<coincidir>> alegre y honorablemente con con muchídimos puertos. Mi respetable amigo y naúfrago: llegado el momento, gerundie usted sintemor. Es imposible que se salga usted del globo terráqueo.
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En algunos buques de
pasajeros hay -o solía haber- un cepillo de la Sociedad de Salvamento de
Naúfragos, que equivqle al buen perro de San Bernardo, con una hucha atada al
lomo, que en una
estación de Londres pide no recuerdo si para las viudas de los ferroviarios o pra los armóniums y masas corales del Ej´ército de Salvación. Tiene el cepillo de la Sociedad de Salvamento de Naúfragos la forma de un casco de embarcación y una ranura de metal abierta a la generosidad de los posibles benefactores. Por poco dinero, pues la abertura es muy modesta, puede usted ofrecerle a su alma filantrópica el júbilo de una donación. Pero ¡ojo! con creer que puede lograr mayores beneficios con este acto. No confundamos el mecanísmo de nuestra seguridad personal con la adquisición de <<sanwuiches>> y música de Beethoven en los bares automáticos de los Estados Unidos. Si usted,
naúfrago en potencia, quiere salvarse a su hora, olvide para siempre las monedas que metió en el cepillo y prepárese con las mallores garantías para batallar con un siniestro particular de una manera privada. La razón de mis consejos es esa, precisamente.. Sígalos con puntualidad y alcanzará usted, en medio de la terrible tormenta, la costa de una isla desierta. También tengo algo que decir en relación con las islas desiertas. Pero esto se dirá en su día.J. MIQUELARENA
Carolina In My Mind
James Taylor