No se hace uno viejo por haber vivido muchos años,
se hace uno viejo por haber defraudado su ideal.

Gral. MacArthur.
Poetas Muertos
INICIO
Mostrando entradas con la etiqueta Mi viaje por Äfrica LII. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mi viaje por Äfrica LII. Mostrar todas las entradas

17/6/21

MI VIAJE POR ÁFRICA LII

 





MI VIAJE POR ÁFRICA LII


Cuando íbamos abriéndonos paso por la margen del río, avistamos  un cocodrilo que tomaba el sol sobre una gran roca situada en medio de la corriente, a unas ciento cincuenta yardas de la orilla. Pidiendo todas las disculpas que sea menester, debo confesar que siento un violento odio hacia esos energúmenos e incluso me provocan ganas de matarlos. Era un disparo tentador, pues el rufián permanecía tumbado al sol, con la boca abierta de par en par, exponiendo sus grasientos y escamosos flancos. Dos o tres expectantes pájaros blancos revoloteaban a su alrededor a la espera de atrapar los desperdicios que, según me han asegurado (¿Y no responde a ello Heródoto?), les arrancan de entre los dientes en ocasiones. Cuál habría sido el resultado de mi disparo, no lo llegué a saber pues el cocodrilo dio un salto de agonía mortal, o de sorpresa, y desapareció en las aguas. Entonces me tocó sorprenderme a mi. A esa distancia de las cataratas, el río no tenía más de trescientas yardas de ancho, así que divisamos la orilla opuesta con bastante claridad. Nos había parecido distinguir allí una larga franja de fango marrón sobre la que relucía un tedioso sol. Nada más sonar el disparo toda esa margen del río, hasta un radio de al menos un cuarto de milla, cobró repugnante vida; mis compañeros y yo pudimos contemplar cientos y cientos de cocodrilos, de todos los tipos y tamaños, precipitándose como locos en el Nilo; al instante las aguas del río se cubrían de blanca espuma en la línea de la orilla, exactamente como si acabara de estallar una ola gigante.



No sería exagerado decir que un solo disparo había perturbado, como mínimo, a un millar de estos saurios. Nuestros amigos británicos nos explicaron que Fajao era el paraje preferido de los cocodrilos; allí acechaban entre las aguas, bajo las cataratas, esperando a los peces y otros animales muertos que llegaban arrastrados por la corriente. Muy a menudo según nos revelaron, los hipopótamos de la parte alta del Nilo y del lago Kioga eran atrapados y barridos río abajo por la propia fuerza del agua que "les quebraba todos los huesos del cuerpo". <<En realidad, añadió>>, añadió el funcionario en un tono un tanto siniestro, <<tienen mucha suerte si no terminan hechos puré>>

Por fin, tras tomar una curva, nos encontramos frente a frente con las cataratas. Constituyen un espectáculo maravilloso no tanto debido a su altura, por impresionante que esta sea, como al inmenso caudal de agua que desciende precipitándose a través de un hueco tan estrecho. De hecho, al observar el enorme tamaño del río a la salida de las cascadas, parece imposible que semejante corriente proceda de ese único chorro. En medio de nubes irisadas de  de rocío y de un estruendo, emprendimos la escalada por el lado  sur de la muralla de roca y, al cabo de una hora, alcanzamos la cima. Conseguimos aproximarnos hasta una pulgada del borde y, tumbándonos boca abajo, estiramos la cabeza con cautela para descubrir al fondo un espumeante infierno. No habían exagerado la estrechez de  la garganta en la cresta al describírnosla. Dudo que haya siquiera quince pies entre los dos escarpados muros. De hecho serían suficientes  diez libras para tender un puente de hiero sobre el Nilo en este punto. Pero es evidente que, a consecuencia de la caída de las aguas, la roca del fondo debe de haberse arqueado y socavado hasta un grado extraordinario pues, de lo contrario, no dispondría de espacio suficiente para contener todo el caudal del río.




Permanecimos mucho tiempo en este extraño lugar, contemplando las terribles aguas y admirando su magnífica furia mientras intentábamos calcular su potencia. ¿Quién puede negar que están preparando unas riendas capaces de contener y dirigir esa energía, o de que llegará el día en que la desolada Fajao -ahora desierta y casi en ruinas- latirá al  ritmo  de la maquinaria manufacturada y la producción eléctrica? No puedo creer que la ciencia moderna se resigne a dejar tan poderosas fuerzas indomadas y estériles o que estas regiones de inagotable e inigualable fertilidad, capaces de ofrecer todo un surtido de productos que la industria civilizada necesita en mayor cantidad cada año, no puedan ser transformada -pese a los insectos y el clima- en tierras de cultivo.
No cabe duda de que la economía mundial continuará estando mutilada en tanto sigan prevaleciendo negligencias de ste tipo pero, mientras que actuar con precipitación sería un derroche y una estupidez, todavía lo sería más poner límites al desarrollo estable del progreso.


De repente, el propio Nilo me despertó abruptamente de mis reflexiones lanzándome una nube de turbulentas aguas -sacudidas por algún extraño impulso al llegar al borde-  que, tras borbotear un instante en la alta arista de la roca, seca hasta ese momento, depositó un desagradable y tal vez indignado golpe de agua justo a mis pies.




TO LOVE SOMEBODY