No se hace uno viejo por haber vivido muchos años,
se hace uno viejo por haber defraudado su ideal.

Gral. MacArthur.
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14/1/22

LA MANCHA DEL ABUELITO






LA MANCHA DEL ABUELITO

La

revista más audaz, para

el lector más inteligente

Como todos los jueves, la familia se ha reunido en la salita a hojear el álbum de fotografías.

-      ¡Mira! ¡Esta es la nuera de nuestra prima, con su pequeño caballo, cuando fueron a ver el experimento de la primera locomotora! -exclamó alborozada la pequeña Enriqueta.

-      Y este -añade- el tío Ernesto, con su chistera, cuando trataba en vano de inventar el teléfono. Porque en aquellos tiempos no había teléfono, y la gente, para hablarse a distancia, abría las ventanas y lanzaba potentes gritos: “¡Ohéééeee!” “¡Hulabaúúú!

-      Y aquí está papaíto cuando era mozo y usaba jipijapa con cordoncillo



-      ¿Y este? ¿Quién es este? -pregunta el pequeño Juanito, poniendo su dedo mojado en saliva sobre la barba de un anciano.

-      Es Fidel, el anciano mayordomo de los abuelos, cuya lealtad nadie pudo igualar nunca. Comía en la mano de vuestra abuela, como una paloma diestramente amaestrada.

  Uno a uno, desfilan los retratos de la borrosa galería. Todos los antepasados tienen su poquito de historia antigua, que los padres se complacen en contar a los pequeñuelos.

-      ¿Y este?... ¿Quién es este? -pregunta de nuevo Juanito.

-      ¡El orgullo de la familia, hijo mío! Tu abuelo Ambrosio.

-      ¿Es el abuelito?

-      Sí; es él. Prócer entre los próceres, su vida fue un intachable modelo de corrección y nombradía.

-   Mira, papá: el abuelito tiene una mancha.

-   ¿Qé dices? ¿Estás loco? -exclamael padre, lleno de estupor.


-  Sí, aquí. Una mancha blancuzca en la casaca.
-  No digas tonterías, Juanito -exclama la madre, inquieta-. ¿Cómo va a tener una mancha Ambrosio, que fue un hombre pulcro e intachable?.
  El padre coge el álbum en sus manos, que tiemblan ligeramente. La madre corre a buscar una lupa.
- Vosotros idos a jugar a vuestro cuarto -ordena el padre a los pequeñuelos.
   La madre vuelve con la lupa.
-  ¿Es una mancha?
  El padre ahoga un sollozo.
-  Sí. Una mancha de huevo frito. Era su debilidad. "Soy un hombre austero -decía mi padre-; pero que no me quiten mis huevos fritos". ¡Es horrible! Sin duda alguna, el día en que se hizo este retrato había comido el malvado manjar. ¡Esta mancha empaña la posteridad de Ambrosio!


-  No hay que decir nada a los niños. Es mejor que no se enteren.
- Es inutil, mujer. La mancha quedará siempre. Vemdrán al mundo nuestros nietos y bisnietos, y la mancha seguirá allí, en la solapa del levitón, ridícula y humillante. Cuando nuestros descendientes examinen el álbum, no podrán contener la risa al ver esta mancha que ridiculiza la apostura del gallardo abuelo. Una mancha, por pequeña que sea, basta para hacer creer en un carácter desordenado, juerguista, poco pulcro..., ¡qué se yo! No quiero pensarlo. ¡Pobre abuelo! no sabía que una pequeña mancha de huevo frito podría desprestigiar su recuerdo eternizado en el album de familia.                                                                                   El matrimonio cierra el álbum con tristeza, mientras unas lágrimas pugnan por salir a sus ojos, ante lo irreparable de la tragedia.

A. de LAIGLESIA




Abuelito dime tú

 (Heidi)