No se hace uno viejo por haber vivido muchos años,
se hace uno viejo por haber defraudado su ideal.

Gral. MacArthur.
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11/2/24

LAS MANIQUIES --- La Codorniz










LA CODORNIZ

La  revista más audaz, 

 para el lector más inteligente. 









LAS MANIQUIES

(1946)



    Las maniquíes se han implantado ya en España en profusión considerable. Cuando una niña no sirve para cupletista, pelotari, taquillera o corista, se convierte en maniquí.                                                                            Es señal esa conversión de que no tiene más que su palmito y su belleza, sin más facultades. Son lindas, pero un poco inmóviles y sordas. Son como paralíticas de la vida, que aun pueden ocupar una buena categoría. Están entre la muñeca de cera y la mujer d verdad.                                                                             Son como fantasmas carnales, y sus senos son breves y tienen una cejita de sombra debajo, que es lo que más caracteriza a la maniquí y lo que más hace lucir a los trajes. Solo un golpe de difumino apenas manchado en polvillo de lápiz.                                                                                                                               El animador de los maniquíes toma el traje que la señora quiere, y con él 

 Arthas Rey Exanime

doblado y exánime al brazo se dirige a la más pálida y victimable de las maniquíes y se lo entrega. La maniquí entra en el cuarto lateral y aparece enseguida vestida con aire de damita joven que avanza hacia las candilejas desde el fondo de un hondo escenario.                                                                        Lo único raro es que no cante algo al avanzar. Parece que se ha quedado muda de pronto. La música de sus caderas movidas a compás, parece que le da cierta animación.                                                                                                                        El traje vive; sus azabaches suenan a cortina de peluquería; su descote tiene luz; sus mangas cortas chorrean belleza.                                                                        Las maniquíes, en ese estancamiento de vidas que es una casa de modas, adquieren granos, man-


Coco Chanel

No hago moda, yo soy la moda.

chas y sarpullidos especiales que ellas entierran con crema.                          Yo he interviuvado a alguna como si fuese actriz de algún teatro. No he visto nada más insuficiente. Era bonita; pero tenía la inexistencia de las mujeres que solo se prestan, que tienen ya el cinismo nato de la prestación sin mezcla de mal o de bien o de concesión ninguna.
    ---¿A qué hora se levanta una modelo?                                                                      ---Tarde... Tengo un sueño muy pesado; pero sin sueños... Jamás tuve pesadilla de ninguna clase
    ---¿Y qué desayuna una maniquí?
   ---Mucha leche, leche con almidón. ¡Jamás con café!
     ---¿Y en las comidas?
  ---Siempre comidas de convaleciente. Muchas ruedas de merluza.
     ---¿Y sale mucho de paseo?
     ---Sí; todos los días, al más elegante; a la Avenida de los Álamos Blancos... Debemos presen-

Álamos Blancos
-ar el <<ticket>> médico de nuestro peso en la taquilla de entrada a la vuelta del paseo. Nuestro peso debe se invariable, y si aumenta, disminuiremos la ración de ruedas de merluza.                                                                                                                        Las maniquíes se timan con los pollos que son maniquí de su americana; pero su timoteo carece de doctrina o de ideas. Sienten el agrado de mirar al que miran y de recoger sus miradas. Absolutamente nada más. Ni una broma saben seguir. Sus bocas fruncidas no pueden distenderse demasiado.

Morena timándose con un pollo que no se entera...

    Yo me he fijado con mucha atención en las maniquíes que parecen llevar una vida secreta, insana, en los nidos de las cortinas.

Cortina nido de abeja

      Están todas consumidas por la solitaria -solitarias especiales con tipo de cinturones caprichosos que se hubiesen tragado alguna vez-, y reciben los abrazos furtivos de los horteras en los cuartos roperos en que se meten a probar un traje.                                                                                                                                        Las maniquíes, con su carne de falso lenguado, no pueden engañar a los que, en el <<menú> de la vida, buscan un pescado sabroso y sustancioso. Son encarnaciones de la monotonía desaborida, que a veces toma formas deliciosas.

   

    
                      Maniquí            Lenguado                    Solitaria

     Las maniquíes de sombreros on volubles como ellas solas, por causa del gran trasiego d sombreros que sufren. Sus cabezas son versátiles, tornátiles y olvidadizas.                                                                                                                                 Están acostumbradas a arrancarse pensamientos, recuerdos, verdaderas y novelescas fartas, y de ahí esa distracción en que viven y ese engañoso modo de entornar sus ojos que tienen.                                        
      ¿ Y todavía querrá no ser olvidado el hombre que las quiera?                                         No podrán menos de ser olvidadizas y de cambiar de novios y de ideas. Su profesión las fataliza. Todo el día asentando sombreros en su cabeza y haciendo con sus manos los gestos prendidores, redichos, esquivanos, blandos, que tan antipáticos resultan en las manos que se ponen amaneradamente un sombrero frente a los espejos que son trípticos de la coquetería.

RAMON GOMEZ DE LA SERNA