No se hace uno viejo por haber vivido muchos años,
se hace uno viejo por haber defraudado su ideal.

Gral. MacArthur.
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3/9/21

MI VIAJE POR ÁFRICA LXV

 



MI VIAJE POR ÁFRICA LXV


Salimos de una selva húmeda para adentrarnos en una árida selva. Pero entre ambas en una región intermedia, se ven bastas áreas de polvorientos llanos cubiertos de maleza, no del todo inserbibles para el cultivo en las estaciones lluviosas y frecuentados siempre por hatos y rebaños, que flanquean ambas márgenes del río. Las caravanas de camellos se arrastran pesadamente bajo la llamarada y resplandor del sol. El espejismo empieza a distorsionar el paisaje, emborronándolo con aguas engañosas. A intervalos de cuarenta o cincuenta millas se encuentran delegaciones del Gobierno sudanés, bien cuidadas y parejas, provistas de edificios púbicos y almacenes, hileras de barracas para sus guarniciones, un laberinto de embarcaciones nativas y siempre, o casi siempre, uno o dos cañoneros de los tiempos de guerra, utilizados ahora como barcos por la policía del río.

 Así pues llegamos sin retraso a Fachoda, ahora llamada Kodok

Fachoda

    (alusión al incidente de Fachoda. Así se conoce el encuentro que protagonizaron los ejércitos inglés y francés en la ciudad de Fachoda, adonde acudieron en 1898 con el fin de zanjar su desacuerdo sobre la hegemonía de ambos paises en el continente africano. Pero en lugar de producirse el previsible enfrentamiento, se inició una política de negociaciones que desembocaría en la firma de la Entente Cordiale (1904). Aunque en el momento del viaje de Churchill la ciudad ya se llamaba Kodok, pues los ingleses le habían cambiado el nombre con la esperanza de borrar el recuerdo de su "derrota", el autor opta por el antiguo topónimo a lo largo de toda la narración). 

 por el viejo amor a la tradición. Los numerosos miembros de la tribu silluk que (a petición del público) permanecían sobre una pierna en su pensativa actitud natural, las vigorosas compañías de tropas sudanesas y los mandos británicos, civiles y militares, formaban un definido conjunto bajo la seca luz de un sol abrasador, tan solo vedado por danzarines remolinos de arena lastimosamente fustigados por fuertes vientos calientes: Todo esto me hacía recordar una etapa de la campaña de Omdurman; el viejo y familiar Sudán, evocado con tanta frecuencia por la imaginación de los británicos a través del lápiz, la pluma y la fotografía en el transcurso de casi veinte años de guerra, se desplegaba rasgo a rasgo ante nosotros. Y, sin embargo, ¡todavía estábamos a quinientas millas del sur de Jartum!

Silluks



 
La casa del gobernador en Fashoda - Kodok, 1906 (Sur) Sudán, con una línea de cañones frente al edificio principal.


Nos quedamos dos día en Meshra-er-Zeraf para ir de caza, por invitación del sirdar, a un extenso coto donde tuvimos la suerte de hacernos con un búfalo y varios antílopes. Estuvimos vagando por un duro terreno de arena blanca y montículos de áspera hierba, más gris que verde, con desnudos endrinos que formaban una laberíntica maraña; pese a todo, parecía repleto de animales salvajes. La segunda mañana, tan solo en tres horas, cacé un respetable antílope cob, dos africanos y dos ruanos de una magnífica manada que, al bajar a beber al rio, cayeron en nuestra emboscada. Se debe tener en cuenta que la alta probabilidad de cobrar piezas de una categoría muy superior, como son el león o el búfalo, contribuye al placer y la emoción de la caza en estas tierras; de modo que nadie se preocupa demasiado por tener a mano su pesado rifle o por dedicarle toda la atención al animal que se acecha.

Antílopes cob

Me refiero a esas gentes, seguramente carentes de iniciativa y un tanto perversas, que derrochan una fortuna al año en mantener a su disposición rebaños de ciervos mansos, con artificial celo y en detrimento de otros moradores de esta pequeña isla, cuando, en un mes y por un precio inferior a la reneta anual de sus cotos, podrían cazar todo tipo de animales salvajes en su propio hábitat y disfrutar así de algunas experiencias que recordarían toda la vida.

Me sentía tan exaltado por esta placentera mañana de práctica deportiva y por mi inminente regreso al mundo civilizado -a fin de cuentas, los contrastes suelen contribuir al placer- que me permití felicitárme porque, habiendo gozado de una total inmunidad frente a cualquier accidente serio, enfermedad o incluso simple fiebre, habíamos logrado salir sanos y salvos de nuestro largo viaje. ¡Qué exagerados eran los relatos sobre los peligros de las expediciones a África! ¡Qué facil evitar los malignos riesgos del camino! Precauciones razonables,ejercicio regular y dosis de quinina, ¿no eran en sí mismas garantías de seguridad? Esas cuentas echaba yo, y con aparente razón, pero en mala hora. El viaje aún no había terminado.


La quinina o chinchona,

 Es un alcaloide natural, blanco y cristalino, con propiedades antipiréticas, antipalúdicas y analgésicas producido por algunas especies del género Cinchona.

 



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