¡A ESE! ¡A ESE!
(1945)
LA CODORNIZ
La revista más audaz,
para el lector más inteligente.
¡A ese!... ¡A ese! -gritaba el viejo bedel seguido por una multitud. ---¿Que ocurre? -indagó una señora gorda, de luto, asomándose a la ventana.
---Que se nos acaba de escapar el profesor de Gramática Elemental.
---¡Córcholis! -exclamó la señora gorda de luto, arrancándose un pelo del bigote-. Eso es más grave de lo que parece. ¿Y cómo ha sido?
---Un descuido de mi mujer -explicó el bedel, malhumorado-. Se dejó abierta la puerta del Instituto. Y cuidado que se lo tengo dicho: <<No dejes la puerta del Instituto abierta, que se puede escapar algún profesor>>. Pero <<que si quieres arroz Catalina...>>
---¡Qué imprudencia! -opinó un señor de Badalona, fabricante de medias-. Así ocurren las desgracias que ocurren. ¡Sabe Dios si a estas horas no estará ya enseñando Gramática Elemental a alguien!
---¡Ahí va!... ¡Ahí va!... -se oyó gritar al otro lado de la calle. Todos miraron hacia el lugar de donde venía la voz y vieron pasar al profesor de Gramática Elemental como una exhalación.
---¿Dónde se ha metido? -preguntó el ingeniero de Caminos, Canales y Puertos mirando por una brújula.
---¡Vaya usted a saber! Estos profesores de Gramática Elemental se escurren como anguilas -opinó un fabricante de acero inoxidable.
Anguilas Angulas
---¡Maldición! -gritó el viejo bedel, dándose con la cabeza contra el muro-. ¡Me está muy bien empleado, por tonto!
---¡Felipe!... Cierra la puerta, no se nos vaya a meter en casa -se oyó decir a alguien de la vecindad.
---¿Es la primera vez que se escapa? -preguntó un filatélico adulto.
---Es primera -respondió anonadado el bedel-. Hasta ahora solo se nos había escapado el profesor de Química Orgánica, pero nunca pudimos cogerlo vivo.
---Es que estos Institutos están muy mal hechos. ¿A qué demonios les ponen una puerta? -comentó un viajante de peines plásticos.
---Ya no saben que inventar -dijo una viuda de Hacienda, que llegaba en aquel momento. El Director del Instituto acudió con una cuerda en la mano.
---¿Donde está el profesor? -preguntó el bedel mientras hacía en la cuerda un nudo corredizo.
---Hace un rato pasó por aquí -respondió el bedel, y explicó a los que miraban extrañados al recién llegado: El señor Director ha sido vaquero en Massachussets y conoce el lazo como nadie.
---Esto es coser y cantar -dijo, mientras seguía enlazando curiosos.
---¡Ahí va!... ¡Ahí va!... -se oyó gritar nuevamente al otro lado de la calle. Y todos vieron al profesor pasar como un relámpago.
---Es mejor esperar a que se cande -propuso alguien con bigote.
---No es necesario -dijo el señor Director-. Con mi lazo lo engancho en un voleo. Que me traigan al profesor.
---¡Toma! ¡Pues eso es lo difícil! -dijo el bedel sin saber qué determinación tomar.
---¿Y no será bueno enseñarle un plato con comida? -sugirió un propietario de un restaurante próximo.
---Eso no es ninguna tontería -dijo el Director del Instituto-. Lo que más me gusta son las judías con jamón.
---Pero no se trata de lo que a usted más le guste, sino de lo que más le guste a él -dijo el propietario del restaurante próximo-. Le traeré un plato de arroz a la valenciana, pero luego me lo tiene que devolver. Con el arroz, no admito bromas.
Y, poniendo manos a la obra, colocó en la esquina de la calle un suculento plato de arroz con sus almejas, su pollo y su todo. La multitud se escondió detrás de la señora de luto y esperó. A los pocos minutos vieron al profesor asomar la cabeza y acercarse al plato de arroz.
Un grito de <<A por él...>> salió de todas las gargantas, y la multitud, como un solo hombre, se abalanzó sobre el plato de arroz, mientras el profesor de Gramática Elemental echó a andar tranquilamente derramando una lágrima de desconsuelo.
TONO


