No se hace uno viejo por haber vivido muchos años,
se hace uno viejo por haber defraudado su ideal.

Gral. MacArthur.
Poetas Muertos
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21/5/24

¡A ESE! ---La Codorniz

 




¡A ESE! ¡A ESE!

(1945)



LA CODORNIZ

La  revista más audaz, 

 para el lector más inteligente. 





   ¡A ese!... ¡A ese! -gritaba el viejo bedel seguido por una multitud.                                                 ---¿Que ocurre? -indagó una señora gorda, de luto, asomándose a la ventana.  
  ---Que se nos acaba de escapar el profesor de Gramática Elemental. 
 ---¡Córcholis! -exclamó la señora gorda de luto, arrancándose un pelo del bigote-. Eso es más grave de lo que parece. ¿Y cómo ha sido?
 ---Un descuido de mi mujer -explicó el bedel, malhumorado-. Se dejó abierta la puerta del Instituto. Y cuidado que se lo tengo dicho: <<No dejes la puerta del Instituto abierta, que se puede escapar algún profesor>>. Pero <<que si quieres arroz Catalina...>>
  ---¡Qué imprudencia! -opinó un señor de Badalona, fabricante de medias-. Así ocurren las desgracias que ocurren. ¡Sabe Dios si a estas horas no estará ya enseñando Gramática Elemental a alguien!
    ---¡Ahí va!... ¡Ahí va!... -se oyó gritar al otro lado de la calle.                                                       Todos miraron hacia el lugar de donde venía la voz y vieron pasar al profesor de Gramática Elemental como una exhalación.
   ---¿Dónde se ha metido? -preguntó el ingeniero de Caminos, Canales y Puertos mirando por una brújula.
   ---¡Vaya usted a saber! Estos profesores de Gramática Elemental se escurren como anguilas -opinó un fabricante de acero inoxidable.

              Anguilas           Angulas

   ---¡Maldición! -gritó el viejo bedel, dándose con la cabeza contra el muro-. ¡Me está muy bien empleado, por tonto!
   ---¡Felipe!... Cierra la puerta, no se nos vaya a meter en casa -se oyó decir a alguien de la vecindad.
  ---¿Es la primera vez que se escapa? -preguntó un filatélico adulto.
 ---Es primera -respondió anonadado el bedel-. Hasta ahora solo se nos había escapado el profesor de Química Orgánica, pero nunca pudimos cogerlo vivo. 
  ---Es que estos Institutos están muy mal hechos. ¿A qué demonios les ponen una puerta? -comentó un viajante de peines plásticos.
   ---Ya no saben que inventar -dijo una viuda de Hacienda, que llegaba en aquel momento.                                      El Director del Instituto acudió con una cuerda en la mano.
   ---¿Donde está el profesor? -preguntó el bedel mientras hacía en la cuerda un nudo corredizo.
   ---Hace un rato pasó por aquí -respondió el bedel, y explicó a los que miraban extrañados al recién llegado: El señor Director ha sido vaquero en Massachussets y conoce el lazo como nadie.


El Director sonrió con orgullo y enlazó por el cuello a cuatro o cinco curiosos para demostrar su certeza.
      ---Esto es coser y cantar -dijo, mientras seguía enlazando curiosos.
      ---¡Ahí va!... ¡Ahí va!... -se oyó gritar nuevamente al otro lado de la calle. Y todos vieron al profesor pasar como un relámpago.
      ---Es mejor esperar a que se cande -propuso alguien con bigote.
      ---No es necesario -dijo el señor Director-. Con mi lazo lo engancho en un voleo. Que me traigan al profesor.
      ---¡Toma! ¡Pues eso es lo difícil! -dijo el bedel sin saber qué determinación tomar.
      ---¿Y no será bueno enseñarle un plato con comida? -sugirió un propietario de un restaurante próximo.
      ---Eso no es ninguna tontería -dijo el Director del Instituto-. Lo que más me gusta son las judías con jamón.
      ---Pero no se trata de lo que a usted más le guste, sino de lo que más le guste a él -dijo el propietario del restaurante próximo-. Le traeré un plato de arroz a la valenciana, pero luego me lo tiene que devolver. Con el arroz, no admito bromas.
    Y, poniendo manos a la obra, colocó en la esquina de la calle un suculento plato de arroz con sus almejas, su pollo y su todo. La multitud se escondió detrás de la señora de luto y esperó. A los pocos minutos vieron al profesor asomar la cabeza y acercarse al plato de arroz. 


    Un grito de <<A por él...>> salió de todas las gargantas, y la multitud, como un solo hombre, se abalanzó sobre el plato de arroz, mientras el profesor de Gramática Elemental echó a andar tranquilamente derramando una lágrima de desconsuelo.

TONO