No se hace uno viejo por haber vivido muchos años,
se hace uno viejo por haber defraudado su ideal.

Gral. MacArthur.
Poetas Muertos
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13/5/22

FRESAS SALVAJES --- La Codorniz

 







LA CODORNIZ
La 

revista más audaz,

 para el lector más inteligente 





FRESAS SALVAJES

DONDE NO HAY PUBLICIDAD RESPLANDECE LA VERDAD


  Empiezan a cansar los oscurantismos de los nuevos "genios" del cine moderno. Una película (mientras esté dedicada a fines comerciales) no puede ser un crucigrama que cada espectador tenga que resolver en su butaca. Sobre todo si nadie le da una solución en la página siguiente, que puede ser otra película. Sobre todo si nadie le da la solución en la página siguiente, que puede ser otra película explicándola o (mucho más sencillo y mejor) un folleto que sirva de guía para segur los intrincados vericuetos de cada director de moda.      

 Al cine policiaco, en que no se sabía quién era el asesino hasta la escena final, le ha sustituido este cine metafísico en el que no se sabe el problema hasta mucho después de la escena final, cuando el preocupado espectador llega a su casa y dedica cuatro o cinco horas a meditar sobre la película que acaba de ver (y solo ver).

 Ingmar Bergman nos trae en "Fresas salvajes" su correspondiente tesis desarrollada con escasa claridad y muchas truculencias de imagen para que se encuentren cinco o veinte tesis más, a poco que se despiste por sí mismo el ya despistado espectador. probando suerte (con apenas tres horas de reflexión y análisis), nos atreveríamos a insinuar (siempre con miedo)  que Bergman trata de exponer (en su sánscrito particular) la soledad íntima a que conduce el egoísmo y la despreocupación por las personas que nos rodean.                                                                                                                                                 Verdaderamente, habrá que dudar de que éste sea el tema de la película. Porque es más sensato considerar que Bergman debió predicar con el ejemplo y preocuparse de los demás, dándoles información suficiente para calar en su tesis. o, al menos, desentrañar los sueños del viejo profesor como símbolos o reducciones de su vida entera.   

                                                                                                                                                                Con este cine moderno, el oído ha de estar más atento que la vista para cazar la frase-clave, escondida entre monólogos y réplicas de simple construcción de guion. Cuando leemos un libro, nos es permitido repasar un párrafo o un capítulo entero y detener la lectura para reflexionar. En el cine, las imágenes y el sonido pasan a toda velocidad y la única solución sería volver a ver la película. (Cosa que, en el fondo, explica la comercialidad de este cine "genial": solo interesa a una décima parte de la cantidad de público normal, pero, como tiene que verla diez veces, queda compensado).     

    Intentando fortuna otra vez, la frase-clave de "Fresas salvajes"  quizás se deba al profesor cuando declara: "En sueños estoy queriéndome decir algo que despierto no quiero saber". Lo bueno sería que el profesor tomara bicarbonato e hiciera mejores digestiones, y así no nos preocuparía a todos con sus pesadillas, que van desde tropezarse con su propio entierro hasta asistir a unas comidas familiares de su juventud (con dos gemelas inaguantables para que haya pesadilla). Pero el profesor liga sueños al menor descuido y se nos pierde la relación que en su vida puedan tener los tres autoestopistas y el matrimonio histérico, acabado de conocer.

    El recurso más sencillo para resistir  "Fresas salvajes" es dormirse (al compás o no de los sueños del profesor) u olvidarse de símbolos, significados y otras sutiles zarandajas de Bergman y admirar la estupenda fotografía en blanco y negro, la magnífica caracterización de los personajes, la delicada interpretación de los actores, la densa composición de los encuadres y todo aquello que (lejos del guion) refleja la mano maestra de un director extraordinario.                                                                            Claro está que, sin los retorcimientos de expresión, la brusquedad de los encuadres y las pausas misteriosas, descubriríamos que hablamos de que el presente no existe ("El año pasado en Marienbad"), de la incomunicación entre las gentes ("El eclipse") o de la soledad del frío egoísmo ("Fresas salvajes") son simples perogrulladas filosóficas y psicológicas que todos estamos artos de saber.

VITINOWSKY









Gonna get along without you  now

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