No se hace uno viejo por haber vivido muchos años,
se hace uno viejo por haber defraudado su ideal.

Gral. MacArthur.
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4/2/22

EL RUIDO DEL MUNDO

 


LA CODORNIZ

La

revista más audaz,

 para el lector más inteligente



EL RUIDO DEL MUNDO

    La calle es céntrica, pero vive escondida del bullicio de la ciudad. La <<gran arteria>> ha pasado al lado; hasta le ha quitado un pedacito de unacasa. Pero una vez dominado el terror de aquel mordisco en su carne, la callecita ha quedado tranquila, protegida por una curva y dos altivos edificios en las esquinas, con los que ella, claro está, no se trata.                                       La calle no produce apenas ruido. Esto no quiere decir que en ella haya silencio; el ruido está muy cerca. Pero ella hace oídos sordos a ese clamor que llega de la esquina. No existen para ella bocinas de automovil, frenos chirriantes ni voces de vendedores. Tan solo se conmueve al débil grito de la niña del zapatero, que se ha caido al cruzar la calzada, o al que hace la modista del 7 al abrir el balcón. Es como si la callecita tuviera una antena especial que solo recogiera estos sonidos, imposibles de percibir entre aquel gran rumor del fondo para el hombre corriente que la atraviesa.
    La callecita con sus pequeñas industrias -guarnicionero, zapatero remendón, mercería, grabador, librería de viejo, tienda de persianas y horchatería- ha sufrido una conmoción. En uno de esos edificios altivos e importantes de la esquina se ha abierto una tienda de <<radios>> y han colocado un altavoz potentísimo que desde por la mañana transmite música, noticias, guías comerciales, emisiones de todos los paises, sin parar, sin tregua para los pobres oídos humanos.

      Ha habido un momento de confusión. La gente andaba inquieta por la callecita, sin saber en qué esta novedad podía afectar sus vidas. Han pasado el principio de la mañana con un gesto crispado en los rostros, hasta que desde el entresuelo han empezado a llegar las notas de unas tímidas escalas bordadas en su piano por la nieta del guarnicionero. El horchatero, que había interrumpido su trabajo ante los primeros pitidos del altavoz, ha vuelto a hacer girar la heladora -ya se oye el chasquido del hielo y la sal contra sus paredes de madera. 


  Y la calle se ha refugiado en sus modestos ruidos familiares, ignorando olímpicamente esta nueva afrenta de la <<gran arteria>>.                                                                                     El mejor momento de la callecita es despues de las ocho, cuando se reunen en la horchatería el guarnicionero, el librero de viejo y el remendón, a jugar con el propietario una larga partida de dominó.                                                                                                           Ya están los cuatro sentados, abierta la caja, revueltas las fichas. Entonces es cuando parece que el altavoz les va a vencer, el altavoz cuya voz apagaron el ruido de bajada de los cierres de las tiendecitas, el arrastrar de sillas hasta ponerse cómodas, el de las fichas entrechocando sus huesos con sonido de danza macabra al mezclarse las voces de los cuatro industriales saludándose.                                                                                                                            La callecita está en silencio, y el altavoz, triunfante, recoge las notas más estrañas del mundo y las explica a gritos: <<En un pueblecito de Idaho, el periódico local ha aumentado el tamaño de sus páginas. Los clientes se quejaban de que con sus hojas  no se podía envolver una botella de wiskey...>> <<Un antropólogo irlandés ha comunicado a los australianos que están evolucionando y cada vez se parecen más a los canguros...>> <<Un cabaret de Chicago ha inagurado sesiones matinales, con los mísmos "números" de la noche, para los maridos a quienes sus mujeres no permiten salir después de la cena...>> <<En Elizabeth (New Jersey), durante un desfile, los ladrones se llevaron la tribuna de las autoridades...>>
    El guarnicionero abre con el seis doble y empieza la partida.


 <<...Un barco de guerra sueco, haciendo experimentos con "radar", en el Báltico, localizó una caja de botellas de coñac de primera calidad...>> <<En Londres, en la feria de Industrias Británicas, ha tenido mucho éxito un aparato amplificador que permitía a los visitantes oir el ruido que hacen las polillas comiéndose un trozo de tela.>>                                           El horchatero tenía que jugar, pero se ha detenido con la mano en alto antes de chocar su cinco-cuatro. No podía por menos de suceder; alguna de estas noticias sensacionales terminarían por interesarles. Los cuatro se miran.       
    - ¿Le pasa a usted algo?
  - No; me pareció haber oído la voz de mi mujer. Quizás me ha llamado.
    - No creo; nosotros no hemos oído nada.
    - Como aquí don Pedro hace tanto ruido al poner las fichas...

 Y siguen el juego; y al llegarle el turno, don Pedro, el librero, bajo la mirada colectiva de reproche, modera sus ímpetus y coloca su ficha amorosamente.
    El altavoz parece haberse dado cuenta de esta indiferencia insultante y, para vencerla, acude a sus noticias más extravagantes: <<En California, un hombre se presentó en un hospital, diciendo que no se encontraba bien y que no sabía lo que le pasaba. Examinado  con los rayos X,se descubrirá que se había tragado un cepillo de dientes...>> <<Un automovilista ha encontrado, en pleno Broodway, una rana con los ojos color rosa>>


   - Voy a cambiar las persianas que me puso usted este invierno en mi alcoba -dice el zapatero.
    Hay un silencio alarmado. ¿Acaso la persiana ha dado mal resultado?
    - Es que ahora, en verano, la claridad del blanco parece que me chilla a la hora de la siesta.. No me deja dormir, y si no duermo la siesta...
    No le dejan seguir. La idea de prescindir de este admirable es algo que conmueve a los cuatro industriales. Y mientras el locutor se desgañita dando las últimas noticias terribles y alarmantes, los cuatro hombres de vuen voluntad interrumpen su partida y dedican todo su esfuerzo a meditar sobre qué hará más grato y favorecerá más esa hora inefable de la siesta: 


si la persiana blanca, o la persiana crema, o la persiana verde que envolverá al durmiente en luz de pesadilla y luz de acuario...

CONCHITA MONTES