Carta abierta a Victoria Prego
sobre Blas Piñar
Estimada Señora:
A duras penas si he podido
llegar a concluir el vómito que, tras la muerte de Blas Piñar, fundador de
Fuerza Nueva, usted ha perpetrado como presunto “obituario” en el diario El
Mundo.
Me asombra que alguien que
lleva tanto tiempo ejerciendo la profesión de periodista, que en ocasiones se
muestra como analista política de altura, cronista oficiosa en imágenes de la
Transición a la par que fiel entrevistadora de Felipe González, no haya sido
capaz, pese a la distancia, la sabiduría y la amplitud del conocimiento que
confieren los años, de pergeñar unas líneas originales y simplemente se haya
limitado a un recorta y pega de lo que ya escribiera a finales de los noventa,
en consonancia con la “historia oficial”, en un libro llamado “Diccionario de
la Transición”, continuación de otro que venía a seguir explotando el éxito de
una serie televisiva.
Al menos, eso sí, debo
reconocerle la coherencia y correlación, como si nada hubiera leído, entre su
capacidad de manipular en los noventa y la que vuelve a mostrar, sin duda por
efecto de la copia, en este artículo. No debiera sorprenderme el tono porque
usted escribe en un diario El Mundo, heredero directo de otro denominado Diario
16, que tienen como nexo en común la presencia de Pedro J. Ramírez, que para
muchos de nosotros debiera rebautizarse como GRAPO-16. Medios que, al servicio
de la mentira oficial o de los intereses conspiratorios de la clase
político-mediática en cada tiempo, en compañía de otras publicaciones como la
fenecida Cambio 16-del mismo grupo- o la revista Interviú, escogieron como
chivo expiatorio y como cortina de humo a la figura de Blas Piñar y a los
militantes reales de Fuerza Nueva.
Usted ha sido una periodista
de investigación en el tema de la Transición tan ecuánime que se vanaglorió de
haberse negado a entrevistar a Blas Piñar, tras hablar con todo aquel que tuvo
cierto papel en aquellos años. Todo ello pese a que, como ahora nos informa
“fue una figura clave en los últimos años del Franquismo y los primeros años de
la Transición porque lideró el movimiento ultraderechista Fuerza Nueva”. Y,
naturalmente, si era una “figura clave”, debió decirse usted, “¿para qué
conocer su versión de los hechos? ¿para que me estropee el bello cuento que yo
estoy tejiendo?”. Permítame contestarle: simplemente, porque así usted podía
presumir de objetividad a la par que ser fiel a la tesis oficial, pues ni tan
siquiera es suya, de que la Transición se veía amenazada en plano de igualdad
por un terrorismo de ultraderecha y por el de organizaciones como ETA y el
GRAPO, siendo el primero mucho más terrible tratando así de reducir lo que éste
último realmente significada y significa para España. Usted, como tantos otros,
desde un Ministro del Interior a un Presidente del Parlamento agitaban el
“fantasma de la ultraderecha”, culpable de todos los males, jugando a
identificarla con Fuerza Nueva y su presidente Blas Piñar, pero muchas veces
sin tener el valor de acusar de forma directa para evitar así el legítimo
derecho de réplica y defensa ante los tribunales.
Fiel a su interpretación de la
gran lucha por la libertad de la Transición, nos recuerda que la importancia de
Blas Piñar se deriva de las “acciones violentas de Fuerza Nueva”. Y como en su
libro de los noventa del cual copia busca acusar de forma indirecta y nos
informa de los “grupos de acción” de FN, “entrenados en artes marciales,
defensa personal y en el manejo de las armas” de los que saldrán la “mayor
parte de los comandos terroristas que actúan en esos años y utilizan el crimen
como arma política”. Olvidando entonces y ahora que los únicos que utilizan el
crimen como arma política son los terroristas de ETA y del GRAPO y no Fuerza Nueva. Pero, ¿qué
más da?
Le escribo, señora Prego, como
historiador y como militante -y por tanto testigo- de Fuerza Nueva desde
finales de 1978. Soy de esos militantes jóvenes que nunca se enteraron de que
se “entrenaban en artes marciales” y cuya temida “instrucción paramilitar” se
limitaba a marcar aquello de “izquierda, derecha, izquierda”; soy de esos que
veían con rabia lo que se decía de nosotros en esos medios en los que usted ha
colaborado; de esos que buscaban la información veraz. Nunca ustedes, y la
incluyo, periodistas al servicio del poder, reflejaron en sus medios cuando
éramos agredidos, cuando nuestros militantes juveniles eran apuñalados o
recibían palizas, cuando éramos tiroteados como en Vallecas -caso que usted
menciona en su libro obviando naturalmente esos hechos-.
Usted, porque tenía acceso a
la información, sabía perfectamente, por ejemplo, cómo en Córdoba nuestros
militantes fueron apuñalados y presentados por la prensa como agresores por
llevar la bandera de España, pero no iba a dejar que la verdad le estropeara la
noticia. Cómo sufrimos el ataque aberzale a tiro limpio de los proetarras en el
frontón de Anoeta en San Sebastián -y naturalmente tuvimos que defendernos para
que no nos mataran-; pero para ustedes éramos culpables por ejercer nuestro
derecho a expresarnos con libertad -sí con LIBERTAD- y a mí me parecía que
todos ustedes daban la razón a los proetarras que nos atacaron.
Usted, porque tenía acceso a
la información, sabía cómo se volaban nuestras sedes; usted era de esos
periodistas que callaban cuando los agredidos éramos nosotros pero se exaltaban
preñados de lucha por la democracia cuando nos defendíamos.
Mire usted, el primer acto de
Blas Piñar que yo recuerdo, fue atacado por una abultada masa de energúmenos,
armados hasta con barras de persianas, quedando una calle destrozada; pero al
día siguiente sus titulares clamaban “incidentes en un mitin de Blas Piñar” y
presentaban a los agredidos como agresores. En el primer acto público al que yo
acudí como militante de Fuerza Joven fuimos recibidos a botellazos por una
manifestación izquierdista, mientras la policía indicaba que no intervendría si
no había sangre, pero nosotros podíamos ser atacados porque, en su mentalidad
“nos lo merecíamos”; en Elche, por poner un ejemplo, cuando esperábamos la
llegada de Blas Piñar para inaugurar una sede, fuimos encerrados en una plaza
por la policía y brutalmente agredidos -así sin más- y recuerdo perfectamente
como un familiar de quien mandaba la fuerza pública nos decía, estando con
nosotros, que su marido había recibido órdenes de Interior de cargar bajo la
amenaza de ser destinado al País Vasco -a excepción del que suscribe todos los
mandos de Fuerza Joven fueron cayendo por efecto de las porras policiales-; a
nosotros nos caían multas elevadas por exhibir la bandera de España mientras
ustedes aplaudían las medidas. En noviembre de 1981 el entonces Ministro del
Interior, señor Rosón, dijo quiero un centenar de detenidos y alguno acabó
saliendo por ser amigo de un militante de FJ que entonces era novio de su hija
y por el que conocimos la historia. Podría seguir, pero a usted señora Prego,
entonces y ahora, todo esto le importaba muy poco. Así usted y otros podían
hablar de la “violencia extremista”, para ocultar la desastrosa gestión de los
gobiernos de la UCD alegando que eran cosas de la ultraderecha -sigue
haciéndolo en su obituario- y miran para otro lado ante las miserias de la
Transición, que no fue el bello cuento que usted elaboró, donde a nosotros, a
los seguidores de Blas Piñar, nos tocaba ser los malos. Y nos tocaba ser los
malos porque había que frenar el apoyo popular a Blas Piñar, porque había que
impedir, mediante el miedo, que las decenas de miles de personas que acudían a
sus mítines se transformaran en votantes. Si para ello era necesario proscribir
la Verdad que más da parece que debió usted suscribir.
Habla usted de la violencia
ultraderechista vinculada a Blas Piñar y a Fuerza Nueva, responsable de
“numerosos asesinatos y atentados” para decirnos, manipulando utilizando el
lenguaje, que el dirigente de FN es culpable porque la “implicación” –que no es
autoría, fíjese como tuerce la palabra para sugerir sin decir- “directa o
indirecta de miembros de Fuerza Nueva en acontecimientos sangrientos durante la
Transición ha sido ampliamente demostrada ante los tribunales”. Pero no se
atrevería a decir lo mismo de ninguno de los demás partidos en los que alguno
de sus miembros se vio implicado en hechos similares. Usted sabe que esos
“numerosos” fueron en realidad muy pocos y que la mayor parte estuvieron
relacionados con lo que se ha llamado la “guerra sucia” contra el terrorismo.
Usted sabe perfectamente que tras el Batallón Vasco Español o la Triple A,
porque lo han escrito periodistas del mismo grupo 16 que entonces los achacaba
sin sonrojo a la extrema derecha, y cuando se decía extremaderecha en la España
de aquellos años se quería decir FN y Blas Piñar, estaban los primeros estadios
de una guerra sucia que desembocaría en los GAL. Y algunos sabemos que para
borrar las huellas hubo muertes nunca aclaradas -podría usted investigarla-
como la del antiguo dirigente de Fuerza Joven Juan Ignacio González aunque se
alejara de Blas Piñar y Fuerza Nueva.
Se asombra usted señora Prego,
de que no se hayan investigado a fondo las “tramas negras del terrorismo
fascista”, del que evidentemente trata de responsabilizar a Blas Piñar, y sus
“contactos y apoyos en las Fuerzas de Seguridad del Estado”. Pero, usted que
escribe en un medio afamado por su “periodismo de investigación”, ¿por qué no
lo ha hecho? Le doy una razón:porque usted sabe que la historia, esa que no se
quiere investigar, fue siempre al revés. Que desde determinados servicios se
buscaban en aquellos años jóvenes impulsivos, jóvenes que creían hacer un
servicio a España, mano de obra barata para la guerra sucia que allanara
caminos y abriera puertas. A alguno, implicado en esos hechos a los que usted
se refiera, se le advirtió. Yo mismo podría contarle cómo se te acercaban y
cómo algunos picaban para realizar algún hecho violento y eran inmediatamente
detenidos. Y, después, ustedes en vez de exigir que se investigara hasta el
final, como nosotros hacíamos, preferían mantener la historia oficial.
Pero es que además, señora
Prego, usted carece de valor. Vuelve en su artículo, recorta y pega, como se
hacía en los años noventa, a hablar de “tramas civiles” -llamémosla con
corrección- de la operación del 23-F, pero sin citar cuáles eran realmente y lo
alejadas que estaban de eso que llama la “ultraderecha”. Al menos reconoce que
Blas Piñar nada tuvo que ver. Y eso después de hartarse a sugerirnos que lo que
a Blas Piñar gustaba era gritar “¡Ejército al poder!”.
Podía usted, señora Prego,
haberse ahorrado el vómito. Supongo que lo ha hecho porque en el fondo, como
tantos otros, no ha podido soportar la coherencia de un hombre que tuvo la
virtud de ser el espejo en el que no querían mirarse tantos demócratas de nuevo
cuño, entre ellos incluyo a políticos y periodistas. Todos ellos, y otros como
usted, le eligieron como el blanco perfecto, el hombre a quien podían entregar
a las fieras mientras tocaban la lira, acusándole de todo cuanto ellos habían
sido.
Atentamente, Francisco Torres
García.
Jose V. Ruiz de Eguílaz y Mondría
Coronel de Caballería
