No se hace uno viejo por haber vivido muchos años,
se hace uno viejo por haber defraudado su ideal.

Gral. MacArthur.
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24/12/21

LA CODORNIZ Y EL TORO

 





lA

revista más audaz, para

el lector más inteligente.


AQUEL SEÑOR QUE INVENTÓ EL TORO

  El toro no es, como algunos creen, un producto de la naturaleza. El toromlo inventó un señor muy antiguo que se llamaba Toro de apellido, y este es el motivo de que el toro se llame toro, como la Gillette, las magdalenas se llaman magdalenas y el teléfono se llama teléfono. Si el señor que inventó el toro se hubiera llamado Feliu, los toros se llamarían "Felius" y la Corrida de toros se llamaría "Corrida de Felius".

  El señor toro era un modesto inventor que se dedicaba a inventar esa cosa que sirve para no pooder abrir las latas de conserva y para no poder hacer cal. Su negocio era modesto, pero le producía lo suficiente para poder vivir y para ir todos los domingos a las corridas de toros, que en aquellos tiempos se llamaban corridas de caballo.

  En estas corridas existían ya los mismos elementos que en la actualidad, menos el toro, naturalmente, y los diestros lucían sus facultades toreando a un caballo, por lo cual el nombre de caballero.


  Las corridas eran muy aburridas. Los caballeros, al torear a los caballos, no corrían más peligro que el de ser atropellados, y esto quitaba emoción al espectáculo. El público empezó a distanciarse de las corridas y se dedicó a viajar en tranvía, que era el deporte favorito de aquellos momentos.

 - ¡Toros, eh! ¡Toros, eh! -gritaban los conductores del tranvía para atraer al público.

  El publico no comprendía aquella palabra, porque, como ya hemos dicho y pensamos estar diciendo toda la tarde, los toros no sehan inventado todavía; paro a pesar de no comprender la palabra "toro" ni la palabra



 "¡eh!", que tampoco se había inventado todavía, el público veía el tranvía y se subía en él, dispuesto a ir donde fuese.

  Cuando los empresarios empezaron a darse cuenta de que perdían a su público para siempre, quisieron encontrar un procedimiento que salvase el negocio.


   -¡El público lo que quiere es "hule"!- aseguró un entendido.
  Y los empresarios probaron na darle al público un poco de hule. Todo fue inutil. El público se comió el pedazo de hule y, como no le gustó nada, porque sabía mucho a hule, dejó otra vez de ir ala espectáculo.
 - No, no; no era eso -aclaró el que había dicho lo del hule- Al decir "hule", quise decir emeoción, peligro, tragedia...
 - ¿Como podríamos conseguir ese peligro? -preguntaban los empresarios llenos de esperanza.
 - Con caballos furiosos -dijo uno.



 - Enganchando detrás de los caballos un coche -propuso otro.
 -¡Si los caballos tuvieran cuernos!... -comentó el señor Toro, que pasaba por allí en aquel momento.
   Todo el mundo sintió el escslofrío de la verdad. ¿Quién era aquel señor? ¿De donde venía? ¿Como se llamaba?...
 - Me llamo Toro -exclamó al ser interrogado.
 - ¡Así ya podrá! -comentó un envidioso.
    El señor Toro llamó a su criada que ya estaba muy inventada, y, dándole cinco pesetas, le dijo;
 - María: vaya usted a la caballería de la esquina y cómpreme un caballo que sea bueno.
     La criada volvió al poco rato con un hermoso alazán envuelto en un periódico. El señor Toro puso "manos al caballo" y empezó su obra. Primero intentó ponerle unos cuernos de madera, pero hecho el ensayo correspondiente, resultó que, con la humedad se le hinchaban y no parecían cuernos, ni nada. Después intentó ponérselos de hierro ¡pero el hierro tenía el inconveniente de pesar demasiado y los caballos salían a la plaza arrastrando la cabeza y dejaban el suelo hecho una lástima. Por fin, tuvo la idea liminosa:



 -¿Por qué no ponerle a los caballos los cuernos de cuerno?.
      Y, acto seguido, confeccionó unos cuernos de cuerno y se los colocó al caballo encima de la cabeza. Solamente quedaba un detalle:
 -¿Cómo vamos a llamar aesta cosa?
 -¡Cuernoballo! -dijo uno.
 -¡Cabacuerno! -propuso otro.
 -¡Rodríguez! ¡Como el empresario! -propuso el tercero.
 -Y ¿por qué no como el inventor? -exclamó elempresario Rodríguez. algo molesto.


 -¡Toro! -gritaron unos.
 -¡Toro! -repitieron otros.
 -¡Toro, Toro! -aclamó la multitud llena de entusiasmo.
     Y desde aquel día, el toro se llamó así.

TONO



In the Still of the Night

https://youtu.be/VGI04ICfquQ