BUSCO IGLESIA
LA CODORNIZ
La revista más audaz,
para el lector más inteligente.
Estoy buscando iglesia para que "quien corresponda" sepa lo que es bueno. No es por falta de iglesias. En este país, no. Es porque casi todas están ocupadas. Y las que no están ocupadas no me van -o no me vienen-. Me iría a los Jerónimos, por ejemplo, vacía el día de la fecha, pero deben de tenerla reservada para cuando se metan en huelgas y sentadas los monárquicos. O las Calatravas, que es lo mismo, pero ahí es donde se meterán los empresarios para protestar por las cargas de la seguridad social. Nada sería más apasionante para un historiador que narrar el día en que los asalariados se metieran en una iglesia, y los empresarios en la de enfrente. Nada sería mejor, a la par, para el alcalde, que vería resueltos, por una vez, los problemas del tráfico. Bendito Madrid de calles vacías e iglesias llenas. Gozo de monseñor Guerra Campos al constatar tanta clientela. Repleta de huelguistas la parroquia de la Virgen Peregrina, de los Oblatos, ¿qué sermón les echaría el padre Venancio Marcos? Me decía un empresario que la única huelga que le gusta es la de los bancos. No pasan al cobro las letras. Para la felicidad de todos propongo la huelga de cobradores. Vamos a ver; los cobradores de todo tipo -luz, gas, teléfono, entierro, etcétera-. ¿No tienen nada que revindicar? Por Dios, que no me tomen como un incitador a la huelga, como agitador de masas, como enemigo agazapado, compañero de viaje, pagado por el oro de Moscú.
Ni de Moscú ni de ningún otro. Ni oro; pesetas, y pocas, y eso cuando pagan. No quisiera verme ante el T.O.P., como tampoco sería justo. Pero abrigo la esperanza de esa huelga, que, si cae, bien caída estará. Imagínese un mes, o dos, o doscientos sin tener que pagar ningún recibo; los cobradores que no acuden a los domicilios, los bancos que no comunican letras...Y a todo esto pasta gansa en el bolsillo, con la que no se contaba, para que las mujeres puedan ir a la plaza y comprar a sus anchas: medio de boquerones, tres cuartos de filetes, una lechuga, me ponga mitad de peras y mitad de reinetas, cuatro flanes de los que anuncian en la tele. ¡Qué lujo!
Dicho todo a grandes rasgos, naturalmente. Por ahí gritan: "¡amnistía". Bien, suena mucho mejor "¡amnistíaaaa!" que "¡Tarancón al paredón!". Al menos en oídos civilizados. Pero supuesta la amnistía, después, ¿qué? Porque una vez amnistiados los reos, si no se cambian las leyes seguirán siendo reos, so pena de que muden la chaqueta, que no creo, ni es deseable.



