No se hace uno viejo por haber vivido muchos años,
se hace uno viejo por haber defraudado su ideal.

Gral. MacArthur.
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10/1/22

REÑIDA POLÉMICA 1

 



PÁGINA DE REÑIDA POLÉMICA 1

Al Sr don Antonio Lara  (Tono)

                          

La

revista más audaz, para

el lector más inteligente.

  Muy señor nuestro: el asunto que nos mueve a escribir esta carta es delicado, bien lo sabemos. No obstante trataremos de suprimir en ella toda aspereza que pudiera herir el merecido prestigio de que su firma goza en las columnas de nuestra publicación periódica.                                                            Entremos de lleno en la cuestión y no permitamos que la música de sus palabras nos aleje del objetivo que nos hemos propuesto: sus artículos y escritos en general, don Antonio, pecan, a nuestro juicio, de singular brevedad. En una palabra: sus artículos resultan demasiado cortos. En los tiempos modernos, bien lo sabemos, el lector gusta del estilo escueto y desprovisto de toda retórica; las ideas deben mostrarse al desnudo, sin adornos que distraigan o desvirtúen su esencia.


La "idea" dentro del cráneo sobre los libros, el "desnudo" pisando el lienzo rojo, pero el cerebro... también sobre los libros.

  Pero usted, señor Tono, en su afán de librar a su estilo de todo relleno, deja las ideas tan concentradas que, a veces, se asemejan al extracto de carne. ¿No conoce usted ese producto de carne líquida para enfermos y débiles? ¡Un Kilo de apetitosa carne encerrado en un frasquito sin importancia! ¡Una vaca íntegra en cien frasquitos que caven en cualquier parte! ¡Maravilla de los productos concentrados! Y, sin embargo, señor Tono, sin apasionamiento y con toda la sinceridad de que es usted capaz, dígame qué es mejor, ¿un kilo de carne en hermosos filetes o un trago del extracto obtenido por procesos químicos? "¡Abajo el extracto!", exclama usted.                                                                                                 Cuando un hombre tiene verdadero apetito, no dice: "Voy a beber unos tragos de vaca concebtrada". Cuando un hombre tiene apetito, don Antonio, declara con satisfacción: "Voy a comerme unos hermosos filetes empanados".



  Lo mismo ocurre con lo literario: Cuando el lector siente apetito de lectura, huye de los extractos y se complace en ahondar en la literatura consistente y nutritiva, en esa literatura en la cual cada paisaje es una sólida galerada de apretadas líneas; en esa literatura donde no se dice: "Ella lloraba", sino "lágrimas cristalinas y purísimas corrían por las mejillas de la virtuosa muchacha, que pugnaba por contenerlas con un breve pañuelito de tupido encaje.


  Hace varias semanas, esta Dirección se permitió advertirle, señor Tono, que la excesiva brevedad de sus textos ponían en grave aprieto la labor de nuestro redactor-jefe. En aquella fecha usted prometió a esta dirección reforzar sus originales con una o dos cuartillas. Sin embargo, tal promesa no llegó a realizarse. Examinados sus trabajos posteriores por nuestros peritos, pudo comprobarse que el número de palabras en ellos contenidos era igual a los enviados por usted antes de que nos permitiéramos hacerle la advertencia.

  Y ya, puestas las cosas en este terreno, estudiemos con detenimiento este problema: ¿Cómo deben ser los artículos? ¿Cortos o largos? ¿Altos o bajos? ¿Blancos o negros? Como usted verá, pueden formularse mil preguntas, con las que solo lograríamos, bien lo sabemos, promover una vasta polémica en la que podríamos intervenir todos los escritores del mundo. Pero no es esta nuestra intención. Guiándonos por otras publicaciones, hemos podido observar que susbsisten los artículos de grandes dimensiones. Subsisten, en una palabra los artículos largos. Esto no significa que en ellos se encierre un mayor número de ideas, no. Significa que hay en ellos mayor número de vocablos. Hemos observado también que la idea contenida en estos artículos no es necesario que sea demasiado importante. Palabras y palabras: este es el secreto del escritor; palabras que ennegrezcan columnas y páginas. Palabras formando frases o palabras solas divididas por puntos: "Vertebrados. Dípteros. Honradez. Trabajo. Colorantes. Calefactores. Abnegación.


  Díganos, señor Tono, si le resultaría trabajoso añadir al final de sus artículos un montón de hermosas palabras que sirviesen para darnos mayor consistencia y longitud. O bien podría usted, siguiendo otro metodo, tomar ejemplo de los escritores ochocentistas. Los ha olvidado usted ya? Acaso no recuerda las bellas páginas que se escribieron con temas pequeñísimos? Con una mosca, un escritor del siglo pasado llenaba un capítulo de una novela. Con una lágrima empapaba de literatura varios volúmenes ¿Y usted, señor Tono? Un caballo, un huevo frito o una vaca, que en otros tiempos hubiese bastado para contentar la avidez del lector más exigente, le sirven tan solo para llenar unas pocas líneas.  
  Esta Dirección quier huir del "artículo-acelga". ¿Sabe usted lo que es un artículo acelga? Las acelgasson legumbres que, al cocerlas se quedan en nada. Los "artículos-acelga son textos que, al componerlos, quedan siempre cortos.
  Esperando que tomara buena nota de nuestra advertencia, y rogándole se sirva contestar a la mayor brevedad, queda de usted suya afectísima s.s.q.e.s.m.,  

 LA DIRECCIÓN DE 
"LA CODORNÍZ"                                                                                              











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