LA CODORNIZ
La
revista más audaz,
para el lector más inteligente.
EL CATACLÍSMO BENEFICIOSO
He recolectado algunas de las cosas que se publicaron en junio de 1941 alrededor de ese domingo en que apareció La Codorniz.
El día 4 de junio, en el diario Arriba, un entusiasta
germanófilo habla del Káiser enfermo -murió ese mismo día-, último representante de la aristocracia militar apeado de su solio por unos ideógrafos de levita, enredadores electorales y discurseadores melífluos, cuya enclenque alegría (?) hizo una Europa de dadaístas, literatos invertidos, salones de otoño, venus negras y gripe a todo pasto. O sea, el articulísta -firma R.L.M. ¿Ramón Ledesma Miranda?- celebra la supuesta liquidación del fértil, artística y literariamente enriquecedor periodo de entre guerras, incluyendo la gripe, vaya por Dios.
Claro, los hombres de La Codorniz, que habían crecido y se habían realizado justamente en ese periodo anatematizado por el articulista, cuya mentalidad opinión y desprecio condenatorio no eran, ni mucho menos, excepcionales en aquel momento, se encontraron desambientados y ajenos.
El mismo articulista, R.L.M., habla de que la guerra del 14 los chicos eran germanófilos hasta el tuétano, porque sólo Alemania hacía gasto de un vocabulario heroico, que es, en definitiva, el único que convence a cuantos la experiencia y el dolor no han hecho decaer todavía.
El "vocabulario heroico", tan grato a los literatos de las retaguardias, es después de una guerra, más después de una guerra civil, justamente el que menos quieren oír los jóvenes que acaban de hacerla; y más hueco les suena si se sienten decepcionados o manipulados o, en el más grave de los casos, traicionados.
En un ambiente espeso de ampulosidad verbal, normalmente tomada por patriotismo, desplegó sus alas La Codorniz para alivio de muchos jóvenes -tampoco todos, no vamos a engañarnos- y tremendo disgusto de R.L.M.
- Le encuentro muy cambiado, don Jerónimo.
- Yo no soy don Jerónimo.
- Pues más a mi favor
Aquella portada de Tono (Escritor y dibujante, como Mihura. Escribió comedias y dirigió películas. Fue contratado con un excelente sueldo por la Metro Goldwin Mayer, que lo tuvo como guionista en Hollywood.) era excesiva, al borde de lo intolerable y, desde luego, incomprensible en un clima de heroicidad y misticismo, falsificadas las dos cosas. En aquel momento de penuria, vida cara y difícil, carencia de reservas, destrozos, ruinas, especulación, tifus exantemático, sarna generalizada -"secuela de las guerras", de decía-, cartillas de racionamiento y estraperlo, publica José López Rubio (Escritor aglutinado en el grupo de los vanguardistas en torno a Ramón Gómez de la Serna y Jardiel Poncela. También trabajó como guionista en Hollywood. Su fama la debe a su actividad como autor dramático. Fue miembro de la real Academia de la Lengua) un cuento magistral, la historia de un domingo turbio y entorpecido, muy parecido al ambiente general: la familia jugaba al julepe de garbanzos -¿qué otra cosa se podía jugar que más valiera?- cuando empieza a arder la casa, lo cual extrañó a la familia, pues nunca había sucedido, y la madre pensó que al día siguiente debía decírselo al confesor. Llegan los bomberos, que se aplican a destruir el edificio con sus hachas y sus picos, y la familia va tirando por el balcón muebles, jarrones, y objetos diversos a la calle. Al fin, la casa quedó destruida y el ajuar destrozado en el pavimento. Cuando la familia quiso dar cuenta ya eran las nueve, se había pasado la tarde sin sentir. Verdaderamente aquella catástrofe casera significaba poco dentro de la gran catástrofe nacional, y todo era aceptable si servía para matar un poco más el tiempo, ya bastante muerto de por sí.
El día 1 de abril se decreta la libertad condicional para los condenados a menos de doce años, aunque se les destierra a 250 kilómetros de su residencia habitual. Si tenemos en cuenta que habían sido condenados a muerte (aunque no se cumplió la condena) dibujantes como Demetrio, autor de las historias de Lolín y Bobito; "Menda", el inolvidable Perdiguero de La Codorniz posterior; Bluf (a quien finalmente se fusiló) y algún otro tan inofensivo como estos, ¿qué delitos serían los que "solo" habían merecido doce años de prisión?
- No se puede pedir peras al olmo -Le hace decir Tono a su señora.
- ¿Por qué? -pregunta su amiga.
- No sé. Debe estar prohibido.
Las prohibiciones, las limitaciones, las censuras eran, por supuesto, tan inflexibles y rigurosas como inflexibles y rigurosas son las leyes de la Naturaleza.
Se anuncia el estreno de una zarzuela del maestro Guerrero, "La canción del Ebro". Y en el anuncio se hace constar con entusiasmo y prepotencia: TRAJES NUEVOS. Lo que hace sospechar qué trapajos, despojos de otros tiempos, se utilizarían en las demás. En ese ambiente de pobreza, cuando los ricos eran, por lo menos, sospechosos, publica La Codorniz un dibujo de Herreros (Pintor, grabador, cartelista y hombre de cine, figura indiscutible del humor gráfico español del siglo XX. Nombrado hijo predilecto de Madrid, en el Museo Municipal de la capital de España tiene una sala a su nombre y el Ayuntamiento inauguró en Madrid, en diciembre de 1995, "los "jardines de Enrique Herreros", como homenaje a su amor por la Naturaleza) donde una señora corpulenta le dice a su marido:
Wenceslao Fernández Flórez colaboró con La Codorniz desde sus comienzos. En 1945 ingresó en la Real Academia Española.
- Ahora que somos ricos, en lugar de morderte tú las uñas, debes hacer que te las muerda la manicura.
(A propósito de teatro, en el Alcalá triunfa el cantante Plácido Domingo, mientras en su casa, el número 43 de la calle Ibiza, le nace un hijo, que también se llamará Plácido Domingo y puede que también cante en el futuro).


