No se hace uno viejo por haber vivido muchos años,
se hace uno viejo por haber defraudado su ideal.

Gral. MacArthur.
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15/3/21

MI VIAJE POR ÁFRICA XVIII




 MI VIAJE POR ÁFRICA XVIII



Y a lo lejos, aunque cada vez más próximos, resuenan los violentos llamamientos, proclamados por multitudes y hasta por imperios, para que sea la fuerza bruta la que decida la brutal cuestión de cuál de los dos conjuntos de intereses debe prevalecer. No es fácil medir el grado de inestabilidad política que añadiría a las relaciones internacionales el simple hecho de que los súbditos de un estado con gran poder militar y naval puedan encontrarse continuamente expuestos a la violencia declarada y a la legislación penal: a nivel privado, tampoco parece muy recomendable que se invite al colono blanco a colaborar en su propia extinción en virtud de unas leyes que él mismo controla, frente a un competidor a quien, en su opinión, podría derribar de un manotazo.

Sin embargo, el asiático, y esto también es aplicable al africano, tiene infinitos servicios que ofrecer, y energías con las que contribuir, al progreso y bienestar del mundo. Existen vastas tierras cuyas promesas jamás se verán cumplidas e innumerables cosechas que nunca podrían ser cultivadas sin contar con su activa colaboración; carreteras, ferrocarriles y embalses que solamente él puede construir y minas y bosques que permanecerían inertes para siempre sin su aportación. El vigoroso continente del África tropical continua abierto a la potencia colonizadora y administrativa de los pueblos de Oriente. Todos esos nuevos productos que la industria moderna demanda con insistencia, se ofrecerán con ilimitada abundancia a Occidente, siempre y cuando lleguemos a resolver el enigma el enigma de la Esfinge en su más reciente formulación.

Después de todo, ¿estará fuera de nuestro alcance proporcionar una respuesta, si no perfecta, al menos práctica? No debería suponer una dificultad insuperable, contando con los actuales conocimientos sobre organización social, asignar diversas esferas a la actividad física de cada raza. Las grandes potencias han dividido África en el aspecto territorial, ¿acaso sobrepasa la capacidad del cerebro humano clasificarla según criterios económicos? Para crear un estado justo se precisa la colaboración de diferentes clases de hombres. ¿Sería imposible regular por completo cada intrincado pormenor de las condiciones bajo las que se realizase esa operación? En determinado lugar el hombre blanco puede vivir y prosperar; en otro no. Aquí surge una tarea para uno; allí la oportunidad para el otro. El mundo es suficientemente grande. Estoy escribiendo mientras la corriente del Nilo me conduce a través de vastos y hermosos territorios, fértiles pero despoblados, que se extienden al norte del lago Alberto. Existe abundante espacio para todos. ¿Por qué no podemos colonizarlo de una forma justa?

Debe tenerse en cuenta que, desde el punto de vista del Imperio, el tema de la inmigración asiática presenta varios aspectos bien diferenciados. En primer lugar, existen colonias que se basan en el trabajo del proletariado blanco y cuyos habitantes, ricos y pobres, empresarios o trabajadores, son todos europeos. No se puede negar el derecho de esas naciones a prohibir la entrada en su territorio de un gran flujo de asiáticos para protegerse del caos racial y del trastorno económico inherentes a tal inmigración, aunque su ejercicio, sin duda, siempre debiera estar gobernado por la prudencia y consideraciones de otro tipo. Pero estos países se diferencian netamente de aquellos otros donde la mayoría de la población no es blanca sino negra. No obstante, existen colonias, dirigidas por gobiernos responsables, donde el número de habitantes blancos de clase media sobrepasa con mucho al de la comunidad asiática. Es obvio que estas últimas se encuentran en una situación muy distinta a la de lugares como los  del Protectorado tropicales del África Oriental y Occidental.



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