No se hace uno viejo por haber vivido muchos años,
se hace uno viejo por haber defraudado su ideal.

Gral. MacArthur.
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4/7/24

EL PRINCIPITO I




    Este libro me lo regaló un superior cuando yo andaba destinado en Aaiún. A parte de la diferente graduación militar había también una diferencia de edad, el caso es que éramos conocidos , no amigos. A pesar del paso de los años, sigo recordando con cariño a aquel superior, "Arturo Gurriarán",  y el libro siempre lo he tenido a mano.

  Hoy he decidido compartirlo con los insensatos que aburridos, alguna vez leen este Blog, y a la vez que escribo lo vuelvo a leer, que también hay que alimentar el alma.



 EL PRINCIPITO

"Un ser extraño, un ser excepcional y precioso, un Príncipe, un Príncipe bondadoso y distraído perdido entre nosotros"


A LEÓN WERTH

 Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona mayor. Tengo una seria excusa: esta persona mayor es el mejor amigo que tengo en el mundo. Tengo otra excusa: esta persona mayor es capaz de entenderlo todo, hasta los libros para niños. Tengo una tercera excusa: esta persona mayor vive en Francia, donde pasa hambre y frío. (En el año 1942 Francia estaba totalmente bajo la ocupación alemana). Verdaderamente, necesita ser consolada. Si todas estas excusas no bastasen, bien puedo dedicar este libro al niño que una vez fue esta persona mayor. Todos los mayores han sido primero niños. (Pero pocos lo recuerdan)                              

 Corrijo, pues, pues mi dedicatoria: 



A LEÓN WERTH

CUANDO ERA NIÑO



I

  Cuando yo tenía seis años, vi una vez una magnífica lámina en un libro sobre la selva Virgen, que se titulaba Historias Vividas. Representaba una serpiente boa tragándose una fiera. He aquí una copia del dibujo.
En el libro decía: <<Las serpientes boas se tragan su presa toda entera sin masticarla. Luego no pueden moverse y duermen durante los seis meses de su digestión>>                                     Entonces me puse a reflexionar mucho sobre las aventuras de la selva y, a mi vez, conseguí trazar con un lápiz de color mi primer dibujo. Era así:



  Enseñé mi obra maestra a los mayores y les pregunté si mi dibujo les daba miedo.                  Me contestaron:                                                                                                                                ¿Por qué va a dar miedo un sombrero?        
  Mi dibujo no representaba un sombrero. Representaba una serpiente boa que digería un elefante. Dibujé entonces el interior de la serpiente boa para que los mayores pudiesen entender. Siempre necesitan explicaciones. 


   
Mi segundo dibujo era así:                                                                                                          Los mayores me aconsejaron que dejara a un lado los dibujos de serpientes boas abiertas o cerradas y que me preocupara más bien de la geografía, la historia, el cálculo y la gramática. De esta forma abandoné a los seis años una magnífica carrera de pintor. Me había desanimado el fracaso de mis dibujos. Los mayores no entienden nada por sí mismos y es fastidioso para los niños tener que andar dando más y más explicaciones.                                 Tuve, pues, que elegir otro oficio y aprendí a pilotar aviones. Puede decirse que he volado por todo el mundo. <<Saint-Exupéry>> No inventa nada. Recoge en efecto, un dato real de su vida. Se puede decir que en diferentes momentos de su vida tuvo oportunidad de recorrer por el aire casi todo el mundo. Veamos: como piloto de línea y luego director de la <<Aeroposta Argentina>> (1926-1031), conoció África y América del Sur>> Y, desde luego, la geografía me ayudó mucho. Sabía distinguir a primera vista China de Arizona. Es muy útil, si uno se extravía durante la noche.

    Así pues, he tenido durante mi vida montones de contactos con montones de gente seria. He vivido mucho en el mundo de los mayores. Los he conocido muy de cerca. <<Saint-Exupéry>> gozó toda su vida de mucha fama como piloto y escritor>> Y esto no ha contribuido a mejorar mi opinión.                                                                                                      Cuando me encontraba con alguno que me parecía un poco lúcido, le ponía a prueba con mi primer dibujo, que conservo aún hoy. Quería saber si de verdad era comprensivo. Pero siempre me contestaba: <<Es un sombrero>>. Entonces no le hablaba de serpientes boas, ni de selvas vírgenes, ni de estrellas. Me ponía a su altura. Le hablaba de bridge, de golf de política y de corbatas. Y la persona mayor quedaba encantada de conocer a un hombre tan razonable.




PROHIBIDO PASAR