LA CODORNIZ
revista más audaz,
para el lector más inteligente.
EL TREN
-Usted ¿de donde es?
- De Barcelona
- Y desciende
- En Sevilla
- Yo, por el contrario, soy de Sevilla.
- ¿Y desciende en Barcelona?
No; desciendo en Sevilla.
- ¿Qué estación es esta?
- No lo sé; es la primera vez que viajo. Ni siquiera sé lo que es una estación.
- Yo sí; pero no se lo quiero explicar. Mi hermana también es de Barcelona.
- ¿Por qué?
- ¡Cómo por qué? Du hermana, ¿de donde es?
- Yo no tengo hermana.
- ¿Lo dice por modestia o...?
- No, no; porque efectivamente no la tengo.
- Entonces no puedo hacerle comprender el motivo de que mi hermana sea de Barcelona. Para comprender esto hay que tener hermana.
- ¿Fuma usted?
- Gracias. Nunca fumo cigarros.
- Tampoco yo.
- Entonces ¿por qué me ofrece?
- Precisamente por eso; porque no fumo. Si yo fumase no se los ofrecería. Quiero deshacerme de estos que tengo a toda costa. ¿No conoce usted a nadie que fume?
- Sí; conozco a uno, pero estamos reñidos.
- ¿No podrían hacer las paces?
- ¡Nunca! Ofendió gravemente a mi padre.
- Comprendo; pero con la excusa de este puro...
- ¿Está usted loco? ¿Cree usted que ofender a un padre es una cosa sin importancia?
- Completamente. ¿Por qué ha de importarme a mi su padre? Tal vez si fuese el mío... Piense que si su padre fuese el mío, seríamos hermanos. Y en vez de eso, estamos aquí discutiendo como estúpidos. ¿Fuma usted?
- ¡Pero si ya me lo ha preguntado antes y le he contestado todo aquello que le he contestado.
- ¡Ah!, cierto. Usted es ese señor al que han ofendido a su padre, pero que ha hecho las paces con el ofensor por causa de un cigarro puro...
- Precisamente.
- Ya me parecía. Es que soy un gran fisonomista. Si no me equivoco, he debido conocerle en un viaje bastante reciente, me parece...
- En efecto; en este que estamos haciendo.
- Como usted ve, tengo buena memoria. Usted no fuma ¿verdad?
- Ya le he dicho...
- Es verdad; recuerdo que no fuma. Y, además, recuerdo el por qué; usted mismo me lo ha dicho; no fuma por causa del disgusto de cierto cigarro que le robaron a su padre. ¡Pobre hombre!...
- ¿Qué dice usted?
- Pensaba en mi Padre. ¡Pobre mujer! Ahora pensaba en su madre. Después le arrestaron.
- ¿A quién?
- A mi padre. Otra vez pensaba en él. Pienso un poco en su madre y otro poco en mi padre. También pienso mucho en los pobres...
- ¿Estamos ya en Sevilla?
- ¡No sé!
- ¿Cómo podríamos saberlo? ¡Ah, quizás haya una manera! Yo se lo he preguntado a usted y no ha sabido responderme. Ahora pruebe usted a preguntármelo a mi.
- ¿Estamos ya en Sevilla?
- No sé.
- ¡Qué lástima! No va a haber forma de saberlo. En cuanto lleguemos a Sevilla haremos una reclamación a la compañía. ¿Sabe usted hacer reclamaciones?
- No las he hecho desde niño...
- El tren se ha parado; ¡han gritado Sevilla!
- Falta saber si es verdaderamente Sevilla o si lo han gritado por capricho.
-Bajemos. Si resulta que han gritado por capricho, regresamos y damos la señal de alarma. Así se para. ¿Es esto Sevilla, señor?
- No sé, Estaba por preguntárselo a usted.
- ¡Pero si ya me lo ha preguntado usted antes y le he dicho que no lo sé...
- ¡Ah, es verdad! Ya nos conocíamos. ¿No es usted aquel señor que tenía que bajarse en Sevilla conmigo? Si no me equivoco nos hemos conocido en el viaje. Perdone; ¿es esto Sevilla?
https://youtu.be/DHPYn7-_e5g
--- LOLA BELTRÁN




