LA CODORNIZ
La
revista más audaz,
para el lector más inteligente.
UNA MOSCA EN EL CAFÉ
- Camarero; Esta mosca tiene un café.
- ¿Un café? Se habrá caído sin darme cuenta. ¡Como este café está tan lleno de cafés!...
- Pues ya podía usted tener un poco de cuidado. Llévesela y tráigame otra mosca limpia.
- No se ponga usted así, que no es para tanto. Después de todo, no será la primera vez que encuentre usted un café dentro de su mosca.
- No. No es la primera vez que encuentro un café dentro de mi mosca, pero no pretenderá usted que me tome mi mosca con esa porquería de café dentro.
- Yo no pretendo nada. Soy un hombre honrado como mi padre.
- Yo también soy un hombre honrado como su padre.
- ¿Como qué padre?
- Como su padre de honrado.
- Yo no tengo padre. ¿Usted cree que si yo tuviese padre iba a estar todo el día sirviendo moscas como un negro?...
- No tengo ningún interés en que tenga usted padre o no, ni me importa que esté usted aquí todo el día sirviendo moscas, ni me preocupa que sea usted negro. Lo único que pretendo es que me traiga usted una mosca bien caliente y que nos dejemos de discusiones.
- Sin embargo, usted acaba de decir que yo soy negro.
- Yo no he dicho que sea usted negro, señor mío. Soy un hombre honrado y llevo viniendo diez años a este café a tomarme mi mosca sin meterme con nadie.
- Pero usted se ha metido conmigo.
- Yo no me he metido conmigo.
- ¿Pero qué es lo que usted quiere?
- Yo quiero mi mosca, como todo el mundo. Yo no pretendo que me den una mosca más gorda que a los demás clientes, pero tampoco consiento que se me de una mosca pequeña, como si yo fuera Perico el de los Palotes.
- Está bien. Le traeré su mosca, pero tiene usted que retirar lo de negro.
- ¿Dónde quiere usted que lo retire?
- Eso usted sabrá. Usted es el que lo ha traído.
- ¿Sabe usted lo que le digo?
- No. Todavía no.
- ¿Y ahora?
- No. Ahora tampoco.


