ARTICULO DE USSÍA
Jueves. 18 de diciembre de 2014
Visita a la decencia
Enhorabuena
a la vicepresidenta por
rendir
visita a casi quinientos españoles
que
mantienen en alto, en estos tiempos,
la
Bandera de España y el símbolo de la
honestidad
y la decencia. Buena visita
Millones de españoles, críticos
por herencia estúpida de nuestras Fuerzas Armadas, ignoran que mientras
duermen, mientras ellos hacen uso de su libertad, mientras trabajan, mientras
comen y mientras aman, hay
miles de compatriotas uniformados que velan por ellos.
Los que velan por ellos no tienen asegurado el
sueño y el descanso, ni su libertad, a la que han renunciado voluntariamente,
ni su posibilidad de estar con sus amores, sus familiares y sus hijos. Están,
por todos nosotros, a centenares de kilómetros, velando por la seguridad de
nuestra convivencia y cultura. Están, por todos nosotros, a diez mil metros de
altura, vigilando día y noche nuestros cielos.
Están por todos nosotros,
navegando en los buques de la Armada, custodiando nuestras costas y cumpliendo con
sus deberes lejanos. No visten el uniforme del poder omnímodo, como
los militares chinos,
norcoreanos, cubanos o venezolanos. No visten el uniforme de las naciones
aliadas con el terror, como Irán, Irak, Siria, Yemen o determinados Estados del
Golfo. Visten el uniforme de la libertad, de la democracia y la decencia.
Buena visita la que ha rendido
la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, acompañada del ministro
de Defensa, Pedro Morenés, a nuestros militares que cumplen misión en
Afganistán. Misión de riesgo, de vocación y de servicio. Una visita oficial a
la decencia.
Militares y guardias civiles desplazados
a las tierras más ásperas y enconadas del mundo con el único objetivo de
mantener la paz, allí donde la paz es una ilusión de imposible alcance. Ellos,
en Herat, casi lo han conseguido, pero en cualquier momento, esa situación de convivencia
aparente puede convertirse en un infi erno. Y ahí están nuestros soldados,
alejados de sus familias, orgullosos del cumplimiento de sus deberes, felices
por representar a España en el difícil escenario de la permanente inquina.
Soldados que no preguntan por sus ingresos, que no engañan a nadie, que viven
con la honestidad por mochila, que no descansan, que van a pasar la Navidad en
el compañerismo de su segunda familia, que es la milicia, naturalmente.
Soldados, que por jugarse la
sangre y la vida por todos nosotros, por nuestra cultura, por nuestra libertad,
perciben menor contraprestación económica que Íñigo Errejón por defraudar con
su beca nepotista. Mucho menos de lo que ingresa de una nación enemiga de Occidente
y de la libertad, el camarada de las coletas. Muchísimo menos de que lo que
llega desde la tiranía venezolana a las arcas de quienes dicen representar al pueblo.
Al pueblo lo representan
esos soldados que están en Afganistán,
y los que hacen guardia en nuestros regimientos, o vigilan la inmunidad de
nuestros cielos o nuestras costas. Ellos son pueblo, honor y ejemplo
permanente.
En la lejanía, muchas veces se
sienten solos e incomprendidos. No entienden que su sacrificio y la búsqueda
constante del deber sean recompensados en España con el más vil de los
desprecios. Ellos han jurado, generales, jefes, ofi ciales, subofi ciales y
miembros de la tropa, lealtad a España y a su Constitución. Ellos no piden
aplausos, ni elogios, ni gratitudes. Han elegido voluntariamente el ejercicio del
servicio a los demás. Ellos no actuán con heroicidad en pos de medallas ni
distinciones. Ellos están allí porque así lo han elegido. Pero no merecen el
silencio, el desafecto y la ingratitud de los que viven libres gracias a su
esfuerzo y responden a sus desvelos con la distancia y la miseria.
Enhorabuena a la
vicepresidenta por rendir visita a casi quinientos españoles que mantienen en
alto, en estos tiempos, la Bandera de España y el símbolo de la honestidad y la
decencia.
Buena visita.
José V. Ruiz de Eguílaz y Mondría
De la XXX

