SE ACABÓ EL VERANO
Ya parece que ha terminado la bromita del veraneo, y que llegará un momento en que podremos encontrar en su casa, o en su café, a ese señor que está paralizando todos nuestros quehaceres porque se ha ido a veranear a San sebastián.
Esto del veraneo es cosa de otros tiempos; de aquellas épocas plácidas que conocimos en nuestra niñez, cuando el vivir no era una angustia y los negocios seguían un cauce conocido y tradicional.
Entonces se marchaban las familias <<pudientes>> con sus niños, las amas y las muchachas, a las playas del Norte; los pollos colocaban su canotier en la red, encima de las maletas, y en Miranda les sacaban al tren café con leche con pan y mantequilla.
En verano eran tres meses de un calor atroz, y se consumían fácilmente dos pares de pantalones de franela blanca, una batalla de flores, y dos cotillones en el tenis.
En Madrid se asba la gente, pero eraa gentecilla de poca monta la que quedaba. La Castellana era la <<playa>>, y por las noches refrescaban algunas señoritas encorsetadas. Junto a ellas dormitaban las mamás, con las más infimas carabinas que hacían precio especial en el estío
Novios con "Carabina"...
En el Retiro había ópera, a veces opereta, y otras varietés; cuando no, la banda Municipal tocaba Egmont, el baile de Luis Alonso, y la obertura de Tanhauser.
Pero aquellos eran otros tiempos: las guerras, y la dificultad para moverse entre la burocracia, hizo que nlas vacaciones se acortaran o que no hubiera vacaciones.
El año no nos basta para trabajar, y es difícil estirarlo y encontrarle nuevas horas. Por eso son muchas las gentes que no veranean o que, si lo ghacen, es durante quince o veinte días; pero esta combinación de los permisos está estudiada de manera que la vida de trabajo de la capital queda paralizada durante mes y medio. Siempre hay un personaje que está fuera. <<Que ya viene el lunes...>> <<Que no llega hasta primeros...>> <<Que ha tenido que marcharse a Cestona...>> <<Que pasó dos horas aquí el martes pasado, pero se volvió a Galicia...>> <<Que tenía que haber llegado hoy, pero que ha avisado que no llegaba hasta la semana que viene...>> Y uno se pregunta: ¿Cómo es posible que gentes de trabajo y promotores de trabajo se puedan ir tan tranquilos o hacer los viajes dejándose a sus colaboradores en la estacada?
Lo peor de todo esto es cuando el veraneo tiene lugar en el Norte, pues las dificultades de transporte son tales que, que no cabe el consuelo de hacer venir a un personaje para firmar unos papelitos y que se pueda volver a marchar. El que se va a Galicia es como el que se va al Cabo de Buena Esperanza: el viaje de vuelta dura aproximadamente lo mismo, y, si se llega, es un azar.

Cabo de Buena Esperanza
En Cataluña pasa lo propio; todavía se les puede pescar si están en Barcelona, pero com hayan subido a la Costa Brava, ya no se da con nadie; es una región aquella deliciosa, pero tan lejano y confusa como el <<mar tenebroso>> de los mapas antiguos. Queda la sierra, pero en la sierra no veranean apenas personajes; y es una pena, porque esa estaría a la mano.
Puede que un día pongan como condición para nombrarle a uno personaje, el no poder veranear más que en la sierra. No sería mala idea. Y el veraneo en la sierra tiene sus encantos, y desde luego es bastante vario.
Tenemos La Granja por ejemplo. La Granja tiene una tradición de Real Sitio, y por eso no se parece a otros pueblos de la sierra.
La Granja de San Ildefonso
Mezcla a su condición pueblerina la nobleza de sus jardines, de sus palacios, y de un no sé qué de un tiempo pasad, jugoso y con un perfume evocador. En la granja no florece fácilmente el <<chibiri>>, ni la gente en mangas de camisa y alpargatas; hay un <<tono>> que no existe en otros pueblos de la sierra; pero es que además por estar situado en el inmenso bosque y en el umbral de la cordillera, hace fresco; hace un fresco auténtico, no a partir de las 10 de la noche, sino durante todo el día, salvo algunas ocasiones a la hora de la siesta. La Granja posee un pueblo serrano que circula como sus congéneres de región, un tráfico regular, burros, vacas, gallinas y perros. Los perros se enamoran todas las mañanas de una perra en la plazuela del Vidriado, y las gallinas se limitan a tomar el sol en las puertas de sus casas en los barrios bajos. En La Granja hay campos de tenis, piscina, y dos hoteles excelentes y de primer orden; hay agua todo el día y toda la noche, a pesar de las restricciones, y una especie de luz intermitente. Como no pasa el tren, no hay estación y, por tanto, no cabe pasear por el andén a las cinco de la tarde; pero en cambio se entra a voluntad en los maravillosos jardines reales, donde se circula entre cascadas, flores, ninfas y sátiros de mármol, y a la sombra augusta de toda clase de evocaciones.
Los otros pueblos de la sierra de la vertiente de la solana, son otra cosa. Sus personajes son más quinterianos, más a la pata la llana.; tienen una cuestión personal con los zapatos y la corbata al salir de Madrid, y están decididos a no dejar que ninguna convención social se ponga durante unos meses entre ellos y el calor. En estos pueblos de la solana hace calor durante el día, y por la noche refresca. El botijo y la tumbona de mimbre y lona ayudan a pasar el tiempo.
Luego, por la tarde, la carretera se llena de <<chicas y chicos>>; a las seis pasa la vaca y la gente pone en hora su reloj, y se va mucho al jardín de las de Romagosa. Pero de pronto, en uno de estos pueblos serranos, se alza un hotel magnífico como en el Escorial, y entonces todo se divide en dos: el pueblo con sus hotelitos modestos y sus casas de alquiler con sombras de acacia, y el Gran Palace, este es de hermosa construcción; tiene cuarto de baño en cada habitación y teléfono en cada mesilla de noche, junto a una lamparilla discreta para leer. Pero surge un pequeño olvido: no han hecho presa, ni tienen generador eléctrico, y entonces en ese Gran Palace, provisto de todos los adelantos modernos, no hay agua, no funciona el teléfono, y no hay luz. Lo único que sigue igual que sus congéneres del mundo, es el precio: en este no hay restricciones.
En el Escorial, además no hay nada que hacer, sólo alguna casa particular que otra tiene un tenis o una pequeña piscina. Se puede ver el Monasterio, que goza de una temperatura admirable. Pero el deporte municipal que encuentra más favor entre sus veraneantes, es el asomarse por la noche cara a Madrid y al ver parpadear las luces de la capital, decir...<<¡Madrid...!>> <<Ya nos falta poco para volver>>. Algunas señoras llenas de emoción añaden los jueves: <<Parece un nacimiento>>
La Berzosa posee diversas ventajas a pesar de estar en la solana: tiene piscina, algo de caza, caballos de alquiler, buena comida y, sobre todo, se tiene una perfecta independencia. La gente tiene siempre miedo de que los pobladores de u hotel, no demasiado grande y aislado en el monte se convierta en una cosa tan lamentable que se llama <<una gran familia>> y que se acabe comiendo en mesa redonda y fisgando en la vida de cada cual. La Berzosa no tiene nada de esto: cada cual hace lo que quiere; unos se dedican aun tipo de vida y los otros a la de enfrente, y a nadie le molestan.

La Berzosa, Hoyo de Manzanares
El tren está en Torrelodones y resulta un poquito lejos para ir a pasear por el andén; pero, en cambio,, tienen la gran ventaja del arbolado. Es uno de los poquísimos sitios cercanos a Madrid con grandes árboles de sombra. En La Berzosa se pueden leer todos esos libros que no se ha tenido tiempo de hacerlo en Madrid: las últimas veinticuatro novelas de Lajos Zilay, las novelas catalanas de Agustí, <<Nada>> de Carmen Laforet, y si el verano viene largo se puede dar de mano al <<Memorial de Santa Elena>>.
En La Berzosa hay toda el agua y toda la luz que se quiere, porque sus dueños han pensado en ello y se han gastado el dinero necesario en hacer unapresa y en montar un gasógeno. Como se ve, los personajes, los capitanes de la industria, tiene donde alojerse durante el verano sin necesidad de desorgonizar todo el trabajo de los que se quedan, marcándose a lejanas tierras donde, ademá no hace más que llover.
Hoy ya van viniendo y nos cuentan lo bien que se lo pasaron en San Sebastian: << Por las mañanas íbamos al cafe Madrid, por las tardes al café Raga, luego íbamos al teatro a ver a la compañía de María Guerrero, o al cine a volver a ver las películas que habíamos visto durante el invierno; y por la noche jugábamos al pináculo en el hotel...
Total: lo que se llama la vida higiénica, la vida al aire libre>>; ¡Y para eso se dejan empantanado todo el trabajo de la gran ciudad!
EDGAR NEVILLE
Loco por Verte