El tren que descarriló el pasado 24 de julio en Santiago
de Compostela
provocando la muerte de 79 personas y más de 100 heridos, hizo recordar al
periódico ABC, que casi 70 años antes, hubo otro gran accidente
ferroviario en el que publica que hubo hasta 500 muertos, cuando en realidad
fueron menos de la mitad.
Este medio relata así lo ocurrido:
Los “500 desaparecidos” de Torre del Bierzo
Ocultado por el Franquismo en 1.944, nadie supo jamás cuántos muertos
hubo en el peor accidente de tren de la historia de España: algunas fuentes los
cifran en medio millar, estudios recientes en 250 y las cifras oficiales en 78.
Imagen de uno de los Correos
Madrid-La Coruña como el que chocó en Torre del Bierzo
“Como consecuencia del choque se incendiaron dentro del túnel los seis
primeros vagones. Hasta el momento han sido extraídos 26 cadáveres de las
unidades que quedaron más cerca del túnel, y se supone que dentro del mismo se
encontrarán aún más”, contaba el ABC el 4 de enero de 1.944, un día después de
que se produjera, en Torre
del Bierzo, el peor accidente de tren de la
historia de España. No fue aquél ni mucho menos el número real de muertos que se produjeron
en esta tragedia, cuya cifra final jamás llegó a establecerse con certeza por
la férrea censura impuesta por el Franquismo, que minimizó las cifras para no
dar muestras de debilidad, para no producir el menor impacto en la sociedad ni
para despertar las críticas en el nuevo régimen.
Los periódicos de la posguerra, que no volvieron a
publicar nada después de aquellas primeras informaciones, redujeron el número
de muertos a 50, mientras que los datos oficiales publicados por RENFE elevaron
después la cifra hasta 78. El Juzgado de Ponferrada contó 58 cadáveres, mientras que
en la sentencia del juicio al maquinista se establecieron 83 muertos y 64
heridos. El personal ferroviario y los propios habitantes de Torre
del Bierzo,
que participaron en el rescate, hablaban
de al menos 350 personas que perdieron la vida en el funesto túnel número 20 de
la Línea Madrid-La
Coruña.
En 1.999 en el 55 aniversario de la tragedia, el secretario provincial
ferroviario de UGT, José Manuel Vidal, aseguraba a EFE que existían datos
suficientes “para pensar que produjeron entre 500 y 800 muertes”. Un número que
también aparece en, entre interrogantes, en el Libro Guinness de los Récords,
encuadrado entre las mayores tragedias ferroviarias de la historia universal. Según
estudios más recientes, murieron entre 200 y 250 personas.
Este baile de cifras consiguió sepultar el siniestro mediante décadas, hasta que en los últimos años, gracias al testimonio de algunos supervivientes y a la documentación recogida de manera fragmentaria, y a pesar de que algunos de los archivos de RENFE referentes al caso desaparecieran hace años, se ha podido reconstruir el suceso. Era “vox populi” que salieron del túnel muchos más cadáveres de los que oficialmente se declararon en enero del 44.
Los restos del tren siniestrado en Torre del Bierzo, en 1.944
Al igual que el Alvia
que
descarriló el pasado 24 de julio en Santiago de Compostela provocando la muerte
de 78 pasajeros, el Correo-Expreso 421 que hacía la ruta Madrid-Galicia. El 3 de enero de 1.944, a su
paso por Brañuelas, uno de los maquinistas decidió desenganchar una de
las dos locomotoras con las que el tren iba remolcado por tener problemas con
los frenos. Era la locomotora 240-2423, conocida como la “Renfe”, que había sido añadida para
mejorar la tracción. Aquella fue la primera de las decisiones que intervinieron
en el fatal accidente que se produciría una hora después.
El viaje se reanudó solo con la locomotora principal, la número
4532, que
correspondía a la antigua Compañía del
Norte. Al enfilar la pronunciada bajada que hay después de Brañuelas, el tren ganó pronto mucha
velocidad. Para cuando el maquinista se percató de que tenía que comenzar a
parar la máquina para efectuar la parada reglamentaria en Albares, se dio cuenta de que no podía.
Era demasiado tarde.
El Correo pasó a toda velocidad por Albares ante el estupor del jefe de la
Estación, que corrió a telefonear al Jefe de Torre del
Bierzo.
Éste salió de su despacho haciendo gestos con las manos y gritando a los
operarios que pusiesen traviesas en la vía con la intención de detenerlo, pero
el ten continuó desbocado en su descenso hacía la tragedia.
El
túnel número 20
El Correo penetró en el ya desaparecido túnel número 20 que se
encontraba poco después de la Estación. Era uno de los muchos que se
encontraban en el difícil trazado que discurría por la ladera de la montaña, en
cuyo interior se encontraba otra locomotora con tres vagones que intentaba
alejarse a toda velocidad para evitar el impacto del tren que se acercaba sin
frenos.
No le dio tiempo. El Correo
embistió a la locomotora en el interior del túnel. El choque fue tremendo. Seis
de los vagones descarrilaron y formaron en el interior de aquel agujero negro
sin ventilación un amasijo de hierros y maderas que pronto comenzó a arder. Las
escenas tuvieron que ser dantescas. Cientos de
pasajeros atrapados en el interior del túnel sin poder huir y otros tantos vecinos sin
posibilidades de acceder para rescatarlos.
A este cúmulo de
desdichas se sumó la de otro tren con 27 vagones
cargados de carbón
que se dirigía, sin tener noticias de la tragedia, al interior del túnel. Los
cables que movían la señal de “aviso de
parada” habían quedado inutilizados por el accidente y los maquinistas del
mercancías continuaron sin detenerse. Cuando se percataron de que algo ocurría
en el interior del túnel, sus más de 600 toneladas de carbón le impidieron
detener la locomotora de inmediato. El segundo impacto fue también brutal.
Un
rescate imposible
De los 12 coches que componían el Correo 421, cinco
quedaron dentro del túnel y fueron devorados por el fuego. Fue allí donde se produjo la mayoría de las muertes.
Tratando de sofocar las llamas se rompieron las tuberías de los depósitos de
agua que se encontraban encima del túnel, pero no fue suficiente y el fuego
continuó tres días más. El desfile de heridos y recogida de restos humanos de
entre los vagones calcinados duraron más de una semana, y la identificación de
la mayoría de los cadáveres fue prácticamente imposible debido a la calcinación
de los cuerpos, los documentos y las prendas de las víctimas.
Nunca podrán conocerse con exactitud ni las causas ni los responsables
últimos de este accidente, el peor de la historia ferroviaria de España. Todo
parece apuntar al mal estado de las vías y los trenes en una época de
reconstrucción de España tras la Guerra Civil, donde su mantenimiento y
revisión eran prácticamente nulos. “El desgraciado accidente parece ser debido
a una extraordinaria coincidencia de causas, entre las cuales deben
considerarse en su justo valor el largo uso del material móvil”, aseguraba ABC seis
días después.
Israel Viana / Madrid
Estas pasadas vacaciones veraniegas, un colaborador
directo en el rescate del accidente ferroviario ocurrido el 3
de enero de 1.944 en la localidad de Torre del Bierzo, cerca de Ponferrada, que
al poco tiempo de ocurrir el suceso ya se encontraba allí, me cuenta:
El día 3 de enero de 1.944, estando al mando accidental del
Batallón de Infantería perteneciente al Regimiento
de Infantería 36 con guarnición en León,
y de Comandante Militar en Ponferrada el Capitán de Infantería José de la Uz González, a medio día, recibe una
llamada telefónica del Jefe de Estación de Torre
del Bierzo requiriendo su ayuda porque
acababa de ocurrir un terrible accidente de ferrocarril con muertos y heridos en
el túnel a pocos metros de la Estación.
Inmediatamente subió a un camión 35 Soldados que disponía
de la Plana Mayor (puesto que las Compañías estaban destacadas en varias
localidades de la región), y se dirigió al lugar de los hechos, siendo las
primeras Fuerzas que llegaron en su auxilio.
El
panorama era el siguiente:
El tren Correo que descendía del puerto del Manzanal, perdió los frenos y se lanzó
a toda velocidad sobre la Estación de Torre
entrando en el túnel muy próximo a ella, estrellándose contra una
Locomotora que estaba de maniobras,
quedando dentro del túnel cuatro o cinco vagones que se incendiaron rápidamente,
dando lugar a unos doscientos muertos y tres desaparecidos. En el resto del
convoy, unos cinco o seis vagones que quedaron fuera de él, no hubo muertos y ni
heridos graves.
Se
produjo un segundo impacto de un tren con vagones cargados de carbón que iba en
dirección contraria, y que chocó con la locomotora ya empotrada con el tren Correo
dentro del túnel.
Al poco tiempo, llegó un tren de León con personal técnico de
ferrocarril y personal sanitario, también
se incorporó una de las más modernas locomotoras recientemente adquiridas, las
llamadas “SANTA FE” con una gran potencia, que pronto comenzó a sacar del túnel
los vagones siniestrados ese mismo día.
El
citado colaborador vio en directo cadáveres calcinados, pero no restos humanos, siendo recogidos dichos
cadáveres del Correo en el mismo día. Otra cosa, es que se tardase algunos más
en identificarlos. Según él, quizá en el tren con
vagones de carbón duró el fuego más tiempo, pero el de pasajeros se apago
rápidamente.
Este relato que hace un testigo directo del rescate, desmonta las informaciones tendenciosas publicadas en la prensa y que hablaba del número de 500 muertos tapados supuestamente por el Franquismo y que en el 55 aniversario del accidente, el secretario provincial ferroviario de UGT, José Manuel Vidal, aseguraba a EFE que existían datos suficientes “para pensar que produjeron entre 500 y 800 muertes”. Un número que también aparece en, entre interrogantes, en el Libro Guinness de los Récords, encuadrado entre las mayores tragedias ferroviarias de la historia universal. El mismo periódico confirma que según estudios más recientes, murieron entre 200 y 250 personas
¿En qué quedamos?, pues eso…, DÉJENSE DE HISTORIAS
Francisco
Javier de la Uz Jiménez


