Empezamos en Valencia y seguimos con Asturias
Plaza de toros de Algemesí, "cuadrada"...
Fiestas de LA MARE DE DEU
Patrimonio Cultural de la Humanidad. Unesco.
Este soy yo en la procesión de LA MARE DE DEU en Algemesí, el año que ingresé en la AGM, con los quintos de la mili. Era la tradición.
Cuando tenía 8 años empece mi curso de "prepa", preperatoria para ingreso, en los Salesianos de la calle Sagunto de Valencia. Llegaban algunos compañeros de los pueblos que no sabían hablar Castellano y se avergonzaban de ello, era de paletos...de gente de pueblo...
Mis abuelos que eran de pueblo, hablaban siempre en Valenciano y apenas Castellano, así que cuando tenían que hablar delante de alguien que no entendía el Valenciano, se esforzaban con el Castellano, lo pasaban mal, pero lo hacían, lo otro "sería una ridícula falta de educación y de sentido común."
Así que si cambiamos Asturias por Valencia y aldea por pueblo, esto lo podía haber escrito yo; mejor claro.
Vamos con Asturias
Nací en Asturias, por la
gracia de Dios. Mi lengua materna es el asturiano (o, como lo denominan los
listos y los finos, el “bable”). En mi aldea, los únicos que hablaban español
cuando yo era pequeño, allá por los años 70 del siglo pasado, eran el cura y el
maestro. Los del pueblo “hablábamos mal” o “no sabíamos hablar” o, simplemente,
éramos aldeanos y hablábamos como tales. Los asturianos nos avergonzábamos de
nuestra propia lengua y algunos todavía se avergonzarán hoy. Allá ellos. Yo me
siento tremendamente orgulloso de ser asturiano y de hablar asturiano siempre
que tengo ocasión; o sea, cuando estoy con asturianos y sé que me van a
entender. No se me ocurre hablar asturiano con murcianos o con castellanos,
porque sería una ridícula falta de educación y de sentido común.
Eso es lo que falta en esto de
las lenguas: sentido común. Porque el sentido común se pierde cuando las
ideologías se entrometen y empiezan a utilizar las cuestiones lingüísticas como
arma política para dividir a las personas y establecer “hechos diferenciales”
que consisten, básicamente, en exaltar las bondades de tu historia, tu cultura
y tu lengua para despreciar al vecino y ahondar en lo que nos separa. “Nosotros
bebemos sidra y jugamos a los bolos. En cambio, a los vecinos (esos bárbaros)
les gusta el vino y juegan a la petanca…¡Qué distintos somos! ¡Dios nos libre
de Castilla!”. Así razonan los fanáticos nacionalistas, sean asturianos,
vascos, catalanes o uzbecos. Separar, dividir, insultar, manipular la historia…
Como si amar tu tierra y tu lengua fuera incompatible con el amor al resto de
las lenguas y culturas de las tierras de España. Yo amo a Asturias y al
asturiano, porque esa es mi tierra y esa es la lengua que aprendí a hablar en
mi casa. Pero amo con la misma pasión a España y al español. Amo la Hispanidad,
amo las Españas y amo la lengua de Cervantes. Mi forma de ser español es siendo
asturiano.
Porque ser español es mucho
más que tener un pasaporte. España es mucho más que sus territorios
peninsulares, insulares y norteafricanos; mucho más que sus cuarenta y siete
millones de habitantes.
España es el Cantar de Mio
Cid. Ser español es recordar a doña Jimena en el Monasterio de San Pedro de
Cardeña, defender el honor de doña Elvira y doña Sol contra los traidores y
cobardes Infantes de Carrión y combatir junto a Minaya Alvar Fáñez y Martín
Antolínez, el burgalés de pro.
España es Gonzalo de Berceo y
sus Milagros de Nuestra Señora y"el monasterio de San Millán de la Cogolla
y el de Santo Domingo de Silos; Ser español es cortejar con el Marqués de
Santillana a aquella “moza tan fermosa” que era “la vaquera de la Finojosa”. O
ir en busca de amores con el Arcipreste de Hita y la vieja Trotaconventos.
Ser español es mirarle a la
cara sin miedo a la Muerte, como Jorge Manrique, con el aplomo y la resignación
cristiana del Maestre don Rodrigo, “porque querer hombre vivir, cuando Dios
quiere que muera, es locura”. Pero ser español también es compartir y disfrutar
de un vaso de buen vino con la vieja Celestina y sus pupilas en una tasca de
mala reputación.
España son las Églogas de
Garcilaso de la Vega y su Soneto XXIII, el Cántico Espiritual de Juan de la
Cruz y las andanzas y miserias de Lázaro de Tormes. España es la Oda a la vida
retirada de fray Luís de León, los Ejercicios Espirituales de Ignacio de
Loyola y la vida del Buscón de Quevedo.
España son las soledades de Góngora y es cabalgar con don Quijote y Sancho
Panza para desfacer entuertos y combatir malandrines y encantadores. Español es
Peribañez y Fuenteovejuna y Olmedo (“que de noche lo mataron al caballero, la
gala de Medina, la flor de Olmedo”). España es Segismundo (“¡Ay mísero de mí,
ay infelice!”) y el burlador de Sevilla y el Estudiante de Salamanca y el don
Juan de Zorrilla.
España es Cadalso, Feijoo y
Jovellanos. España son las rimas de Bécquer y las orillas del Sar de Rosalía y
el don Juan Tenorio de Zorrilla. España es un canto a la libertad como la
canción del pirata de Espronceda y es el dolor de Larra. España es la Benina de
Galdós y la Ana Ozores de Clarín y la Pepita Jiménez de Valera.
España es la agonía de
Unamuno, la elegancia refinada de la princesa triste de la Sonatina de Rubén
Darío y el sufrimiento y el espanto de Lo Fatal. España es el esperpento de Max
Estrella y Valle-Inclán y son los Campos de Castilla de Antonio Machado. España
es Andrés Hurtado y Zalacaín el Aventurero. España es la San Sebastián de Edad
Prohibida de Torcuato Luca de Tena y la Asturias de Armando Palacio Valdés y su
Aldea Perdida. España es el Macondo de los Cien años de soledad de Márquez y es
La ciudad y los perros de Mario Vargas Llosa. España es también el México de
Carlos Fuertes y la Cuba de José Martí y es el Chile de Pablo Neruda y la
Nicaragua de Rubén Darío. España es la Pampa del gaucho Martín Fierro y es el
Inca Garcilaso de la Vega y es un poema de amor de sor Juan Inés de la Cruz y
es el Facundo de Domingo Sarmiento. España es la Comala de Pedro Páramo y es el
nuevo mundo de Bernal Díaz del Castillo. España es un cuento de Borges o un
relato de Cortázar.
España es un retrato de
Velázquez, una pesadilla de Goya en su Quinta del Sordo y un arlequín de
Picasso; España es una mujer asomada a una ventana contemplada por Dalí y un
mural colorista de Miró. España es Gaudí y Tapies y Antonio López; es
churrigueresco y herreriano, románico y gótico. España es el Museo del Prado y
la Catedral de Burgos y la de Zamora y la de León y la de Oviedo y la de Palma
de Mallorca y la de Palencia y la de Córdoba y la de Murcia y la Alhambra de
Granada…
España tiene ritmo de
pasodoble y de ranchera, de merengue y salsa, de muñeira, jota y sevillana.
España es una sardana y una danza vasca. España suena a gaita y a guitarra
flamenca y a mariachi mexicano y a música andina. España es Albéniz y Falla.
España es La Colmena de Cela y
Cinco noches con Mario de Miguel Delibes; es Lauro Olmo y la historia de una
escalera de Buero Vallejo. España es la poesía de Miguel Hernández y Celaya.
España es Lorca, Aleixandre y Dámaso Alonso. España es la Razón de amor de
Salina y el Ciprés de Silos de Gerardo Diego y la Meseta de Guillén.
España es la Plaza Mayor y la
Universidad de Salamanca y la Plaza del Obradoiro y el Pórtico de la Gloria de
Santiago de Compostela y la Sagrada Familia de Barcelona. España es Segovia y
su Acueducto Romano y Ávila y sus murallas. España es el Monasterio del
Escorial y la imaginería de Salzillo y de Gregorio Fernández y de Alonso Cano.
España es Chillida y Gargallo, la luz de Sorolla y un paisaje de Zuloaga.
Español de España, español de
América, español universal. España es su historia, su lengua, su literatura, su
arte, sus acentos variados, su mestizaje y su fe. Ser español es un modo de
crecer, una manera de entender el mundo, una forma de rezar, de disfrutar, de
sufrir y hasta de morir. Por eso los que odian a España lo primero que hacen es
prohibir el español en las escuelas.




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