EL PRINCIPITO XVII
"Un ser extraño, un ser excepcional y precioso, un Príncipe, un Príncipe bondadoso y distraído perdido entre nosotros"
XVII
Cuando uno quiere darse de ingenioso, ocurre que miente un poco. No he sido muy honrado al hablaros de los faroleros. Me expongo a dar una idea falsa de nuestro planeta a los que no lo conocen. Los hombres ocupan muy poco sitio (Esta reflexión de Saint-Exupéry se agudiza especialmente en 1939, cuando contempla su país tan indefenso y tan vacío de gente para defenderlo. <<El enemigo ha reconocido una evidencia y la explota: los hombres ocupan muy poco sitio en la inmensidad de las tierras. Se necesitarían cien millones de soldados para levantar una muralla continua.>> ( Piloto de Guerra) en la Tierra. Si los dos mil millones de habitantes que pueblan la tierra se estuvieran de pie y un poco apretados como para un mitin, cabrían fácilmente en una plaza pública de veinte millas de largo por veinte millas de ancho.. Se podría amontonar la humanidad sobre el más pequeño islote del Pacífico. Por supuesto, los mayores no os creerán. Se imaginan que ocupan mucho sitio. Se creen tan importantes como los baobabs. Entonces les aconsejaréis que calculen. Adoran las cifras y les gustará. Pero vosotros no perdáis el tiempo con ese castigo. Es inútil. Vosotros tenéis confianza en mi.
baobabs
Ya en la tierra, el Principito se sorprendió, pues, mucho al no ver a nadie. Temía ya haberse equivocado de planeta, cuando un anillo color de luna se movió en la arena.
---Buenas noches -dijo por si acaso el Principito.
---Buenas noches -dijo la serpiente.
---¿En qué planeta he caído? -preguntó el Principito,
---En la Tierra, en África -respondió la serpiente.
---¡Ah!... ¿Entonces no hay nadie en la Tierra? ---Esto es el desierto. En los desiertos no hay nadie. La Tierra es grande -dijo la serpiente. El Principito se sentó en una piedra y levantó los ojos hacia el cielo.
---Me pregunto -dijo- si las estrellas no estarán iluminadas para que cada uno pueda encontrar un día la suya. Mira mi planet. Está exactamente encima de nosotros... Pero ¡qué lejos está!
---Es hermoso -dijo la serpiente-. ¿Qué vienes a hacer aquí?
Eres un animal extraño,
delgado como un dedo.
---Tengo problemas con una flor -dijo el Principito.
---¡Ah! -dijo la serpiente. Y se callaron
Y se callaron
---¿Donde están los hombres? Cuando Saint-Exupéry cayó en el desierto de Libia y se vio rodeado de silencio, le brotó de los labios la misma pregunta: <<Ahora bien, ¿dónde están los hombres?>> (Tierra de hombres) -prosiguió al fin el Principito-. Se está un poco solo en el desierto...
---También se está solo entre los hombres <<Se refería Saint-Exupéry a la incomunicación radical que existe entre los seres. Para él era una necesidad casi vital estar en armonía de corazón con los que le rodeaban. Y casi nunca sus deseos se cumplían. En su Carta al General X, escrita en 1944 de vuelta al combate, se quejaba amargamente de ello: <<...esta existencia gregaria en el corazón de una base americana, estas comidas servidas entre entre los monoplazas de 600 caballos, en esta especie de construcción abstracta donde estamos amontonados a razón de tres por habitación, este terrible desierto humano, en una palabra, me oprime el corazón...>> -sentenció la serpiente. El Principito la miró largamente.
---Eres un animal extraño -le dijo por fin-, delgado como un dedo...
---Pero soy más poderosa que el dedo de un ry -dijo la serpiente.
El Principito sonrió.
---No eres muy poderosa... Ni siquiera tienes patas... Ni siquiera puedes viajar...
---Puedo llevarte más lejos que un navío -dijo la serpiente.
Se enroscó alrededor del tobillo del Principito como brazalete de oro.
---Al que toco le devuelvo a la tierra de donde ha salido -siguió diciendo-. Pero tu eres puro y vienes de una estrella...
El Principito no respondió nada.
---Me das lástima, tú, tan débil, en esta tierra de granito. Algún día podré ayudarte, si echas mucho de menos tu planeta. Yo puedo...
---¡Oh! He entendido muy bien - dijo el Principito-, pero, ¿por qué hablas siempre con enigmas?
---Yo los resuelvo todos -dijo la serpiente.
Y se callaron.
Si Tú Me
Quisieras


