MI VIAJE POR ÁFRICA XXXVIII
En Namirembe Hill, donde tiene la sede la Church Missionary Society, se alza una bonita catedral construida con materiales muy primitivos y provista de tres elevadas y pintorescas torres techadas de paja; es casi el único edificio de toda Uganda que ofrece un mínimo indicio de preocupación arquitectónica. En su interior me encontraba yo la tarde del 20 de noviembre asistiendo a la inauguración de una escuela secundaria para alumnos que, bastante avanzados ya en sus estudios, no podían recibir la instrucción adecuada en los centros existentes hasta el momento. Una nutrida concurrencia de africanos y europeos, perfectamente vestidos, se encontraba reunida en una estancia de considerable tamaño. Los escolares, apiñados en el suelo, formaban una compacta masa de jóvenes vestidos de blanco. El Kabaka y Sir Apolo Kagwar, que tienen cinco hijos en la escuela, se hallaban en la tribuna. El gobernador presidía el acto y, tras el discurso pronunciado por el obispo, los estudiantes entonaron diversos himnos y melodías inglesas, con un ritmo y un tono notables. Resultaba increíble, al contemplar el mapa del Imperio Británico colgado en la pared, que todo esto pudiera estar sucediendo en un rincón situado al norte del lago Victoria.
Recorrimos en rickshaw las ocho millas de horrible carretera que separan Kampala de su actual puerto de Munyono, construido en las orillas del lago. Aunque se compone de poco más de un muelle y unos cuantos cobertizos, este lugar ofrece el ejemplo perfecto de los saludables efectos derivados del desbrozo. La mosca tsetsé y los mosquitos han sido totalmente erradicados del área despejada, de modo que este terreno, considerado como una trampa mortal hasta hace un año, se ha convertido en una zona higiénica y segura. En la actualidad ya está en marcha el proyecto de un nuevo puerto situado a solo cinco millas de Kampala y, una vez que está conectado con la capital por una línea de tranvía monorraíl, como debe ser, parece lógico esperar un sustancial crecimiento del comercio.
Allí nos estaba esperando el Sir William Mackinnon. un venerable buque de la Marina de Uganda en el que partimos desprendiendo vapor sobre las tranquilas aguas del lago, a través de un archipiélago de hermosas islas -a cada cual más tentadora- actualmente desiertas a causa de la enfermedad del sueño. Todo el día lo pasamos viajando por las protegidas aguas y, ya por la tarde, las luces de Jinja nos guiaron hacia nuestro destino. Si duda es admirable es admirable la suerte que condujo a Speke a su sensacional descubrimiento del canal que conduce a las fuentes del Nilo. En la orilla norte del lago Victoria existen unos quinientos golfos y estuarios que en nada se distinguen de aquél. El marino habitual no percibe ninguna corriente específica hasta llegar a pocas millas de los rápidos y, aunque la hipótesis de la existencia de una posible salida en la parte posterior de esta vasta extensión de agua dulce presentará muchas probabilidades de ser acertada, el explorador podría haber buscado ese punto concreto durante un año sin lograr encontrarlo. Np obstante, Speke, optó por dejarse ir a la deriva, impulsándose suavemente con los remos hasta que, de pronto, el murmullo distante de una catarata y la leve aceleración en el movimiento de su canoa lo arrastraron al tan buscado nacimiento del más maravilloso río del mundo.
Ya había caído la noche cuando desembarcamos en Jinja, así que no pude distinguir con claridad los preparativos para nuestra recepción habían realizado los jefes locales y los comerciantes indios, que componían una considerable multitud. La oscuridad que en otras circunstancias hubiera resultado decepcionante, nos ofreció la oportunidad de contemplar una de esas valientes hazañas que, tan a menudo, los representantes del pueblo británico están dispuestos a realizar. Cuando se procedía a desembarcar el equipaje en el muelle, un pobre culí se deslizó sobre el peso de su carga y al instante fue tragado por aquellas profundas aguas negras. De inmediato, como es natural, un joven funcionario del Departamento Político se arrojó tra él, en plena oscuridad y en medio de los cocodrilos, y lo pescó sano y salvo; una admirable acción que cuenta desde entonces con el reconocimiento de la Royal Humane Society. No me atrevo a asegurar que tan nobles principios, basados en la valentía y el respeto por la vida de un humilde nativo, sean predominantes en cualquier otra parte de África.
Jinja está destinada a convertirse en un lugar clave para el futuro económico del África central, Situada en el punto donde el Nilo se separa del lago Victoria, se halla muy próxima a la vía fluvial de más directa comunicación con el Sudán y el lago Alberto; además, constituye el sitio ideal para el aprovechamiento de una gran cantidad de energía hidráulica. En los próximos años las riveras de esta espléndida bahía podrían estar coronadas por largas hileras de cómodas mansiones tropicales e importantes oficinas y la garganta del Nilo, abarrotada de factorías y almacenes. Hay energía suficiente para desmotar todo el algodón y serrar toda la madera de Uganda, de modo que llegará a servir de base a uno de los principales emporios de productos tropicales. En estas circunstancias sería una lástima perjudicar a la ciudad imponiéndole un nombre extranjero. Parecía mucho más acertado bautizarla como Ripon Falls, el nombre de las bellas cataratas que se encuentran a sus pies y cuya fuerza le traerá algún día la prosperidad.
El atractivo de las cataratas Ripon las hace, sin duda, merecedoras de una visita. El Nilo brota del lago Victoria, una vasta superficie de agua casi tan vasta como el Támesis cuando pasa bajo el puente de Westminster, y casi inmediatamente su poderoso caudal desciende precipitándose por una escalinata de roca, de unos quince o veinte pies de profundidad, sobre la cual va formando suaves y arremolinadas lomas de agua verde. Resultaría muy sencillo aprovechar toda su fuerza haciendo que el río emprendiera su su largo y benéfico viaje hacia el mar efectuando un gran salto a través de una turbina. Es posible que en ningún otro lugar del mundo baste una construcción tan mínima para embalsar una masa de agua tan inmensa. Dos o tres pequeños diques de isla a isla, a través de las cataratas, provocarían que, con un coste increíblemente reducido, todo el nivel del lago Victoria -una superficie de más de de ciento cincuenta mil millas cuadradas -se elevara de forma gradual hasta seis o siete pies.
Esta obra implicaría un incremento considerable de la energía hidroeléctrica disponible, una mayor profundidad en las aguas de la bahía de Kavirondo, lo que permitiría el acceso de barcos de mucho más calado y, por último, el mantenimiento de un nivel uniforme en el lago de forma que las inmensas áreas pantanosas de sus riberas, que dependiendo de la caída de las lluvias aparecen sumergidas o descubiertas, se convertirían en aguas limpias o terreno seco a disposición del hombre, aparte de provocar una incalculable destrucción de mosquitos.
CORRE CORRE
KEEP ON RUNNING
Tom Jones
https://youtu.be/-Sv3RgQeoes










