HISTORIA DE UNA BODA II
LA CODORNIZ
CAPITULO DOS
Curaron. Y cuando el médico -director del sanatorio- le comunicó al padre de Valentina que Mariano estaba ya en condiciones de resistir las emociones fuertes, el padre de Valentina le dijo a Mariano: ---Joven: tiene usted que casarse con mi hija. A lo cual contestó Mariano con entusiasmo delirante: ---Bueno...¡Qué se le va a hacer!
CAPITULO TRES
El día de la boda, la familia de Valentina entera se levantó con los primeros rosicleres del alba.
Rosicleres del alba
---El linotipista: Perdone usted, señor Jardiel Poncela; pero yo esto de los primeros <<rosicleres del alba>> no lo escribo.
---Yo: ¡Pero hombre! ---El linotipista: No, señor. Es una indecente cursilería y no paso por ella.
---Yo: Pero no hay más remedio que escribir alguna cosa así para que un relato de amor guste hoy día. Recuerde usted que ahora a los lectores les entusiasma <<Lo que el viento se llevó>> y cosas por el estilo, y que...
---El linotipista: Bueno; pero usted ha advertido que este relato es para gentes muy, muy, muy inteligentes...
---Yo: Sí, eso es verdad. Bueno, pues quite lo de <<los rosicleres>>.
---El linotipista: Voy escapado porque se me había atravesado a mi eso... Ya está. Adelante. Siga usted.
Linotipista
Valentina recorría las habitaciones ya vestida para la ceremonia, haciendo millón y medio de preguntas.
---¿Qué hora es? ¿A qué lado se lleva el azahar? ¿Tengo que contestar <<sí >> en castellano o en latín? ¿Ha venido ya la madre de Mariano? ¿Quién va a llevarme la cola? ¿A cuántos estamos hoy? ¿Qué dedo es el que hay que ofrecer para que le pongan a una el anillo? ¿Del brazo d quién tengo que entrar en la iglesia? ¿Dónde habéis metido mi tubo de pasta de los dientes? ¿Quién ha sido la que me ha colocado el zapato derecho en el pie izquierdo y el zapato izquierdo en el pie derecho? ¿Va gente de chistera? ¿Cuánto va a costar el <<lunch>>? Y la voz del padre de Valentina resonaba en otro cuadrante del domicilio: ---¡Mi chaqué! ¡Que me traigan el chaqué!
Una hora antes de la señalada para la ceremonia, llegó la madre de Mariano y, nada más entrar, ya adoptó importantes medidas de organización interna y disciplinó el ejército de criadas que andaba disperso por la vecindad glosando el enlace y explicando de qué colores era la ropa blanca de la
señorita.
La madre de Valentina delegó en la madre de Mariano todas las actividades, declarando que ella no estaba para nada. ---Es la emoción -explicó-. Es el... Es la... ¡Dios mío! Sufre una tanto cuando v a casar a sus hijas, que solo consuela un poco la idea de que cuando no se consigue verlas casar se sufre más todavía. Pero la madre de Mariano, por fortuna era una señora muy dispuesta. ---Sí, nada; no se preocupe. Yo arreglaré las cosas... Usted a llorar que es su obligación.
Y la madre de Valentina lloró hasta lo navegable.


