PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA
Poeta, Soldado y Dramaturgo
(1600-1681)
INTRODUCCIÓN.- Al Soldado de Infantería, desde que “se le sienta su plaza”, así como a
todos los que desde nuestro ingreso en el Ejército, nos colocamos en el cuello
de nuestros uniformes la cornetilla del cazador, enmarcada entre el arcabuz y
la espada en aspa, desde las primera teóricas se nos enseña el famoso verso de
Calderón de la Barca, en el que un soldado veterano de los Tercios de
Infantería Española, y en una estrofas de patriótica composición, le va
diciendo a un compañero de nuevo ingreso, lo que es y lo que significa el ser
soldado del Ejército Español. Indicándonos, nuestros profesores e instructores
a renglón seguido, que Calderón fue un brillante
soldado de la Infantería española. Y eso lo hemos venido sintiendo hasta hoy
mismo. Pero he aquí, que un detallado estudio de la vida militar (no muy larga
por cierto, pero sí bastante intensa) del insigne dramaturgo, poeta ensayista,
etc. nos aclara, que si bien es cierto que Don Pedro Calderón en sus inicios
fue Soldado de Infantería, no lo es menos que después, prácticamente sus
principales hazañas en el campo de batalla las llevó a efecto “montado a
caballo”, siendo promovido a Cabo de Escuadra de Caballería, y con esta modesta
graduación, encuadrado en uno de los escuadrones del Maestre de Campo Don
Rodrigo de Herrera, en la amanecida del 7 de Octubre de 1642, (durante la
Guerra de Secesión de Cataluña) cargó con brío contra las baterías enemigas,
consiguiendo los valerosos jinetes del Rey Don Felipe IV arrebatarle los cañones y conducirlos al campo español. En
su virtud, y demostrado fehacientemente que
las “más principales hazañas” del
ínclito Calderón las llevó a cabo montado a caballo, cabe colegir, que a partir
de ahora, los infantes tendremos que compartir con nuestros hermanos de
Caballería la honra y el honor de que siglos atrás, sirviese en nuestras filas
un Soldado ( luego Cabo) tan ilustre como Don Pedro Calderón de la Barca. Al
intento de trazar la semblanza biográfica de tan distinguido “compañero” van
dedicadas las presentes líneas, con una dedicación especial a su vida militar y
en consecuencia, haciendo abstracción de su prolífica producción literaria,
ensayística y poética.
BREVE SEMBLANZA BIOGRÁFICA DE DON
PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA
Nació
Calderón en Madrid el 17 de Enero de 1600, de familia de alguna nobleza – el
poeta habla en una ocasión de su “mediana sangre en que Dios fue servido que
naciese”-oriunda de la Montaña donde tenía casa solariega y escudo de armas. Su
padre Don Diego Calderón de la Barca, que desempeñaba una Secretaría de
Hacienda heredada de su abuelo, casó con Ana María de Henao, con la que tuvo
seis hijos, de los cuales Pedro, el dramaturgo, y en una época de su vida
soldado, fue el tercero, y su hermano menor José que le seguía, abrazó la
carrera de las armas, llegando a alcanzar el grado de “Teniente de Maestre de
Campo”, y murió a los 43 años de edad, defendiendo con tan solo unos centenares
de hombres, el paso del Segre a la
altura de Camarasa, contra todo un ejército francés. ( Junio de 1645) durante
la Guerra de Secesión de Cataluña. El niño Pedro Calderón empezó a ir al colegio
a los cinco años en Valladolid (1605) donde se encontraba la Corte, y como
quiera que resultó ser un alumno aventajado, en 1609 ingresa en el Colegio
Imperial de los Jesuitas, donde estudia cinco curso de Humanidades y se
familiariza con los poetas clásicos latinos. En 1610 muere su madre, y su padre, andando el tiempo, contrajo nuevas
nupcias con Doña Juana Freyre, pero falleció a la vez al cabo de un año. Doña Juana pleiteó con sus hijastros por
creerse perjudicada en la herencia, y como se fallara a su favor, tuvieron
aquellos que vender el cargo de la Secretaría de Hacienda para pagarle a su
madrastra. El abuelo materno de Calderón había fundado una capellanía con la
esperanza de que la ocupara algunos de sus nietos. Con este fin Pedro se matriculó
en la Universidad de Alcalá en 1614, y al morir su padre al año siguiente se
traslado a Salamanca, en cuya Universidad cursó estudios de Retórica, Cánones y
Derecho, hasta 1620 en que abandonó la carrera eclesiástica y se volvió a
Madrid. Allí vivió por algún tiempo una
vida alegre, y no poco agitada. Junto con sus dos hermanos, Diego-el
primogénito- y José, el futuro militar.
Una noche, Pedro se vio envuelto en un lance de honor del que resultó
muerto un hijo de Don Diego de Velasco, del servicio del Duque de Frías;
reclamaron los padres del muerto, y los Calderón llegaron a una avenencia
mediante el pago de seiscientos ducados. En 1621 participa en un Certamen
Poético con motivo de la beatificación de San Isidro y posteriormente en el de
su canonización en 1622, donde obtiene el tercer premio.
PASAJES DE LA VIDA MILITAR DE DON
PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA
A
finales del año 1622, Pedro Calderón decide abandonar los estudios religiosos por
la Carrera Militar. A tal fin, decide “sentar su plaza” en las banderas del
Duque de Frías, a cuyas órdenes, y entre 1623 y 1625 participa en varias
campañas bélicas en Flandes y Norte de Italia. A finales de 1625, se incorpora
como soldado de Infantería al servicio del Condestable de Castilla, y escribe
su primera comedia “ Amor, Honor y Poder”, que fue estrenada en Madrid con motivo
de la visita del Príncipe de Gales. En 1638, participa como soldado en el sitio
de Fuenterrabía, bajo las banderas del Duque del Infantado. Al producirse en
1640 el levantamiento de Cataluña, Calderón, y pese a su para entonces avanzada
edad de 40 años y su prestigio en la Corte, se alista enseguida en el
aristocrático Regimiento de Caballería de las “ÓRDENES MILITARES”, al
que podía incorporarse por su rango de Caballero de Santiago. Y de eta guisa,
cuando no pocos eludían cumplir con sus obligaciones militares, se le vio
desfilar por Madrid a caballo “en
silla de borrenes con pistola y coraza”.
El
24 de Septiembre de 1640, parte Calderón para Cataluña en la Compañía de
Coraceros o Caballería pesada ( los “carros” de la época), incorporándose al
frente de combate en el sector de Tortosa, el 25 de Octubre. Actuó en docenas
de acciones y en los importantes combates de Perelló, Coll de Balaguer,
Hospitalets, Cambrils, Vilaseca, Constantí, etc. resultando herido en una mano sin que
abandonase su puesto hasta el término de la acción. Tras trece durísimos meses
de campaña regresó a Madrid e informó personal y extensamente al Conde-Duque de
Olivares y al Rey Felipe IV de la situación bélica y política del
Principado. En 1642, tornó Calderón a la
campaña catalana, ahora en el sector de Lérida, y por los meritos
acreditados y atendiendo a su condición de soldado
benemérito y que “ha servido con toda puntualidad, como muy honrado y valiente caballero”,
el Rey lo nombra “Cabo de Escuadra”,
modesta graduación pero muy entrañable en el seno de la Milicia, por ser el
cabo “El jefe más inmediato del soldado, de quien se debe hacer querer y
respetar”.
A principios de Octubre de 1642, el General Marqués de Leganés, movió su poderoso ejército de 18.000 infantes y 7.000 caballeros, hacia la capital leridana. En la noche del 6 al 7 de Octubre, las reales tropas de Felipe IV, emprendieron desde Fraga, con toda su voluminosa impedimenta, una marcha forzada, y al salir el sol llegaron a Lérida, en la zona de la Colina de los Cuatro Pilares, donde aguardaba el ejército francés del Mariscal La Mothe, aliados con Cataluña. Sin descanso alguno, dio Leganés la orden de atacar las posiciones enemigas. La artillería gala batía con sus fuegos el campo con eficacia, y es en esos momentos de apuro de las tropas reales cuando Leganés mandó cargar a los trescientos jinetes de la caballería pesada del Maestre de Campo Don Rodrigo de Herrera, en cuyos escuadrones formaba el cabo Calderón de la Barca; los cuales, bajo una lluvia de fuego y un derroche de heroísmo, tomaron la batería enemiga y condujeron sus cañones al campo español. Sería, seguramente, la última hazaña guerrera de Don Pedro. El ala derecha francesa estaba rota, pero la lucha se prolongaba y las tropas españolas se hallaban exhaustas. Entraron en acción las reservas galas y al crepúsculo, el ejército de Felipe IV hubo de emprender la retirada, dejando varios miles de muertos tras de sí. El disgusto de Calderón debió de ser enorme. Pidió licencia al Rey por motivos de salud para dejar las filas y se la concedió el 26 de Noviembre de ese mismo año (1642). En cuanto a la plaza de Lérida se recuperó definitivamente en 1644 con la presencia y apoyo decidido del Rey Don Felipe IV.
DON PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA,
DIRIGE UN MEMORIAL AL REY, EN SOLICITUD DE UN DESTINO EN LA CORTE.-
Ya
instalado en una plaza castellana
próxima a Madrid, dirige Don Pedro Calderón de la Barca un “MEMORIAL” al Rey Don Felipe IV, por el
que pretende el nombramiento de un cargo parecido al de “Ayuda de Cámara” del
Rey, alegando sus servicios militares prestados a la corona, así como por los de
su hermano José, muerto por el enemigo
en la acción del “Puente de Camarasa” (Lérida) en Junio de 1645 como he
indicado al principio, y con una renta
de treinta escudos al mes. El Memorial que se conserva en la Biblioteca
Nacional, copiado en su extracto dice así:
“SEÑOR: Don Pedro Calderón de la Barca, Caballero del
Orden de Santiago dice: Que en 28 de Mayo de 1640 se presentó montado para el
servicio de V.M. en la Caballería de las “Órdenes”, y en 29 de Septiembre
siguiente se agregó y comenzó a servir en la Compañía de caballos- corazas del
Conde Duque de San Lúcar, Capitán General de la Caballería de España, donde
continuó al servicio de V.M. desde que la dicha caballería entró en el
Principado de Cataluña, por el Coll de Balaguer, hallándose en todas las
ocasiones que se ofrecieron y particularmente el día que Don Álvaro de
Quiñonez, Teniente General de dicha caballería, fue a tomar los puestos de
Cambrils, y rompió tres mil hombres que el enemigo tenía emboscados fuera de la
plaza; y en la toma de Salou y Vilaseca, y cuando dicha compañía y treinta
arcabuceros a caballo de la del Comisario general Don Rodrigo de Herrera fueron
a reconocer Constantín, y a la retirada rompieron quinientos hombres que salían
de Villaseca para socorro de Tarragona, donde se degollaron la mayor parte de
ellos, y de cuya acción el dicho Don Pedro ( O sea él mismo) salió herido en una mano, y sin retirarse a curar se halló en la
entrega de Tarragona, cuando Monseñor de Espenán la rindió al marqués de los Vélez. Y el día que el ejército de V.M.
llegó a Barcelona y peleó con la caballería francesa hasta meterla debajo de su
rastrillo; se halló en esta acción hasta que su Caballería tornó la vuelta a
Tarragona, donde se halló en el sitio y necesidades dél.(…) Se halló en el
puesto de Las Horcas, que ocupaba Don Álvaro de Quiñonez con el resto de su
Caballería, haciendo en esta ocasión algunos particulares servicios y
obedeciendo las órdenes que se le dieron, poniendo en ellas muy a riesgo y
peligro su vida (…) Y después cuando se
formaron las Compañías de la Guardia de Vuestra Majestad por el año de 1642,
para la jornada de Zaragoza, sentó su plaza en la del Conde de Oropesa, y con
ella gobernando una escuadra, y asistió a las cosas que se le ordenaron con
toda firmeza y puntualidad, hasta que por hallarse muy enfermo y imposibilitado
del manejo de las armas, y reconociéndolo así V.M., por su Real Cédula de 26 de
Noviembre de 1642, le dio licencia para retirarse a curar a donde mas comodidad
tuviese y pasaporte para los puestos de Castilla”.
Curioso
Memorial, que en extracto he querido reflejar en esta su semblanza biográfica.
Sin embargo, parece ser, que como tantos otros Memoriales que a diario llegaban
a la Secretaría de Estado y de Despacho del
Rey Felipe IV, Don Pedro Calderón
de la Barca no obtuvo al parecer el
destino deseado, aunque si al menos pudo conseguir que el Rey le otorgase la
renta de los treinta escudos mensuales.
BREVE RESUMEN DE LAS VICISITUDES DE
DON PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA TRAS ABANDONAR LAS FILAS MILITARES, HASTA SU
FALLECIMIENTO EN MADRID EL AÑO 1681.
Instalado Calderón en las cercanías de la Villa
y Corte madrileña, en 1646 nace un hijo natural,
llamado Pedro José. Nada sabemos de este niño, que al parecer murió muy joven,
ni de los amores que Don Pedro tuvo con su madre. En 1650 , ingresa en la Venerable Orden Tercera como hermano
terciario, y en 1651 se ordena sacerdote. Ese mismo año de 1651 obtuvo la
capellanía de Reyes Nuevos de Toledo y aunque siguió escribiendo comedias y
entremeses, dio prioridad a la composición de autos sacramentales, género
teatral que perfeccionó y llevó a su plenitud, pues se avenía muy bien con su
talento natural, junto a sus sutilezas y complejidades teológicas. En 1663 el
Rey le nombró “Capellán de Honor”, hecho que le obligó a trasladar
definitivamente su residencia a Madrid.
La muerte del monarca en 1665 marcó un cierto declive en el ritmo de su
producción dramática. En 1666, el nuevo monarca Carlos II le nombró “Capellán Mayor”. En 1680 compondría
su última comedia “Hado y Divisa de Leónido y Marfisa”. Don Pedro Calderón de la
Barca falleció en Madrid, el 25 de Mayo
de 1681. Presintiendo su muerte, el
20 de Mayo de ese año redactó su testamento en el que en su inicio manifiesta “
Hallándome aún más cercano de la vida, y en mi entero y cabal juicio”. A continuación pide ser enterrado con la mayor
sencillez y que lo llevasen descubierto “
Por si mereciese satisfacer en parte las
públicas vanidades de mi mal gastada vida con públicos desengaños de mi
muerte”. Cinco días después
de redactar su testamento falleció Calderón, cerrando el período de nuestra
mayor grandeza literaria. Su cuerpo es llevado a hombros por los Congregantes
de la Congregación de Presbíteros Naturales de Madrid, de la que era Capellán
Mayor, y acompañado por la música de la Real Capilla, fue sepultado bajo la
bóveda de la Iglesia de San Salvador. En 1841, sus restos fueron trasladados y
depositados en un mausoleo del cementerio de San Nicolás, y al ser clausurado
este, la Congregación Universal de Presbíteros, heredera de sus bienes, reclamó
y obtuvo el honor de guardar sus cenizas en el Hospitalillo de la Torrecilla
del Leal. Trasladados en 1902 a la iglesia de su Hospital General, construido
de nueva planta en la calle de San Bernardo, de donde desaparecieron en el
asalto e incendio del 21 de Julio de 1936. Tan largo y laborioso peregrinar de
los restos del ínclito Don Pedro, para al final desaparecer en los trágicos
sucesos del inicio de nuestra Guerra Civil.
EPILOGO LÍRICO-CASTRENSE, EN EL QUE
DON PEDRO CALDERÓN DE LA BARCA DEJA CONSTANCIA DE SU AMOR A LA CARRERA DE LAS
ARMAS
En
magistrales octavas poéticas, exaltó Calderón la psicología de aquellos
soldados de nuestros Tercios, que asombraron a Europa y enarbolaron los
pendones de Castilla por los amplios solares y tierras de la España Imperial.
Soldados, tantas y tantas veces mal pagados, pero que constituían el alma, el
nervio y el corazón de los ejércitos de Felipe IV, y a los que Calderón define
como:
“ Estos son españoles, ahora puedo
hablar
encareciendo estos soldados
Y sin temor
pues sufren a pie quedo
con un
semblante bien o mal pagados.
Nunca la
sombra vil vieron del miedo
Y aunque
soberbios son, son reportados
todo lo
sufren en cualquier asalto
sólo no
sufren que les hablen alto”
Sin
embargo, si hay unos versos en los que Calderón de la Barca, refleja en su
forma más encendida su amor por nuestros
Ejércitos, así como su admiración por aquellos soldados que “ Todo lo sufrían en cualquier
asalto”, y lo único que no toleraban es “que les hablasen alto”,
son los que a continuación transcribo.
Basados en sus propias vivencias de soldado, le sirvieron a Calderón
para enaltecer la profesión militar y la honra , el orgullo y la servidumbre
que lleva en su seno la siempre honrosa
y abnegada Carrera de las Armas. Mil veces publicados y repetidos en
textos de enseñanza militar, artículos, conferencias, etc. Expuestos en lápidas
de mármol en muchos de nuestros Regimientos y Dependencias Militares, los
versos de Calderón, son todo un bellísimo tratado de lírica, épica y por
supuesto de psicología; hasta el punto, que al día de hoy, y transcurridos más
de tres siglos en que Calderón los escribió, no han perdido un ápice de su
vivencia y frescura. Y aunque doy por
sentado que mis compañeros los conocen de sobra, no podían faltar en un
artículo dedicado a narrar diversos
pasajes de la vida militar de tan insigne soldado, poeta y dramaturgo. Helos
aquí:
OYE, Y SABRÁS DONDE ESTÁS
Ese ejército que ves
Vago al yelo y al calor
La república mejor
Y más
política es.
Del mundo
que nadie espere
Que ser
preferido pueda
Por la
nobleza que hereda
Sino por la
que él adquiere.
Porque aquí
a la sangre excede
El lugar que
uno se hace
Y sin mirar
como nace
Se mira como
procede.
Aquí la
necesidad no es infamia
Y si es
honrado, pobre y desnudo un soldado
Tiene mayor
calidad
Que el más
galán y lucido
Porque aquí
a lo que sospecho
No adorna el
vestido al pecho
Que el pecho
adorna el vestido.
Y así de
modestia llenos
A los más
viejos verás
Tratando de
ser lo más
Y de parecer lo menos.
Aquí la más
principal
hazaña es obedecer
Y el modo
como ha de ser
Es ni pedir
ni rehusar.
Aquí en fin
la cortesía
El buen
trato, la verdad
La firmeza,
la lealtad
El honor, la
bizarría
El crédito,
la opinión
La
constancia, la paciencia,
La humildad
y la obediencia
Fama, honor
y vida son.
Caudal de
pobres soldados
Que en buena
o mala fortuna
La Milicia
no es más que una
Religión de
hombres honrados.
Pedro Calderón de la Barca
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Sevilla, Enero de 2014
Por Francisco Ángel CAÑETE PÁEZ
Licenciado en Ciencias Económicas
Comandante de infantería
Profesor Mercantil


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