CARTAS QUE EL VIRTUOSÍSIMO DON VICENTE VICENTE
ESCRIBE A SU AMADO SOBRINO
La Codorniz
La lectura más audaz
para el lector más inteligente
Querido Pepe; No abras nunca la caja de un reloj, ni para tocar el mecanismo, ni para ver como está hecho por dentro. Todos los que poseen un reloj tienen, o han tenido, la tentación de abrirlo para ver como está hecho por dentro.
Es preciso resistir a esta tentación. Resistir con todas las fuerzas y no dejarse arrastrar por la curiosidad, querido Pepe. Porque todos saben -y supongo que no soy yo el primero que te lo dice- que los relojes tienen un mecanismo muy delicado y que basta tan solo abrir la caja para que el aire, el polvo o la temperatura estropeen ese mecanismo.
Se que la tentación de abrir la caja del reloj, es muy fuerte en todo el mundo, y que no todos tienen la fuerza de voluntad necesaria para resistir. Pero es preciso procurarse esta fuerza de voluntad, sea como sea.
Yo conocí a uno que tenía un hermoso reloj de cadena, regalo de un amigo. Pues bien, ¿sabes qué hizo? Guardó el reloj en un cajón, tiró la llave al mar, y emprendió un larguísimo viaje alrededor del mundo, todo para no abrir la caja de aquel reloj. Cuando volvió del viaje, partió de nuevo, y a su regreso definitivo se encontró con que los ladrones le habían robado el reloj. Y no creas, querido sobrino, que aquellos ladrones habían abierto la caja del reloj que habían robado. Ellos sabían, porque así les habían dicho, que al abrir la caja de un reloj se estropea su mecanismo, y supieron resistir a la tentación de abrirla. Encerraron el reloj en un cajón, tiraron las llaves al mar y partieron para un largo viaje. Y ahora, basta. Abandonamos es reloj a su destino; quería tan sólo explicarte lo enorme que es la tentación de abrir un reloj, pero estoy seguro de que tú también lo sabes.
Te lo puedo decir yo, que conocí a García. García tenía siempre la tentación de abrir relojes y, en cambio no tenía reloj. Y la tentación era en él tan fuerte, que el pobre se veía obligado a comprar ostras para satisfacerla. No es que las ostras tengan un mecanismo semejante al de los relojes, pero el modo de abrirlas, sin embargo, es exactamente igual al de los relojes. García abría las ostras y se quedaba tan satisfecho, y el mecanismo de las ostras no se estropeaba porque las ostras no tienen mecanismo. No es que yo te recomiende que lleves una ostra en la muñeca, como si fuera un reloj; pero sí que, antes de abrir la caja de un reloj, abras una ostra. Te voy a poner como ejemplo el caso de un pobre hombre que había recomendado muchas veces no abrir cajas de relojes. Él no abrió nunca cajas de relojes porque había jurado no hacerlo nunca. Y cuando un día se encontró que era el dueño de una relojería que le había legado un tío suyo, siguió resistiendo a la tentación de abrirlas. Los relojes se amontonaron en su mesa de trabajo, y un día el pobre hombre tuvo que traspasar la tienda y marcharse a vivir de otro oficio. Pero tú, si sabes resistir a la tentación de abrir relojes, no serás nunca relojero.
De modo que te abraza tu tío,
DON VICENTE
TE ESPERABA
La
llave


