LA CODORNIZ
revista más audaz,
para el lector más inteligente.
UNA PAGINA MISTERIOSA
Los hermanos Feliú dan una gran fiesta en su casa, que es la de ustedes, como se ve claramente en la fotografía que se adjunta. El motivo de la fiesta es celebrar que uno de ellos -el señalado con el número 4- se ha dejado la barba y el bigote, como pueden ustedes ver. Uno de los hermanos -el que tiene la barba- ha invitado al ilustre poeta señor Valcárcel -véase el número 13 -para que recite una poesía que ha hecho en su casa. El poeta se ha situado en el centro de la sala y ha comenzado a recitarla con su encantadora voz de ventrílocuo. Sin embargo cuando llevaba solamente unas cinco horas recitando, una mano misteriosa apaga la luz, y al encenderse de nuevo, los allí presentes y ustedes ven que el poeta yace en el suelo, con un puñal clavado en el pecho, que le atraviesa el corazón. ¿Cuál de los doce hermanos Feliú asesinó al ilustre poeta? El detective encargado del caso, cuya fotografía también se adjunta va interrogando a todos los hermanos, empezando por el señalado con el número 1, que es el que tiene barba. He aquí el diálogo:
---¿Qué edad tiene usted?
---Tengo cuarenta y cinco años, menos veinte que tiene mi hermano y otros veinte que tiene usted; tengo cinco años. ¿Y usted? ---Yo también tengo cinco años; pero no los tengo aquí. ¿Y usted cuantos años tiene? ---Ya le he dicho que tengo cinco años. Véalos. ---No me gustan estos cinco años. Saque usted otros. ---Bien. Aquí tiene usted otros cinco años. ¿Le gustan estos?
---Sí. Me quedo con ellos. Pero este último año está un poco estropeado. ---Se lo cambiaré entonces por mi tía. ---Eso. Traiga a su tía. ¿La lleva usted? ahí ---¿Donde quería usted que la llevara, señor mío? ---No tolero que me haga usted preguntas. El detective soy yo y no usted. --- En ese caso, no juego.. Lo que quiere usted es que me coja el toro. ---¿Qué toro? ---¿Cual va a ser? ¡Eel toro! Su propio nombre lo dice. ---Si sigue usted hablando del toro me tendré que poner una mantilla. ---Eso es. Pongamos una mantilla y sigamos hablando de los toros mañana, que es jueves. El detective encargado del caso, después de hacer estos interrogatorios, saca sus conclusiones y, como siempre, pone sobre una mesa la rueda numerada que lleva en la cartera para casos así -y que publicamos aquí -y, después de cerrar los ojos,
hace girar su dedo índice sobre los números. El número que sale premiado es igual al que corresponde al asesino. Nuestros lectores, igual que el detective, pueden hacer el experimento, y también ellos sabrán quien asesinó al poeta, que siempre es curioso.
En El Cielo No Hay Hospital
Juan Luis Guerra


