Honor es defender y respetar
nuestra Bandera, esa que juramos, aunque tú me imagino prometiste, defender
hasta derramar la última gota de nuestra sangre, y que tu compañero teniente de
Alcalde de Barcelona ultrajo en el balcón del ayuntamiento.
Honor es respetar al jefe
supremo de nuestras fuerzas armadas, SM el Rey, cuyo busto metieron en una caja
tus compañeros del ayuntamiento de Barcelona, o cuyo retrato quitaron del lugar
preferente que por ley le corresponde o, como tus más cercanos compañeros de
Zaragoza, humillaron tratando de quitar su honroso nombre de un polideportivo.
Honor es respetar la memoria
de nuestros muchos camaradas asesinados por la ETA, y con cuyos palmeros
gobiernan tus compañeros de Navarra.
Honor es la divisa de nuestra
querida Guardia Civil, a cuyos miembros, tu compañero alcalde de Cádiz,
permitió, con una sonrisa en sus labios llamar hijos de puta en un acto público.
Honor es la lágrima callada de
las familias de nuestros camaradas fallecidos en misiones internacionales, en
las que tú, a pesar de llegar a general, no tuviste la suerte de participar, ya
que alguien debía quedarse cuidando los despachos.
Honor es jugarse la vida
contra piratas en aguas somalíes, aunque él tuviese potestad para ordenar
actuar contra ellos, prefiriera el silencio, o quizás el dialogo.
Honor es morir en aguas del
Atlántico, vistiendo el honrado uniforme del nuestro querido Ejercito del Aire,
del que tú has decidido desprenderte para vestir la más cómoda camisa vaquera.
En fin, el Honor es eso que
cuando se pierde, ya no se recupera.
Quizás te parezca pretencioso
que un pobre Capitán quiera dar hoy la lección de moral, pero que sepas que
hacerlo ha sido para mí todo un Honor.
No quiero acabar sin
recordarte el lema que aprendí hace más de treinta años en mi querida academia
de Talarn, y que un político, como tú eres ahora, ordenó quitar de nuestro
monte Constampla:
¡¡¡ A ESPAÑA SERVIR, HASTA MORIR!!!
David Fernandez Reina

